-¿Irás al baile? –Le pregunté, intentando que nuestros nervios de aflojaran.
-No lo sé, pero no creo. No tengo siquiera pareja.
-¿Se lo has pedido a caso a alguien? –Él negó con la cabeza, mirando aún hacía delante. Estaba tenso. –Entonces obvio que no tengas parejas. La mayoría de chicas no piden cita a no ser de que estén muy desesperadas.
-Hombre, alguna que otra me ha pedido ir. –Rió. –Pero casi ni las conozco. Además, muchas ganas tampoco tengo.
-Al final Danny y Harry si irán.
-¿Tienen pareja?
-Danny se lo pidió a Brooke, y Harry aún no ha encontrado, pero irá igualmente. Haz como él.
-Harry en el baile encontrará a alguien. Yo soy muy tímido para esas cosas.
-¿Y qué? Así te diviertes.
-Ya veremos. –Noté como le envolvía un poco más de nerviosismo, y mirando hacía delante, pude divisar más cerca de lo que creía el edificio, y con él, los coches de su madre y de Debbie. –Mi madre se ha vuelto a cabrear. ¿Debbie lo estará?
-No creo, Debbie es muy pacífica. Además, no la veo capaz de enfadarse conmigo. No quiere llevarse mal conmigo.
-Tienes suerte.
Seguimos caminando hacía ellas, pero ralentizando nuestro paso. Sabía lo que sentía Dougie en aquel momento; yo lo había sufrido incontables de veces con mi madre.
Noté como Debbie giraba instantáneamente la cabeza hacía de nosotros, separándose del coche y suspirando. Oí como susurraba mi nombre, y seguidamente la madre de Dougie también se volteó para vernos.
Una mujer de alrededor cuarenta o cincuenta años, cabello rubio y ojos azules celestes, como los de Dougie, nos fulminó con la mirada. Era la típica mujer que parecía ser tan estricta con sus hijos, pero sabía que las madres como ella se comportaban así por el bien de sus hijos.
Caminó rápidamente hacía Dougie, ignorando al Sr.Brandon, quien parecía haber estado hablando con ella minutos antes.
-Otra vez Douglas, otra vez. ¡Te avisé de que controlaras tus rabietas!
-No le he dicho nada malo. –Dio un paso hacía atrás, con miedo. –Simplemente estaba a favor de Eve.
-Supongo que ella sabrá arreglárselas sola. –Parecía enfadada, pero cuando se giró para verme, su cara de rabia cambió a una cordialidad increíble. –Oh, lo siento, no voy en contra tuya para nada, pero es que Dougie no aprende. –Me sonrió amablemente, acariciándome el hombro. Volvió a mirar a su hijo. –Siempre con discusiones con el señor Brandon, ¡siempre!
-No tiene importancia, Sam. Su hi.. –Habló educadamente mi profesor. Casi no le reconocí. ¿Estaba hablando bien?
-Señora Poynter. –Le puntualizó ella.
-Señora Poynter. –Suspiró resignado. –Estas discusiones se están haciendo demasiado repetitivas con su hijo. ¡Siempre tengo que estar llamándola! –Sonrió, y noté como se insinuaba.
Miré a Dougie, y apostaría a que él sabía que pasaba. Miraba con rabia a su profesor, y con razón. Luego, deslicé mi vista a Debbie, quien pareció notarlo también. Ella me miró, y me alzó ambas cejas, perpleja de lo que veía. Y es que encima, el viejo vejestorio se aprovechaba de mi amigo todavía.
Dougie hoy me había defendido, de modo que yo también lo iba a hacer ahora.
-Parece que usted también ve la necesidad de llamarla, ¿no? –Un escondido coraje salió de mi, pero mi cabeza intentaba abstenerse del prometedor problema que me iba a causar aquello. –La verdad, evitaría discusiones de Doug y su madre si tuviera un poco más de valentía y la llamara para verla.
-¿Qué está diciendo, señorita Lekker? –Brandon dio un paso hacía mi, con la cara toda roja. –¡Cómo se atreve! Esa insinuación es patética y sin sentido.
-Dougie no se comporta tan mal como lo exagera usted. Además, hay alumnos que incluso le hablan y tratan el doble de peor. ¿Por qué no llama a sus madres?
-¡Lekker! ¡Deje de decir pamplinas y haga el fav…!
-Sr.Brandon, está usted rojo. –Comentó de golpe Sam. -¿Es cierto lo que dice la amiga de mi hijo? –Embozó una sonrisa cautivadora.
-Oh. –Cabizbajo, cayó en el hueco que había montado. –Bueno, la verdad es que si que quería verla de vez en cuando. Pero supongo que algún día podríamos quedar, ¿no es así?
-Vaya. –La sonrisa desapareció de la señora Poynter. –Quien lo iba a decir. ¡Qué patética esa táctica! ¿Quién se cree para castigar y expulsar a mi hijo así por qué si? –Acarició la cabellera de Dougie. –Lo siento cariño, tuve que escucharte.
-¿Pero qué..? ¡Esto es humillante! –Más rojo y enfurecido que antes, dio una patada al suelo y dedicándome una última mirada de odio, se giró. –Señorita Lekker, tomaré riendas sobre el asunto.
-Perdone que le diga, pero mi hijastra no ha hecho nada más que descascararle. –Debbie saltó, enfrentándose a él. Era irreconocible en aquel momento. –Yo misma me ocuparé si me entero de que le toma manía a partir de ahora.
Silencio.
El profesor de historia volvió a desaparecer por la lejana puerta de la universidad, mientras todos nos mandábamos miradas cortantes.
Sam depositó un beso más sobre la frente de su hijo, mientras sacaba las llaves del coche.
-Al parecer Tom no se equivocada cuando decía que tenía una gran hermanastra. –Me volvió a acariciar el hombro. –Muchas gracias. Era muy buena chica, tal como decían. –Se giró hacía Debbie. –Bueno, ya hablamos. Creo que va siendo hora de irse a casa, ¿no Dougie? He dejado a tu hermana Jazzie sola en casa. –Me guiñó un ojo, mientras se metía dentro del coche.
-Bueno, ya nos veremos mañana. –Siseó Dougie, mientras me depositaba un abrazo. –Y gracias por esto, de verdad. No sabes la que me has sacado de encima.
-No hay de qué. –Vi como se dirigía a la puerta del piloto. Siempre olvidaba que los asientos del coche eran al revés en Inglaterra. –Por cierto, ¿cuándo decías que era el baile?
-A la semana que viene.
-Ya veremos si voy. –Se despidió con la mano de Debbie, mientras se metía definitivamente en el coche.
Esperé a que el auto arrancara el motor, y una vez se puso en marcha, caminé hasta Debbie. La observé ruborizada, pero ella simplemente me sonreía, con una mezcla de orgullo y cordialidad.
-Has hecho bien al defender a Dougie, pero tu padre está un poco enfadado por lo de las clases. –Se dirigió al coche. –Por suerte, ahora no está en casa. Tienes un poco más de tiempo tranquila.
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