De camino al campus, era todo un barullo. No podía ni entretenerme hablando con las chicas, si no que me dedicaba a observar el paisaje que pasaba a gran velocidad por mi ventanilla del coche. No sabía que iba a hacer al llegar allí, y sobre todo mi prejuicio afirmaba que aquel plan que tenía para aquella noche iba a salir fatal.
Apenas me di cuenta, ya nos encontrábamos delante del gran césped del patio. Salí junto a mis amigas, y dirigiéndonos hacía la gran multitud de gente con sus vestidos, máscaras y la música, entramos dentro del lugar.
La primera impresión que tuve fue fantástica; todos llevaban máscara y resultaba demasiado complicado reconocer a alguien. Saqué la mía y me la coloqué en los ojos, aguantada por la pequeña gomita. Esperaba que si Logan estaba por allí cerca, pasara desapercibida hasta después de mi quedada con Lizard.
Fue Tom el primero que pareció olernos, pues no tardo en aparecer entre la muchedumbre para saludar a su novia.
-Estás radiante. –La miró de arriba abajo, y luego puso la vista en nosotras. –Y vosotras también, tranquilas.
-Muy buena tu educación, pero no cuela. –Masculló Holly con su cotidiana cara de repugnancia, mientras se levantaba su vestido para señalarlo.
Seguidos de Tom, acudieron Danny y Harry. Recé porque Logan no les acompañara.
-¿Y de todas quién es mi compañera? ¿Brooke? –Preguntó a Danny pero con ironía, posando sus ojos sobre el bien recogido y hermoso cabello dorado de su amiga. –Vas genial, estás hermosa.
-Oh. –Mi amiga no pudo evitar ruborizarse. –Tu también Danny, vas muy sexy. –Le levantó ambas cejas.
-Muy bien chicos sexys. –Les interrumpió el corpulento batería a mitad piropería, acercándose a su descuidada pareja. –Este chico sexy va a sacar a esta preciosa chica sexy a bailar, si ella quiere. –Le tendió una mano, tal y como se hacía antiguamente.
-Harold, no me vengas con esas tonterías, que paso vergüenza ajena. –Le pidió, poniendo los ojos en blanco pero aceptando su mano.
-Voy a estar toda la noche así. –Le informó, mientras le arrastraba a la pista donde ya bailaban grandes parejas.
-¿Y Dougie? –Preguntó Katherine notando la ausencia de los demás. -¿Y Cole y Logan?
-A Dougie le hemos perdido de vista hará un buen rato. –Nos contó Danny. –Y Cole está con Logan en la barra. ¿Vais a saludarles, no? Son vuestras parejas.
-Oh claro. –Habló mi amiga, empujándome por la cintura, pero decidí no avanzar. -¿Qué pasa? ¿No vienes?
-Em, tengo que ir al baño antes. –Excusé. –Antes no me ha dado tiempo y no puedo aguantar más.
-Está bien, te espero con ellos. –Me avisó, mientras me dejaba y se dirigía hacía la barra abastada de gente.
Acepté y me alejé de los demás, directa a los servicios. Me encerré en uno de los baños de mujeres, mientras me apoyaba en la puerta. Respiré hondo varios segundos, hasta que decidí que no había tiempo que perder. No sabía que hora era, si llegaba tarde o aún faltaba tiempo, pero si me dejaba ver por Logan, adiós Lizard.
Salí de baño, donde pude encontrarme frente a los espejos a dos chicas de tal vez dos años mayores que yo. Ya las había visto alguna que otra vez por el campus, y una de ellas compartía clase conmigo de Matemáticas. Lydia Stiller.
Me dirigí a ella, mientras las interrumpía de su sesión de maquillaje de última hora. Su amiga me miró con impertinencia, al contrario de Lydia, que paró de echarse polvos para mirarme con una sonrisa que me invitaba a preguntar.
-Lo siento, pero ¿tienes hora, Lydia? –Pregunté entrecortada, intentando no mirar a su amiga.
-Sarah, ¿qué hora es? –Le preguntó a su compañera, mientras sacaba su móvil del bolso.
-Casi las ocho y media. Faltan cinco minutos. –Me informó, con un poco más de cordialidad.
-Gracias.
Salí apresurada del baño. Sabía que a mi paso y con tanta gente, no podía llegar a la hora prevista sin ser vista por nadie. Me camuflé entre la multitud, directa hacía la salida, y echando un último vistazo alrededor para comprobar que nadie me observaba, dejé el local.
El aire frío del exterior cayó sobre mí de forma tan rápida, que ralentizó mi paso. Iba con tirante y escotada, de modo que las posibilidades de que pillara un resfriado al día siguiente aumentaban descaradamente.
Por el campus habían apenas parejas, distribuidas por todo el césped y sentadas en el suelo. Al parecer todas buscaban privacidad. Intenté aligerar mi paso hacía el campo, corriendo como podía con los tacones, evitando que mi estabilidad me fallara en aquel momento.
No tardé alrededor de dos minutos en divisar la pequeña fuente que había por el camino, acompañada al lado de una farola, y lo que más me llamó la atención: la figura de un hombre apoyada sobre esta.
Mi corazón se agitó desconsideradamente, mis nervios no pudieron aguantar más y me paré justo en el sitio. No debía echarme ahora atrás, no. Como pude, volví a caminar, respirando más agitadamente y empezando a pellizcarme las uñas.
Intenté ser más discreta que nunca, y mis pasos cortos y lentos. Tenía miedo, y no sabía porque. Tal vez una parte de mi no deseaba aún conocer a Lizard, pero por otra, quería parecerle la chica más encantadora que había conocido. Le tenía demasiado aprecio a él como para que esta noche hubiera riesgo de que nuestra relación de internautas no volviera a ser como siempre.
Empecé a sospechar de que si mis latidos se oían, pues parecían bombardear contra mi pecho como nunca. Me ahogaba si respiraba como si nada por la nariz, y necesitaba utilizar la boca para poder seguir con mi vida.
Cuando estuve a escasos metros de aquella y figura sin que aún despegara los ojos del suelo, una pequeña piedra en medio de mi camino hizo que mi pie se torciera medio segundo y provocara mayor ruido del que solía causar mis tropiezas. Gracias a mi experiencia, recuperé la compostura sin hacerme daño, pero conseguí también que el chico apoyado sobre la farola se diera cuenta de mi presencia y levantara la vista para verme. Fue entonces cuando me encontré con unos preciosos ojos deslumbrantes, que hubiera jurado que eran azules.
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