Aquel sábado por la mañana decidí no molestarme en madrugar. Llevaba toda la semana haciéndolo de mala gana, con impaciencia a que llegara el próximo lunes; el baile. No tenía aún preparado mi plan para poder conocer a Mr.Lizard sin que Logan me descubriera.
Aunque Brooke era la amiga con la más confianza poseía, ni siquiera le había contado mis dos supuestos acompañantes, ni de la existencia de mi buen amigo Lizard. No le había llegado a contar aquello a nadie, simplemente yo sólo sabía de la existencia de mi ciber-amigo, pero tenía que admitir que necesitaba unos oídos a los que contarles mis nervios, opiniones e indecisiones. Tom, a pesar de mi gran amistad con él y no solo por ser mi hermanastro, no era el indicado para enterarse. Me refiero a que necesitaba unos oídos femeninos. Así qué, ¿por qué no arriesgarse una vez y confiar en Brooke? Según la opiniós de los demás, era una chica de gran confianza y buenos consejos.
Aquel día, yo misma me organicé para que todos mis amigos tuviéramos una quedada en Londres, en casa de Giovanna. Iría con Tom, quien también me había prestado su ayuda para convencer a todos. Y tengo que decir, que ir en su mini azul era increíble.
Y no descartéis a Logan y Cole. De ellos no me había olvidado, y menos del primero, quien incluso llegaba a estar todo el tiempo rondando por mi cabeza, superando incluso a mi amigo Lizard.
-Oh, por cierto Eve. –Reemprendió la conversación Tom mientras maniobraba par aparcar en el jardín de su novia. –Al final hemos decidido ponerle al álbum Wonderland. –Me miró mientras apagaba el motor. –Gracias.
-No hay de qué. No sabes que alagada me dejas. –Admití, orgullosa.
-Si no hubieras dado la idea, el CD se llamaría Neverland, Lizard´s world o Boobsland, incluso Danny…
-¿Lizard’s world? –Le interrumpí. –¿De quién fue la idea?
Fue a contestar, pero gracias a mi suerte la cara de Giovanna se estampó contra el cristal de al lado de Tom, provocando un horrible e insoportable grito.
Al parecer, Giovanna había reconocido el sonido del motor del mini, del cual tanto acostumbraba a oír y había salido para saludar antes de que desgastáramos su timbre.
Una vez más, habíamos sido los últimos; todos ya habían llegado.
-¿Alguna idea para hacer hoy? –Nos preguntó Gio, refiriéndose a mí.
-¡Bolera! –Gritó la voz de Dougie cuando abrió la puerta. –Hoy me apetece ir a la bolera.
-Doug, ya te hemos oído antes. –Se fatigó la novia de mi hermanastro mientras pasaban con indiferencia por su lado.
-¿A los demás les apetece ir a la bolera? –Le susurré al rubio.
-Danny y Katherine, y a Brooke le da igual. –Sonrió esperando una oportunidad.
No le contesté. Ambos seguimos los pasos de la pareja, donde entramos a una espacioso salón. Todos se mantenían conversando entre parejas. Harry y Danny, Holly y Katherine, Cole y Brooke y al parecer Logan, Giovanna y Dougie estaban hace unos minutos hablando entre ellos también.
-Espero que la hermanastra de Tom que acaba de entrar –Mencionó Danny mirándome. –tenga alguna idea para divertirnos un poco.
-¿Yo?
-Eres tu quién nos ha reunido a todos aquí.
-Pues… -Cambién unas miradas con Doug. -¿Os parece, si queréis, ir a la bolera?
-¡Sí! –Gritaron al unísono Danny, Kat Brooke y Doug.
-Me parece una buena idea. –Opinó Logan captando mi atención.
-¿Pero no me habías dicho que era una estúpida idea para un sábado? –Habló Doug, con aire mosqueado y adoptando una expresión de enfado.
Logan solo se dedicó a sonreírle, mientras el rubio aguantaba su rabia apretando sus labios.
Al cabo de unos diez minutos, entre los cinco conseguimos convencer a todos los presentes.
La bolera más cercana no caía a más de 5 manzanas de donde vivía Giovanna. Todos decidimos ir a pie, sin necesidad de encender los vehículos. Durante el trayecto, me las ingenié para conseguir privacidad con Brooke, pues no era fácil ya que parecía haber entablado una gran amistad con Danny y sus risas con cesaban ni un solo segundo.
Me la llevé detrás del todo, siguiendo con distancia los pasos de Harry y empecé a contarle mi situación.
-Quiero que sepas que vas a ser la única persona a la que le cuente esto, y si lo hago es porque confío plenamente en ti y sé que sabrás darme buen consejo. –Ella asintió, de acuerdo. –Verás, desde hace meses tengo un amigo por internet de mi edad, del cual no conozco ni su nombre ni su aspecto. Cogí gran confianza con él, y a pesar de no saber nada uno del otro, es el único con el que me he limitado a confiar, exceptuándote a partir de hoy, a ti. Lo único que sé de él es que bajo el seudónimo de Mr.Lizard, toca el bajo y va a nuestra misma universidad.
-¿Y cuál es el problema? ¿Quiere conocerte y no te fías?
-No. Cuando descubrimos que íbamos a la misma universidad, me pidió ser su acompañante de baile. –Brooke sonrió alagada. –Pero hará unos días, Logan me pidió ser también su acompañante.
-Oh. –Brooke previno cual fue mi contestación. –Debiste de decirle que ya tenías pareja, pero es que sé que debe ser difícil resistirse a los encantos de ese chaval, con su peinado, sus ojos y su forma de moverse… -Se mordió el labio mientras no despegaba la mirada de los pies de Danny, ensimismada en la imagen de mi amigo. –Pero volviendo al tema, ¿no sabes con quién?
-Pretendo ir con los dos, pero a dicha hora he quedado con Lizard en el camino al campo. –Me levantó una ceja, pícara. –Supongo que querrá un baile privado, y créeme, mejor para mí, así no sabrá quien soy ni quien es. Y luego, tenía pensando estar toda la velada con Logan.
-Entonces, ¿cuál es el inconveniente?
-No lo sé. Creo que mi plan no saldrá tan bien, ¿y si me descubren? Tal vez ambos se sientan ofendidos.
-Es solo un baile, no vas a serles infiel, ni siquiera tienes una relación sería con ellos. –Puso su mano sobre mi hombro. –No te preocupes. Siempre puedes bailar con Lizard con la máscara puesta, y quitártela cuando lo vayas a hacer con Logan.
-Si, supongo. –Me convenció, dándome seguridad.
-Y no te preocupes, si ocurre algo, yo estaré cerca para ayudarte.
Le agradecí su cordialidad y durante el tiempo restante a ella, estuvimos haciéndonos ideas de cómo sería Lizard. Según decía, en Middlesex había incontables chicos de diez y siete y diez y ocho años que tocaban el bajo, de modo que teníamos pocas posibilidades de averiguar quién era. Pero aquello no me deprimió en absoluto; en dos días descubriría quien era.
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