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viernes, 9 de marzo de 2012

37.Am I a princess?



El domingo a las ocho y media, comprobé de que apenas faltaba 24 horas para mi encuentro con Lizard. Aquello me podía, pues me imaginaba la situación de la presentación. ¿Y si tenía una voz horrible? No, no, estaba convencida de que sería maravillosa. ¿Y el físico? Bueno, iba a estar con máscara, algo de ventaja tenía. Pero lo peor, ¿y si en el camino había gente?
Los golpes de Tom sobre mi puerta disiparon tales pensamientos, mientras entraba y me contaba con entusiasmo la impaciencia de que llegara el baile. Yo admití con sinceridad mi entusiasmo, y no me quedó otra después de insistir tanto en quien me acompañaría, descubrí a uno de mis dos acompañantes: Logan.
                -Lo sabía. –Exclamó con aire altivo. –Sé le ve a piel y canto lo colado que está por ti. –Zarandeé la cabeza, negando. –El viernes, sus ganas de ir a la bolera eran las mismas que las tuyas de ir ahora a Londres caminando. –Lo comprendí; ningunas. –Cuando lo propasaste tú, su opinión cambió.
                -Tal vez le apeteciera en ese momento.
                -Además, hay que fijarse también en como te mira.
Ignoré su teoría. Sabía que aquello era prácticamente imposible. Yo, y no lo digo por modestia, jamás he despertado interés en los hombres como las chicas normales de mi edad. Había estado ignorando todo lo referido a aquello que llaman –Amor- toda vida. No digo que no he sufrido algún que otro encaprichamiento con un chico, pero no siempre he tenido la suerte de que marchara bien la relación, y acababa pronto en ruptura.
Y la simple idea de que yo despertara interés en Logan me hacía dudar más que cualquier otra cosa. Antes me hubiera creído que la calle estaba infestada de zombis deambulando que de aquello. No tenía cualidades especiales; no era detallada con mi forma de vestir, pues normalmente solía ponerme jeans y sudaderas, sin vestido, ni manoletinas ni nada por el estilo. Prefería la ropa grande que ajustada, y no tenía costumbre de ralla de ojos. Era, como la mayoría de gente social considera, un bicho raro.
                -Eve, sé lo que es ser hombre y fijarse en una chica. –Me aseguró Tom, convencido de lo que opinaba. –No seas tan prejuiciosa. No se si te interesas por Logan o no, pero si resulta que no me equivoco en mi teoría, no juegues con sus sentimientos si no sientes lo mismo.
                -Jamás jugaría con los sentimientos de una persona; ya juegan bastante con los míos como para hacerlo yo.
                -Me alegro de oír eso. –Revolvió mi pelo más de lo que estaba y se levantó del borde de la cama donde estaba sentado. –Antes de cenar, voy a dar de comer a Marvin. Como pase demasiado hambre, me hará las sábanas echas un asco.
Asentí mientras mi hermanastro salía de la habitación, dejándome allí con la duda e incluso con la remota posibilidad que aquello que decía podría ser cierto. Estaba perfectamente sola, sin estar enamorada de nadie ni sufrir por algo tan absurdo como ese tema.
Adoraba ver amores de película, pero se alejaban demasiado a lo que eran en la vida real. Tenía por segura que historias tan preciosas como las que se narran en estas, jamás existirían, y menos, que llegaran a mí.

Cogí mi vestido, los complementos esenciales y varias colonias para elegir y lo metí cuidadosamente todo en el maletero de James. Luego, subí junto a mi padre, quien me acercaría a donde vivía Katherine.
                -¿Queréis que os acerque a la universidad? –Se mostró servicial mi padre.
                -No, nos lleva su padre.
                -Ves con cuidado, y no bebas, ni fumes, ni tomes sustancias…
                -Papá, parece que no me conozcas. –Le interrumpí, evitando las normas de siempre. –Sabes que tengo conocimiento.
                -¿Tienes pareja?
                -Sí.
                -¿Quién es? –Me miró de reojo, con una de sus cejas levantada.
Suspiré sin ganas de que empezara a examinar de que familia venía mi acompañante, pero sabía que ya era inevitable. Le nombré a Logan y también que vivía a pocas manzanas de nosotros. Le reconoció al momento.
                -Oh, bien. –Sonrió seguro. –Últimamente he hecho buena relación con su padre. Parecen una familia bondadosa y humilde, pero no te dejes sosegar por los jóvenes de hoy en día. Buscan todos una cosa.
                -Papá, es solo un baile. –Me desabroché el cinturón al reconocer la púrpura casa de mi amiga pelirroja. –Ya nos veremos mañana, y tranquilo, estaré bien en casa de Holly.
                -Si necesitas cualquier cosa, llámame. –Me informó mientras salía del coche y sacaba mis cosas del maletero.
Tuve suerte cuando comprobé que no todas llevaban el vestido puesto. Me cambié junto a Giovanna en una habitación aparte, algo ruborizadas pero demasiado absortas en el nerviosismo del baile. Sabía que iba a ser una gran noche que seguramente quedaría marcada en mi mente un gran tiempo.
                -La madre de Katherine nos hará el peinado, y yo misma os maquillaré. –Me sonrió, colocándose los zapatos de tacón de 15cm como mínimo. –No puedo esperar. ¡Seguro que Tommy estará radiante!
                -Se ha ido pronto a casa de Harry con los demás, de modo que no te lo puedo confirmar. –Reí, mientras probaba mi estabilidad con los tacones. –Bien, ¿salimos?

Para nuestra sorpresa, una vez llegado donde estaban todas, Katherine y Holly ya se encontraban vestidas con sus cortos trajes, exceptuando a Brooke quien parecía cautiva en el ordenador, todavía con sus jeans desgastados y su moño echo un lio.
Por desgracia, fui yo la primera en la lista para hacer el pelo. La madre de Kat, Jane, me acogió con amabilidad en una silla enfrente del espejo y pasé el peor rato de mi vida, entre nudo y estiramientos inagotables, hasta que mi cabello paso de ser ondulado a liso totalmente.
Me recogió de alguna forma rara el pelo, y colocándome pequeñas bolitas de adorno blancas que conjugaban los el vestido granate y un poco de mi flequillo suelo, me hizo el peinado real.
Por una vez en toda mi  vida, el peinado de una peluquera me había convencido totalmente.
Nada más acabar con la sesión de peluquería, Holly me sustituyó y yo pasé a la sección de maquillaje. Giovanna poseía toda clase de pinturas para quedar radiante, lo que entendí por una vez como siempre podía ir tan bien exhibida. Durante mi tratamiento, mantuve cerrados los ojos. Esperaba que al abrirlos al final, quedara satisfecho con el resultado, y cuando llegó el momento no me defraudé.
No parecía siquiera yo, incluso me gustaba y todo. La piel la parecía tener más suave que nunca, los ojos me resaltaban de una forma descomunal por la forma en la que estaban maquillajes y tenía que admitir que mis labios eran seductores, por muy mujer que era. Giovanna era increíble, al igual que Jane.
Habían hecho de mí, una chapuza con jeans desgastados, de jamás maquillaje y moños enredados, a la princesita de baile que vivía su tierna historia romántica y que deslumbraba a cualquier personaje. Pero sabía que si yo estaba increíble, las demás que sin duda poseían más belleza que yo, iban a estar completamente deslumbrantes.

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