El día siguiente, lunes, no digamos que fue la cosa para mejor. Estuve más despistada que de lo habitual en las últimas semanas después de baile, absorta del mundo real y sumergida en mis pensamientos que no llegaban a ninguna conclusión ni solución. Me resultaba de lo más embarazoso encontrarme con Dougie, y no evitaba ruborizarme y trabarme con mis palabras, a pesar de que él aún no supiera quien era… aún. Y este comportamiento mio no se debía solo a lo del baile, el beso y el daño le había causado, si no también por mis nuevos sentimientos, incapaces de descubrir que era lo que realmente sentía; si era debilitación por su perfección y manera de tratarme, o es que tal vez me estuviera enamorando.
Lo dicho; todo fue un ajetreo, y más aún a primera hora del lunes. Historia, junto a él.
Mis nervios estaban ya allí, esparcidos por todos los lugares más remotos de mi cuerpo cuando apenas había cruzado la puerta de historia, abastada de compañeros de mi clase. Sujetando aún mis libros con fuera e intentando que desapareciera mi nerviosismo, miré a la última mesa de la sala, donde nos sentábamos los dos. Él siempre solía venir más pronto que yo, pero aquel día, su asiento a la derecha estaba vacío. ¿Había faltado hoy? ¿Debía alegrarme o entristecerme? Lo curioso fue que, sentí ambas cosas. Alegría por no tener una embarazosa hora a su lado, aguantando las ganas de girar mis ojos y observar la perfección de su rostro. Y tristeza porque seguramente aquel día me iba a quedar sin verle.
Pero todos aquellos sentimientos desaparecieron cuando noté una mano en mi hombro y pronto, su voz cerca de mi oído, echándome toda su respiración sobre la cara, mientras me susurraba:
-Tengo que hablar contigo.
Aquellas palabras fueron suficientes para que mi miedo surgiera de mí. Me miraba con rostro sereno, pero conservando su amabilidad y cordialidad en la comisura de sus labios, transmitida por una sonrisa. Le intenté mirar lo más disimuladamente posible, pero sabía de sobra que actuar y mentir no era mi especialidad, y menos cuando mis nervios estaban a flor de piel.
Me dirigí con él hacía nuestros asientos, sentándonos preparados para hablar y mientras aprovechábamos los minutos que tardaría el señor Brandon en venir a clase, tan impuntual como siempre.
-Verás, no sé como empezar. –Sonrió, tranquilizándome aunque no demasiado. Su sonrisa conseguía debilitarme. –Supongo que pensarás que estoy loco o algo por el estilo pero no. No sabía a quién contárselo, y solo confié en Tom, hasta que pensé que tal vez debería tener una opinión femenina, y fue cuando viniste a mi mente. –No pude evitar suspirar de alivio. -¿Qué ocurre?
-Oh, no nada. –Me ruboricé avergonzada. –Me..Me alegro de que hayas confiado en mi, solo eso. Cuenta.
Y fue entonces cuando me contó la historia que yo bien sabía, la cuala había vivido como a la misteriosa Weird que el narraba. Pero no pude evitar sentirme una vez más humillada y arrepentida, pues en tono de voz se reflejaba la tristeza y melancolía que le había causado mi huída. Y fue hasta cuando me contó el final cuando mi expresión cambió a sorpresa.
-…y después de aquella conversación que tuve con ella y a pesar del enfado que le tenía, no sé, mi enojo se ha ido y ahora quiero volver a quedar con ella. –Levantó su vista al ver entrar al señor Brandon a la sala, y disminuyó su tono de voz a un susurro mientras acercaba su cara a la mia. -¿Crees que es buena idea volver a quedar con ella? ¿No se asustará ni nada?
-¿Tom que opina?
-Que lo haga.
-Pues… -Sabía que tenía que dar el paso y no dejarle así, pero me faltaban fuerzas. –Pienso que… supongo que deberías.. no sé… -Le miré, y nuestras miradas se entrelazaron, haciendo que cogiera inmediatamente una extraña confianza de mi respuesta que no tardé en arrepentirme. –Queda con ella, será lo mejor.
-¿Tu crees? –Embozó una alegre sonrisa, mientras se escabullía disimuladamente de la vista del profesor entre las espaldas de los de delante. -¿Pero dónde? ¿Y cuándo? Además, no se si podré. La primera quedada ya se me hizo embarazosa y mira como acabó. Y tal vez le parezco horrible. Sería vergonzoso seguir insistiendo si ella no quiere.
-Pero Doug… -Me atreví a preguntar, queriendo saber de una vez por todas la contestación. -¿Qué sientes hacía ella?
-¿Hacía Weird? –Frunció el entrecejo. –No lo sé, simplemente quiero conocerla. Me atrae y a pesar de no lo conozco de nada, le tengo mucho cariño.
Cariño, eso es lo único que siente, pensé, destrozándome por dentro. Volví la vista hacía la lejana pizarra para disimular prestar atención, aunque mi cabeza seguía recordando las recientes palabras que había nombrado mi admirado.
Durante aquella hora, Doug intentó reemprender la conversación varias veces, pero yo acababa cortándole asegurándome que aquello que estaba diciendo el señor Brandon (que ni yo misma me estaba enterando) iba a aparecer para el examen y calía atender, sabiendo perfectamente que Doug jamás se molestaría en prestar atención en clase, y menos aún a aquel profesor.
Salí los más apresurada que pude de aquella aula, con Doug pisándome los talones. No me gusta nada más que hablar con él, pero en aquel momento me encontraba bastante afectada, más de lo que en un principio pensaba.
Creía que ya le había perdido de vista nada más salir de la aula hasta que noté como me llamaba y me giraba por el hombro.
-¿He dicho algo que te ha ofendido?
-No, tranquilo. Es solo que tengo cosas en la cabeza últimamente. –Notaba yo misma que le miraba con desprecio, pero también una mezcla de sentimientos rotos.
-No me mientes. –Posó sus delgados brazos pero fuertes sobre mi cuello, dándome uno de los abrazos más confortables que me había llegado a dar. Un nudo se formó en mi estómago, impidiéndome hasta tragar saliva y unas mariposillas de mi estómago empezaron a hacerme cosquillas por todo el organismo. –Lo siento si te he dicho algo ofensivo. De verdad que no pretendía, y lo siento de corazón. Eres, seguramente mi mejor amiga, la única que creo que de verdad me entiende y no quiero perderte. –Se separó de mi, y de nuevo mantuvimos nuestras miradas en contacto.
Mis ojos se habían cristalizado y humedecido, dolida también por sus palabras pero curada por las otras. Sabía que aquello era así y así deberían y tenían que seguir. Él me veía tal vez como su mejor amiga, y cuando te dicen eso, de esas palabras no suben.
Le dediqué una sonrisa mientras intentaba parecer bien.
-Gracias Dougie, de verdad. Te quiero.. –Me entreví a susurrar, sabiendo que él me escuchaba, pero tal como esperaba, no entendió tanto como yo mis últimas palabras.
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