No se si todavía alguien me lee, tengo la suposición de que no t___t pero si todavía alguien se pasa para leer lo que escribo, tengo que decir que siento que los capítulo sean tan cortos y rollos, y que espero que este os guste D:
He perdido, he de decir, a bastantes lectoras con mi traspaso de Fotolog a Blogger, y que si todavía leen algunas, que me pongan en más absurdo comentario y así me ilusionaréis un poco t___t felices pascuas próximas :3
Mis pasos se congelaron nada más me encontré con su mirada, y por un momento olvidé de cómo respirar. Dudé un segundo si llevaba puesta la máscara, o si estábamos a solas, o también si él era Lizard. Dudé de todo lo que me pudiera pasar por la cabeza.
-¿Mrs.Weird? –Sonó de él una profunda voz, pero no demasiado grave.
No pude contestar. Mi voz se había quebrado, y tenía miedo de que en ella se notara mi nerviosismo. No respondí, pero al menos me aproximé un poco hacía él, mientras se despegaba de la farola.
Llevaba un smoking negro, con corbata roja mal puesta, y un flequillo rubio colgándole por la máscara negra también. Tenía que admitir que al menos la forma en que tenía peinado el cabello me resultaba bastante tentador, y todavía más aún sus claros ojos celestes que se distinguían a través de los agujeros de los ojos.
Él separó más distancias hasta colocarse enfrente mía, mientras me observaba de arriba abajo y yo moría de vergüenza.
-Creía que ibas a ser rubia. –Volvió a hablar con su voz, mientras una perfecta sonrisa blanca aparecía en su boca.
-¿Rubia? –Logré articular, y descubrí que mi voz no me fallaba tanto como creía que iba a hacerlo. –Jamás sería rubia.
-Mejor. Prefiero a las chicas con cabello oscuro.
Aquello provocó el primer nudo en el estómago, llenó de vergüenza y nervios. Con qué prefería morenas, ¿aquello había sido a caso un elogio? Sabía que Lizard tenía la costumbre de decir comentarios así, y me había avisado, pero jamás me habría preparado para recibir uno.
-No se si lo parecerá, pero estoy muerto de vergüenza. –Masculló mientras se revolvía el cabello rubio. Incluso un poco más desecho, era precioso.
-¿Tú crees que yo no? Ya sabes perfectamente que soy tímida, y además, sigo sin hacerme la idea de que ahora estés delante mía.
-Te has retrasado cinco minutos. Ya creía que no venías.
-No te iba a dar calabazas. –Reí. –No sería capaz de que te enfadaras conmigo.
-No sería capaz tampoco de enojarme contigo. –Esperó varios minutos a que hablara, pero no le satisface. –Dime, ¿piensas quedarte toda la velada conmigo? Podríamos entrar dentro.
-Oh. –No, entrar justamente no. –Me tengo que ir pronto. Ya sabes lo inseguro que es James, y lo preocupado que está por un baile lleno de adolescentes bebidos. Además, dentro me siento muy agobiada e incómoda.
-Entonces, si me permites, me gustaría bailar un baile aquí fuera contigo.
-¿Pero y la música? –Excusé, pero era verdad.
No hizo falta que contestará Lizard. Al segundo de que formulara la pregunta, los altavoces lograron atravesar la pared y que la tranquila música llegara hasta nosotros, sin muchos defectos de sonidos.
-Aquí está la música. –Contestó con un tono más sereno, mientras me extendía una mano para que se la diese.
Aquello iba fuera de mis principios. ¿Yo bailar? Jamás lo habría hecho, pero deseaba demasiado poder tener un contacto físico con mi amigo, que no pude negarme. Muerta de vergüenza, acepté su mano, la cual me la agarró y la colocó detrás de su cuello, permitiéndome acariciar su suave coletilla y piel. Estaba resultando demasiado perfecto. ¡Algún defecto tendría que tener!
Sin que yo moviera nada más, colocó sus manos sobre mi cadera y apegaba un poco más mi cuerpo al suyo. Pude apreciar su colonia, la cual le daba puntos a él para que me derritiera aún más. Mi corazón se agitó el doble, mientras que mi otra mano se unía a su cuello automáticamente.
-Me gusta como hueles. –Dijo como si hubiera adivinado mi pensamiento. –Me parece que ya me había topado antes con tu perfume.
-Puede ser. –Susurré, y encontré de que no estábamos tan separados como creía. –Bailo muy mal.
-No te preocupes, yo tampoco se bailar. –Empezó a moverse suavemente, mientras no evitaba embozar una sonrisa. Luego, levantó su cara hacía el cielo haciendo que yo le imitara, pero solo encontré el destello de luz de la farola. –Me he encargado de elegir esta farola. Curiosamente hay muérdago.
No podía ser verdad, pero en efecto, allí estaba la famosa planta del amor, enroscada en el metal. Bajé de nuevo la cabeza y encontré su rostro aún más cerca. Sabía que él se había encargado de hacerlo así, pero a pesar de que estuviéramos tan cerca y de pudiera contemplar su perfección desde mejor ángulo, me encargué de que no durara mucho tiempo aquel momento.
Escabullí con disimulo mi cabeza sobre su hombro, dándole así un abrazo. Tardó en respondérmelo, seguramente confuso sobre alguna otra acción que creía que iba a hacer.
-Me alegro de haberte conocido por fin. –Aseguré, mientras aprovechaba cada olor que lograba captar de él.
-No me has conocido del todo. Aún no sé quien eres. –Se las ingenió de que el abrazo se rompiera, volviendo a poner nuestros rostros tan cerca como antes. –Quiero que te quites la máscara, por favor.
-Enserio Lizard, será mejor que no. No creo que te guste mi cara, soy horrenda, no suelo gustar…
-Sé perfectamente de que eres muy reservada para los hombres, y estoy seguro de que me gustarás. –Separó una mano de mi cadera para acariciarme la mejilla, provocando que mi estómago reventara de mariposillas dentro de él. –Si solamente con la máscara ya eres preciosa, estoy completamente seguro de que sin ella lo serás también.
-Lizard, hablo enserio, no me atrevería a quitármela y correr el riesgo de que te defraude, no podría soportar tu rea…
No pude acabar mi teoría, pues en un abrir y cerrar de ojos y sin que me diera tiempo a reaccionar, Lizard acercó con una gran rapidez sus labios a los míos, rompiendo todas las distancias que habían entre nosotros.
No supe que hacer, y tampoco mi cerebro reaccionaba en aquel momento. Tenía unos suaves y cálidos labios, perfectamente formados que en aquel momento posaban sobre los míos, con presión e intensificación. Notaba cada roce de su piel sobre la mía, provocándome un mariposeo en la boca del estómago insoportable, pero aún así, no pude evitar aferrarme con mayor fuerza a su cuello, sin querer separarme jamás de él.
Fue entonces cuando caí de que desde el momento en que él era mi acompañante, era aquello lo único que esperaba a fin de cuentas. Un beso suyo, un beso de la única persona que creía que me comprendía en este mundo.
esta molbe cada capitul es mes interesant .
ResponderEliminar