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domingo, 4 de marzo de 2012

34.De espaldas al amanecer.



A mitad noche, no me hizo falta que James viniera a despertarme.
Me desperté sudando, debido a la pesadilla que había tenido. Era curioso, apenas recordaba lo que acababa de imaginarme minutos atrás, pero podría asegurar que trataba sobre el baile y una situación embarazosa.
Miré la hora: las 6 de la mañana. Apenas quedaba una hora para que me tuviera que despertar, y todo mi sueño había desaparecido. Si intentaba conciliarlo, iba a ser en vano.
Salí de mi pequeña guarida y me dirigí hacía el salón. Toda la casa tenía un aspecto siniestro y tenebroso a aquella hora, y el tic tac del reloc no mejoraba la cosa. Oía los ronquidos de papá a pesar de la distancia en que nos encontrábamos, y sin evitarlo, un miedo me embriagó.
Sé que era ridículo, pero cogí mi chaqueta de cuero que colgaba en la percha y las llaves, y salí a la calle. El típico gélido aire me recorrió entera, golpeando el fino pantalón de pijama a rallas que llevaba puesto.
Caminé un poco por el jardín, intentando concentrarme en los deberes que no había hecho y tenía que presentar mañana, hasta que el ronroneo de un felino hizo que saliera de mi pequeña burbuja y me girara para ver al animal.
Marvin estaba escabullido en uno de los arbustos de debajo del alféizar de la ventana, observándome con sus pequeños ojillos. Parecía helado, pues se mantenía acurrucado y lo más apegado a la plata.
Miré a la ventana abierta y lo comprendí; al parecer se había asomado cuando vio que estaba abierta y se abría caído, o tal vez pretendía escaparse.
Anduve hasta él y lo cogí en brazos. Lo escabullí dentro de mi chaqueta entre cerrada por la cremallera, mientras el escondía su morro en él. Sí, estaba muerto de frío.
No me molesté en entrarlo dentro; sabía que se iba a mantener en el umbral ronroneando hasta que volviera, y eso haría despertar a papá y Debbie.
Caminé un poco por la acera de manzana, mientras veía como el sol se asomaba poco a poco por el abismo del final de la calle; aquel amanecer era precioso.
Me senté en la acera, sujetando a Marvin delicadamente el cual se estaba durmiendo y sin despegar la vista del paisaje. Me hubiera pasado días así.
Una silueta de al parecer un joven apareció a espaldas del amanecer. Me quedé contemplándole, mientras cada vez se acercaba más hacía donde yo estaba. Su forma de caminar me resultaba bastante familiar, pero ignoré la idea y seguí observándole.
Cuando apenas se encontraba a unos 10 metros, pude reconocer su cara. Su pelo castaño perfectamente liso y flequillo peinado, junto a sus deslumbrantes ojos azules celestes eran incomparables; Logan con pintas matutinas se acercaban hacía donde yo estaba, y aún no parecía darse cuenta de que era yo que estaba sentada.
Las distancias iban disminuyendo, hasta que él e paró en el acto, boquiabierto y observándome. Ya sabía quien era.
                -¿Evelyn? ¿Qué haces aquí? –Se acercó hasta donde yo estaba.
                -No podía dormir. –La cabecita de Marvin se asomó por el borde de mi chaqueta. –Te presento al gato de Tom, Marvin.
                -No sabía que tenía un gato. –Se sentó a mi lado, mientras empezaba a acariciar su cabeza. –Hola pequeñín. –Levantó su mirada hasta mi. –Y buenos días a ti también.
                -Buenos días. –Sonreí.
Había que admitir ante todo que aunque fuera primera hora de la mañana, recién levantado y sobre todo con el tibio color de la madrugada adornándole la cara, Logan se veía hermoso. Sus ojos brillaban el doble de lo normal y una parte de su cara se veía sombreada, pero aún así, estaba impecable.
                -¿Y tú que haces a estar horas despierto?
                -Todas las mañanas doy una vuelta a la manzana para despejarme. Así consigo ir más energético a clase, y por tanto, me ayuda. –Frunció el ceño, mientras me miraba. Yo le imité. –Pareces preocupada.
                -Hay varios temas rondándome la cabeza, pero estoy bien. –Admití, recordando a mis dos supuestos acompañantes de baile.
                -¿Necesitas a alguien que te escuche?
                -Oh, no tranquilo, no lo necesito. –Admití con una risilla. Obviamente él sería la última persona a la que le contaría aquello.
Silencio.
Los pájaros parecían haber despertado también y ya se les veía recorrer el cielo encapotado de nubes. El color rojizo y púrpura del cielo había desaparecido, y ya parecía ser totalmente por la mañana. Sabía que James tardaría poco en despertar.
                -Bueno Logan, creo que va siendo hora de volver a casa si no quiero ser mutilada. –Me levanté y él me imitó.
                -Está bien. –Noté como me aferraba de la mano que tenía libre. La otra mantenía sujeto a Marvin para que no se cayera. -¿Quieres que te acompañe?
-Oh… ¿qué? –Habían desaparecido todos los pensamientos de la cara mientras miraba detalladamente su mano aferrando la mía. –No, no.. no hace falta. Estoy cerca.
                -Muy bien, entonces nos vemos luego. –Dio un par de pasos hacía mí y me lo encontré más cerca de lo que jamás lo había tenido. Mi corazón empezó a acelerar su pulso y notaba como si alguien me estrujara la boca de estómago. –Pásalo bien, preciosa.
                -Sssi. –Siseé, sin despegar la vista de cada detalle de su casa. No podía moverme y me costaba lo suyo poder ha hablar. ¿Por qué demonios hacía aquello?
Se separó, con una risita aguantada en la comisura de los labios. Observaba sus vans, las cuales parecían más interesantes que nada en aquel momento.
Se volvió a despedir de mi con su típica perfecta sonrisa, y me dio la espalda. Me quedé varios segundos mirando como se alejaba, hasta que decidí despegar la mirada de él. Si se giraba un último momento a verme y me encontraba observándole aún, sería vergonzoso.

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