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lunes, 13 de febrero de 2012

24.Expulsados de clase.


Primera clase, Historia.
Perfecto. Una vez más, Tom y yo habíamos tardado en despertar y habíamos llegado impuntuales, lo todos los lunes.
Di mis dos golpes a la puerta, noté como la clase callaba, excepto algunas que otras risas que ya sabían que era yo, y entré. El señor Brandon me inspeccionó de nuevo con su firme mirada, llena de amargura y rabia.
Se cruzó de brazos y esperó a que me acercara a él. Luego cargó sus pulmones de aire y empezó a gritarme, escupiéndome pequeñas partículas de saliva a la cara.

-Señorita Lekker. ¿Qué le dije el primer día de clase cuando llegó tarde?
-Que no quería que volviera a ser impuntual.
-¿Y hoy que ha sucedido?
-Me dormí. –Admití, y oí las risas de los demás. –Solamente he llegado cinco minutos tarde.
-Cinco minutos en los que he explicado cosas realmente importantes, de modo que no le queda otro reme…
-Lo único que ha hecho durante estos cinco minutos es dejar su cartera, arreglarse el traje y decirnos que saquemos nuestros libros. –Habló desde el final la aguda voz de Dougie.
-¿Qué ha dicho señor Poynter? –Brandon dio un paso a su derecha, para divisarle mejor. Yo solamente volteé todo lo que pude mi cabeza. –Como siga hablando, a usted también le echaré fuera del recinto hoy.
-¿La va a enviar a casa solamente por haber llegado tarde? –Dougie carcajeó. –Venga ya. ¡Ni siquiera le ha faltado al respeto!
-¡Pero usted sí! –Se volvió tenso. –No hay más que hablar. Usted y Lekker, a casa. Vuestros padres serán informados.
-Genial. –El rubio cogió impetuosamente su mochila, y echándosela al hombro, salió de la habitación a trompicones.
-Usted también. –Me señaló con la mirada el profesor, y mientras refunfuñaba le seguí el paso a mi amigo.

Me mantuve a cinco metros detrás de él, siguiéndole silenciosamente mientras esperaba a que se parase. Se notaba que estaba enfurecido, de modo que no me arriesgué.
Salió al campus y se sentó en el primer banco de piedra. Se mantuvo varios segundos mirando al pasto con expresión seria, pero no tardó en levantar la mirada hacía mi y sonreírme.

-¿No te sientas?

Así hice. Eché mi mochila a un lado mientras un incómodo silencio nos recorría. Decidí disculparme.

-Siento que por mi culpa te hayan enviado a casa.
-No es tu culpa. Fui yo el que empezó a cuestionarle. Al fin y al cabo, tampoco tenía muchas ganas de escucharle durante una hora entera.
-¿Tus padres te echarán mucho la bronca? –Pregunté ignorando el otro tema.
-Mi madre no me dirá mucho. No es la primera vez.
-¿Y tu padre?

Me miró melancólicamente. Había dicho algo mal, la había cagado. No era la primera vez que me dedicaban una mirada así.

-Mi padre me abandonó una semana antes de entrar en Mcfly, cuando tenía 15 años.
-Lo siento… -Me maldije a mi misma. –Dios, que estúpida. De verdad que perdón, no lo sabía, y suelo meter la pata con est…
-No te disculpes, como ya has dicho, no sabías nada. –Carcajeó, y sus resaltantes ojos azul celeste se achinaron. –Además, ese tema ya no me afecta.
-Oh. –Sonreí aliviada, aunque no muy convencida. Me mantuve un rato callada, hasta que me resurgió un problema. -¿Cuándo llamarán a nuestros padres?
-Siempre lo hacen a la hora del almuerzo o comida. ¿Por qué lo dices?
-¿Y cómo iré a casa ahora? ¿Tenemos que esperarnos por aquí?
-Si pasada media hora nos ven deambulando por aquí, será peor. –Se levantó sin previo aviso. –Mejor que nos vallamos.
-Pero yo no tengo coche.
-Yo tampoco, pero Londres es grande. –Pareció emocionarse. –Supongo que no hacemos nada malo por pasearnos un rato por la ciudad, ¿no crees?
-No.  –Me dejé. -¿Pero y si nos perdemos? ¿O si llaman antes de lo previsto a James? –Doug me cogió de la muñeca y me estiró, mientras cogía ambas mochilas. –Espera Dougie, escúchame.
-No voy a hacerlo. –No me soltó. –Deja de ponerle pegas a todo y diviértete un rato. –Rió. –No todos los días podemos estar un lunes laboral por Londres a tu antojo.

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