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domingo, 17 de junio de 2012

81. Presa del arrepentimiento






Su brazo rodeó mi cintura mientras que con la otra agarraba con delicadeza mi mano derecha. Aferré sin entusiasmo su hombro, y me dejé llevar. Mis ojos, por otra parte, buscaban desesperadamente la esbelta silueta del batería.
    -¿Tú talante mohíno es porque te vas o algo ronda en tu cabeza? –Preguntó Logan rompiendo el silencio que había formado.
    -Ambas cosas –Dije sin ganas y resignándome a seguir buscando al batería -. En sí no estaría comiéndome la cabeza si no me fuera.
    -No te vayas, entonces –Ironizó de forma divertida, pero simplemente le dediqué una sonrisa tristona -. Oh, venga ya Evelyn, alegra esa cara. Esta fiesta ha sido montada para ti.
    -Lo sé, y no sabes lo feliz que me ha hecho pero… ojalá no tuviera que irme. Pero llevo aquí más de un año y mi madre quiere que regrese.
    -En Harrow llevas apenas unos meses –Sentenció frunciendo el ceño.
    -Pero en antes vivía en Cambridge; antes de que mi padre se fuera a vivir con Debbie, la madre de Tom.
    -Dime, ¿en un principio llegaste a maldecir aquella mudanza?
    -Oh, claro –Balbuceé con obviedad y gracia.
    -¿Y aún sigues arrepintiéndote de ella?
    -No podría aunque quisiera –Sonreí de costado -. Llegar a ser la hermanastra de Tom ha sido una de las mejores cosas que me hayan podido pasar. A pesar de que también he sufrido aquí, pero me ha hecho aprender.
    -Y conocerme –Se aduló, pero rápidamente lo negó con la cabeza mientras sonreía -¿Puedo preguntarte una cosa? –Asentí mientras levantaba la cabeza para observarle. Sus ojos centellaron débilmente, recordándome a los ojos del batería que tanto me gustaba observar -. ¿Hay algo entre ti y Harry?
    -¿Por qué lo preguntas? –Sentencié rápidamente, defensiva.
    -Pues porque… últimamente me estaba fijando en vuestra forma de comportaros –Sonrió pícaramente -, era extraña, y parecía guardar… ¿sentimientos? –Se encogió de hombros –Pero pensé que era una tontería. Al fin y al cabo, tú deberías haber terminado con Dougie, o eso creíamos todos.
    -¿Por eso solamente? –Dije con burla -. Se podría sacar cualquier concl…
    -No, solamente por eso no –Me interrumpió mientras escondía otra sonrisa sospechosa –También porque Harry está bailando con Anne Grint un poco más lejos de nosotros, detrás tuya…
    -¿Y? –Pregunté. Sentí la tentación de girarme, pero resistí.
    -Y Harry no ha despegado aún la mirada de ti –Boquiabierta, dudé de las palabras de mi amigo –Desde que se ha puesto a bailar con ella apenas a parado de mirarte.
    -¿Hablas en serio? Sí es una tomadura de pelo…
    -No te estoy tomando el pelo. Mira –Me dijo, y de repente, sus pasos comenzaron a girar formando un semicírculo. Pronto me hallé en su posición, y sin resistirlo más, observé disimuladamente por el hombro del castaño. Y hallé la verdad en los ojos que miraban hacía aquí: Harry localizó mi curiosa mirada y rápidamente, la volvió hacía la pelirroja -. Pero dime, ¿hay algo?
    -No lo sé –Suspiré, resentida -. Yo es que… -Dudé en contarle mis sentimientos, pero decidí que tenía que deshogarme con algún varón y Dougie, mi mejor amigo no estaba en aquel momento -. Creo haberme enamorado de él.
    -¿Y cuál es el problema? ¿Él no te corresponde?
    -El problema era que pensaba con la cabeza y dudaba de mis sentimientos pero Brooke tiene razón. Si me he enamorado de él es inevitable –Sonreí melancólicamente -. El problema es que me voy, y le dije que tendría que aclarar mis sentimientos… pero ahora que sé lo que siento, ya es demasiado tarde.
    -Eve –Me llamó la atención mientras paraba de bailar y atraía mi mirada a la suya levantando mi cabeza por el mentón -. Entonces dime, ¿qué haces aquí? ¿Qué haces bailando conmigo y dejando que Anne lo haga con él?
    -Supongo que esperaba que él se acercara y…
    -Está cortado, confuso seguramente al igual que tú –Me sonrió tiernamente -. Disfruta de tu último día con él. Yo me encargo de que pare de bailar con Anne –Me apartó el cabello de la cara con cierta ternura -. Supongo que al principio de conocerte creía que podría tener algo contigo. Supongo que me pillé por ti, y sabía que eras una chica difícil, que tiene su examen de acceso para tu corazón –Carcajeó -. Yo no lo pasé, ni siquiera me permitiste hacerlo por como era contigo. Dougie lo suspendió al parecer, y Harry lo ha aprobado. Y créeme, conseguirte no es fácil. Así que ahora quiero que te lo pases en grande con él, ya que yo no pude hacerlo en mi tiempo… -Murmuró con cierto tono mohíno.
    Y entonces, con cierta suavidad, levantó un poco más mi barbilla y acortó las distancias. Logan me besó tiernamente, pero en mi interior no despertó nada; las mariposas no parecieron apreciar aquel beso, pues yo misma sabía cual era el que esperaba.
    Antes de que lograra pensar nada más, Logan se apartó con una sonrisa en la cara, me volvió a apartar el cabello de la cara y se alejó hacía la pareja que bailaba. Viéndome alejarse con cierta confusión por su acción, una vez más me encontré con los ojos de Harry. Estos parecían haber visto lo ocurrido, y mi corazón se derrumbó en un mar de culpabilidad y arrepentimiento. 

sábado, 16 de junio de 2012

80.Él con ella, yo con eso


    


-Te dije que no sería la última vez que vendrías –Me susurró al oído mientras acariciaba mi espalda.
    -¿Por qué… por qué has hecho todo esto? –Le susurré mientras sonreía contra su hombro.
    -Porque alguien tan… especial –Murmuró con cuidado, vigilado por la mirada de James –como tu se merece todas estas fiestas, y más. Además, tal vez cuando regresaras ya no me acordaría de traerte aquí.
    -Gracias –Dije mientras me separaba por fin de él. Mis ojos habían empezado a humedecerse, pero aquel día intentaría aguantar mis lágrimas.
    -Muy bien Eve. Me parece que aún te quedan muchos abrazos que dar –Me avisó Giovanna mientras me alejaba del pequeño círculo -. Tu padre te miraba de forma sospechosa –Me susurró una vez empezamos a acercarnos al grupo de amigas que esperaban mi llegada.
    -¿Miraba de mala forma?
    -No, pero creo que a ojos de tu padre deberías haberte cortado un poco más. Parece no estar acostumbrado a verte con chicos –Carcajeó.
    -No lo está –Le aseguré, mientras llegábamos junto a Katherine.
La mirada de todas mis amigas y de Dougie y Danny expresaban la tristeza de mi marcha. Me conmocioné al ver todas aquellas sonrisa que expresaban melancolía, y una vez más, mis ganas de permanecer en Inglaterra aumentaron.
    «Serán simplemente seis meses» pensaba con ánimo. Pero seis meses era medio año, y eso era mucho tiempo, tanto que las cosas podrían cambiar radicalmente.
    Pero apenas comenzó la fiesta, la música se encendió, mi padre abandonó la plaza y la gente comenzó a agruparse en parejas, fue cuando comprendí que el tiempo iba a ser traicionero, y en apenas unos minutos para mí, horas para el resto de la humanidad, iba a estar subida a un avión con destino a España.
    -Eve –Dijo Brooke, quién me sacó de mi burbuja de pensamientos. Nos habíamos apartado un poco de la multitud y observábamos como el cielo encapotado de nubes daba un toque mágico al baile -, sé cual es tu situación con Harry. Sé que estás confusa, y yo, como mejor amiga tuya, quiero ayudarte.
    -No hace falta que te molestes –Le sonreí pero sin apartar la vista de la pareja que acababa de entrar a bailar: Cole y Katherine -. Yo… yo aún tengo que asegurarme de lo que siento por él.
    -¿Tanto miedo te da enamorarte? Eso es inevitable, Eve, y me parece que ni tu misma has logrado escapar –Fruncí el ceño -. En el caso de Dougie… ¿de verdad crees que sentirías lo mismo si sustituyéramos a Harry por Dougie?
    -Yo… -Titubeé. Recordaba lo que sentía por el bajista, pero a pesar de que era un sentimiento inferior, dudaba -. No lo sé, Brooke. Tengo demasiado ajetreo en la cabeza. No quiero irme, quiero quedarme, junto a mis amigos, junto a…
    -Harry –Me sonrió pícaramente -. Evelyn, tal vez te resulte algo incómodo enamorarte y decantarte si quieres estarlo o no, pero los sentimientos siempre estarán ahí. Aunque te vayas a otro país, tus sentimientos hacía él no se irán. Estarán contigo siempre.
    -¿Y que quieres que haga? Nunca me he encontrado en una situación así, lo sabes. Al contrario que tú, soy nueva en esto.
    -Deja de pensar y abrasarte la cabeza –Me susurró cuando descubrimos como Danny aparecía entre la multitud y se acercaba a ella -. Es el último día que estarás aquí, y llevas los anteriores intentando no besarle, pero tú quieres. Eve, date cuenta de cuales son tus sentimientos; deja de pensar con la cabeza y hazlo con el corazón, y si quieres besarle, hazlo. Será lo mejor para los dos. 
    -Pero yo no sé… -Intenté decir, pero Danny apareció ya ante nosotros.
    -¿Molesto? –Preguntó con una sonrisa dibujada en su rostro.
    -Oh, no –Musitó Brooke mientras se ruborizaba y bajaba la vista hacía el suelo.
    -Eve, ¿me permites robártela? –Me preguntó el pecoso mientras me guiñaba un ojo -. Yo también quiero disfrutar de ella.
    -Claro que no –Sonreí mientras observaba como la pareja se daban un tierno beso y se alejaban de mi posición.
Suspiré y observé a las parejas. Ya todas se encontraban bailando: Danny y Brooke, Tom y Giovanna, Cole y Katherine, Dougie y Holly, Anne y…
    Fruncí el ceño y oteé con más detalle a la pelirroja. Avanzaba entre la multitud, con una sonrisa torva en sus labios hacía otro extremo. Vislumbré su dirección, y noté como el corazón se me caía al lago. Harry se mantenía apoyado en una farola, con los brazos cruzados y la mirada perdida.
    «No, no puede bailar con ella» pensé. Pero él era libre de hacer lo que quisiera. Hubiera deseado desembocadamente acercarme y plantarle cara, decirle que quería yo bailar con él, pero mis piernas comenzaron a temblar y no respondían. Por otra parte, cada segundo pasaba a una velocidad inhumana y Anne estaba más cerca de él…
    -No entiendo como puedes estar aquí sin que nadie te haya sacado a bailar –Dijo una voz a mi lado, provocándome un respingo y perdiendo de vista a la pelirroja. Logan se había acercado a mí indiscretamente.
    -Oh, Logan. Me alegro de verte –Dije sin entusiasmo mientras mis ojos se intentaban desviar hacía el batería.
    -¿No te han sacado a bailar?
    -No –Murmuré amargamente y quitando mi sonrisa.
    -Entonces, ¿podré sacarte yo, no? –Una sonrisa torcida se formó en la comisura de sus labios –Al fin y al cabo, en medio año podrás escaquearte de mí.
    -Oh, yo… -Disimulé girando la cabeza, pareciendo mirar a las parejas que bailaban, pero mis ojos se centraron el la farola. Anne ya había llegado hasta a Harry y parecía hablar animadamente con él. A cambio, el batería se mantenía serio e impasible. Anne alzó su mano para ser tomada –soy mala bailarina.
    -En el baile de la universidad no lo eras –Objetó mientras arqueaba las cejas -. Entonces dime, ¿voy a poder bailar contigo, por favor?
    -Yo… -Suspiré, resignada -. Está bien, señorito Logan Lerman –Acepté con ironía, pero aferré su mano y me dejé llevar a la pista.
Pero de nuevo, mis ojos resistieron su clausura y observaron hacía donde tanto recelo quería ver. Al igual que yo y Lerman, Harry avanzaba junto a Grint hacía la pista. Suspiré de forma mohína, mientras mi corazón se volvía hosco. 

jueves, 14 de junio de 2012

79. No era la última vez




El penúltimo día antes de mi partida llegó con miedo, pero a lo largo del día, deseé que finalizara. James se había empeñado en ir juntos, como una excursión familiar al río. Su rostro se veía melancólico cuando el tema de mi regreso a España salía, y me hacía arrepentirme de mis deseos de volver a Harrow cuanto antes. Por desgracia, fue toda la familia menos Tom, quien tenía ensayos generales con la discográfica.

El tercer y último día, me desperté con la idea ya clavada en la mente de que sería mi última mañana en Inglaterra en los próximos seis meses, que, sin dudarlo, calculaba que se haría lo bastante eterno.     
        Bajé a desayunar, y pude encontrarme a toda la familia sin las cotidianas charlas y risas matutinas. Suspire mohína y me senté junto a Tom, quien removía la cuchara de su vaso de cola-cao con tristeza. Aquella mañana tenía su cabello rubio más revuelto y unas ojeras negras de no dormir.
        -Tom –Le dije en un susurro. Él levantó su cabeza, pero con la típica sonrisa dibujada en sus labios -. Hoy, según papá, tenemos que ir pronto al aeropuerto…  -Mi voz se quebró, pero proseguí -: Me preguntaba si antes de ir hacía allí, podríamos estar todos juntos.
        -¿Todos? ¿Quién? ¿Dougie, Katherine, Logan…?
        -Sí. Todos.
        -Oh –Su voz sonó triste e incómoda -. Hoy… hoy nos ha surgido un inconveniente –Se mordió el labio mientras bajaba el tono de su voz -. Anne Grint nos ha invitado a su fiesta de cumpleaños, y tenemos que ir.
        -¿Todos? –Balbuceé con tristeza -. ¿No puede ser otro día?
        -Me temo que no… Espero que no te moleste, Evelyn. Además, así te ahorrarás lloros en las despedidas.
        -Oh, claro –Balbuceé con un abismo en el pecho, mientras me volvía  hacía mi taza.
La miré con mayor melancolía que nunca. Grint llevaba fastidiándome desde que conocí a los chicos, y para rematarlo en mi marcha, había organizado una fiesta, invitando a mis amigos. Y lo peor no era aquello, sino que ellos habían preferido quedarse junto a ella antes que acudir a mi despedida… todos.
        Retuve las lágrimas, me bebí rápidamente mi leche y siéndole indiferente a Marvin que ronroneaba en mis piernas y acariciaba mis piernas con su suave piel naranja, fui rápidamente hacía mi habitación.
        Caí de nuevo rendida sobre la cama, mientras ahogaba mi rostro en la almohada. ¿Iban a ignorarme mis amigos el último día? No me lo podía creer… prácticamente, me resultaba imposible creerlo.

Una mano rozó mi espalda, provocando que me despertara dando un salto, asustada. James me miraba con dulzura y con una pequeña sonrisa en la comisura de los labios.
        -Evelyn, tenemos que salir ya –Dijo con aflicción -. El avión se ha adelantado… me temo que tendrás que irte antes.
        -¿Qué hora es? –Pregunté, mirando al reloj de la mesita de noche.
        -Casi las dos. Tom no sabe nada del adelanto… me temo que ya se ha ido a la fiesta de su amiga.
        -¿No… no vendrán a despedirse? –Pregunté con lagrimeo.
La melancólica mirada de papá me lo confirmó. Asentí, callada y sin poder emitir ninguna palabra y saqué mi maleta ya hecha de debajo de la cama. Antes de salir de mi habitación con lágrimas en los ojos, ladeé una última vez mi cabeza y observé con tristeza la habitación.
        Se había quedado sorprendentemente vacía. Las fotos de mamá, mis amigos de España y Londres habían desaparecido de la cómoda. La ropa esparcida por el suelo ya no estaba. La cama estaba hecha, y aquella tarde, la persiana de la pequeña ventana se mantenía subida del todo. Unas densas gotas se estrellaban contra el cristal.
        Suspiré y me despedí en silencio. Pasé por la inhabitada habitación de Tom y la miré con defraude. Tal vez sus apariencias de hermanastro perfecto me habían engañado.

James ya esperaba dentro del coche, con el maletero abierto esperando recibir mi pesada maleta. La subí sola, con la capucha subida y entré corriendo al coche. Papá me embozó una mediana sonrisa y observó la casa que se extendía a nuestro lado.
        -Despídete de la viviendo Fletcher, cariño –Me susurró, moderando sus palabras.
Y así lo hice. Agradecí los últimos meses y maldecí una única vez este día. Otra lágrima cayó resbalándose por mi mejilla, mientras el coche empezaba a arrancar. Adiós Harrow.


Se pasó una eterna hora dentro del coche. Me resultó extraño, pues el día en que llegamos a Harrow no fue tan pesado. Ni siquiera la ida y vuelta de la universidad.
        Pero lo más extraño fue que en ningún momento, en la carretera, había un cartel que señalara los kilómetros restantes a Londres. Suspiré, confusa, pero me mantuve el silencio. Cuánto más tiempo permaneciera en Inglaterra, mejor. Y con un poco de suerte, llegaríamos tarde y tendría que quedarme en el inglés pueblo, a pesar de mi decepción hacía mis amigos.
        Pero no, mi suerte no era así y jamás lo sería.
        -Papá –Le dije a mitad camino mientras con internábamos en un camino adornado por altos pinos -. ¿Seguro que por aquí se va al aeropuerto?
        -Oh, tenemos que pasarnos antes por un sitio, Eve –Me dijo con una sonrisa.
        -¿Por dónde? –Pregunté con curiosidad, pero pronto mi pregunta se vio respondida.
A travesamos el largo camino y un cartel de madera nos daba la bienvenida a un pequeño pueblo de Inglaterra. Entonces lo reconocí. Me enderecé de golpe en el asiento, abrí la ventanilla, y asomé mi cabeza. El cabello tapaba mis ojos, pero a duras penas, logré diferenciar la pequeña plaza y el lago que aparecieron enfrente mía. Estábamos en el lugar donde Danny y Harry nos llevaron días anteriores.
        Sonreí tímidamente, pero mi sonrisa desapareció en cuanto vi, en medio de la plaza, a toda la gente reunida y que observaba mi coche. Entonces, boquiabierta, empecé a reconocer a gente.
        Primero, fue Tom, quien me observaba con su hoyuelo destacando en su cara. A su lado, Giovanna me observaba con cariño. Luego, un poco más atrás, ya se encontraba Cole, Logan, Danny, Brooke, Dougie, Holly, Katherine y por último, Harry, a quien su corto flequillo empezaba a bailar en su frente. Tenía una impasible sonrisa en la cara, una mezcla de alegría y tristeza.
        Algunos jóvenes y viejos se habían acercado a la multitud para enterarse de lo sucedido y se habían unido a mis amigos. Bajé rápidamente del coche, ignorando a James quien me decía algo con gratitud, y corrí a abrazar a mi hermanastro y su novia. Estaba exuberante, y mis ojos habían empezado a llorar sin enterarme, agradecidos como nunca. No me habían ignorado, no se habían olvidado de mí.
        -¡Eres un tonto, Tom! –Le dije mientras abrazaba con los dos brazos a la pareja -¡Hoy me has hecho creer que ibais a ignorarme, todos!
        -¿De verdad piensas que no nos despediríamos de ti, Eve? –Susurró con dulzura Giovanna, a quien estrujé con la mayor fuerza que pude –Todos hemos preparado esta sorpresa, pero no es a nosotros a quien nos lo tienes que agradecer más.
        -¿Entonces a quién? –Pregunté mientras notaba la presencia de mi padre a mi lado.
        -A Harry –Murmuró Tom con una pícara sonrisa en la comisura de los labios -. Fue su ya la idea de hacerte una fiesta de despedida aquí.
        -Oh… -Dije con hilo de voz, y desvié mi mirada hacía donde estaba Harry.
Este se acercaba lentamente, cruzando entre la multitud. Llevaba una chaqueta de traje, pero debajo se escondía una camiseta con algún tipo de dibujo. Vestía sus cotidianos vaqueros con deportivas.
        Hubiera empezado a alargar al batería antes de que llegase a nosotros, pero mi padre estaba testigo y tenía que controlar mis emociones.
        Nada más Harry llegó a nuestro pequeño círculo, con una sonrisa tímida escondida en sus labios, me eché a sus brazos. Coloqué mis manos sobre su cabello, mientras intentaba expresarle toda la alegría que podía. Él me rodeó tímidamente por la cintura, pero no tardó en apegarme a su cuerpo. Todo lo demás desapareció.
        -Te dije que no sería la última vez que vendrías –Me susurró al oído, mientras acariciaba mi espada.

miércoles, 13 de junio de 2012

78. Efectivas, típicas y hermosas

Este capítulo es un poco soso, pero pretendo animar más la cosa lo antes posible. Bueno, muchísimas gracias a todos los que me leen, que aunque no me comenten, se lo agradezco muchísimo!





Seguí sus pasos, a su lado mientras mis preguntas le abordaban. Estaba nerviosa, pero ninguna idea de lo que se podría tratar su regalo albergaba en mi mente. Mis preguntas no tenían respuesta, simplemente una sonrisa asomada en la comisura de sus labios.
        Finalmente, su paso fue frenando poco a poco varias manzanas más lejos. Mis preguntas cesaron, y cuando levanté la misma hacía el lugar donde nos habíamos parado, mis ojos centellaron de asombro y admiración.
        Una floristería se extendía en frente mía. Los alféizares y el pequeño jardín estaba plagado de plantas extrañas que jamás había visto y de flores todo tipo de color. Me quedé boquiabierta, admirando tal colorido paisaje.              
        -Me he fijado que las flores que te regalé están durando tiempo –Balbuceó con alegría -. Para tu viaje, quiero que te lleves un ramo más… algún recuerdo.
        -Oh, Harry, no hace falta –Titubeé, pero pronto me vi aferrada a su mano y arrastrada hacía dentro -. Además, las flores no me durarán seis meses.
        -Pero si varias semanas –Admitió de forma mohína -. Puedes elegir la que quieras.
Fue rechistar, pero Harry volvió a fulminarme con una pícara mirada que bastó para callarme. Le sonreí agradecida, y me giré hacía el gran mostrador de flores de todo tipo.
        Algunas me azoraron bastantes. Jamás las había visto, eran preciosas pero extravagantes. Había amarillas con forma de estrellas, flores pequeñas y moradas, pero majestuosas. Rosas y redondas, alargadas y naranjas… de toda clase que me dejaron anonada en más de una ocasión.
        Pero a mitad elección, me incliné por lo más práctico y efectivo. Finalicé mi observación y me giré hacía Harry, quien se mantenía un poco más alejado de mi y observando las flores también. Se había entretenido frente a unas rosas azules, que rebosaban del mismo esplendor que cuando me las trajeron. Se percató de mi mirada y se acercó a mí.
        -¿Ya te decantas? –Preguntó con una fulminante mirada que me dejó patidifusa.
        -Estabas observando las rosas azules –Dije sin contestar -. Son preciosas.
        -Cuando las vi me convencí en regalártelas. Me llamaron mucho la atención y… bueno, esperaba llamar la tuya también.
        -Tendrías que habérmelas dado en persona –Comenté con una media sonrisa burlona.
        -Sabes los prejuicios que tenía. Además, ¿para que estropear la sorpresa? –Bajé mi mirada, evocando buenos momentos -. Dime, ¿cuálas te han llamado más la atención?
        -Todas. Jamás había visto una floristería tan… variada –Miré impresionada a las cantidades de macetas -. Pero quiero algo más práctico y en sí, más efectivo – Sonreí con picardía mientras le observaba.
        -¿Cuálas?
        -Quiero que me las elijas tú. ¿No es un regalo? Pues tuya a de ser la idea –Suspiró resignado mientras se cruzaba de brazos, pero no rechistó.
        -Está bien.
Ladeó la cabeza observando la pequeña sala impregnada de flores. Miró a sus alrededores, frunciendo el ceño mientras la dependienta le miraba con interés.
        Era la típica mujer inglesa, de cabello rubio, tez agradable y simpática, con una sonrisa siempre en los labios y ojos azules claros. Era bajita y rechoncha, e irradiaba confianza. Le sonreí disimuladamente mientras mis ojos seguían captando a Harry.
        Finalmente, el batería se separó de nuestro lugar y caminó hasta el otro extremo de la sala. Empezó a toquetear las flores, pero su robusta espalda me tapaba la espalda. Sentí la tentación de acercarme y ver por cualas había optado, pero me contuve para recibir la sorpresa. Finalmente, su esbelta silueta se giró, y un gran ramo de flores se extendía en su mano… un gran ramo de flores rojas.
        Sonreí ampliamente. Había comprendido a la perfección mis palabras. Los ramos de rosas rojas siempre habían sido efectivos, típicos y hermosos. Y allí estaba yo, a punto de recibir el primer ramo romántico en persona.
        Pagó rápidamente, quien la dependienta le sonrió con cariño y me miró con dulzura. Sus ojos estaban achinados de felicidad.
        -Es un ramo muy bonito, jovencita –Me dijo con una suave voz.
Asentí, orgullosa y esperé a que Harry se situara delante mía. Diferencié su tez roja y ruborizada, y después de relamerse los labios un par de veces por los nervios, me entendió el ramo.
        Sonreí todo cuanto pude y lo acepté. Contuve de nuevo mis ganas de besarlo, y sin emitir palabra, salí delante de la tienda. Cuando por fin volvíamos a estar en medio de una calle poco transitada y ancha de Harrow, me volví sobre mis talones, y aún sujetando mi ramo de flores, me eché a los brazos de Harry.
        Este pareció sobresaltarse cuando le abracé, pero no tardó en corresponderme al abrazo y noté su mano acariciándome el pelo y la espalda.
        -Muchísimas gracias, Harry… yo, no sé como… agradecértelo –Balbuceé con gimoteos, mientras expiraba todo el olor que podía de su colonia.
        -Es lo mínimo que puedo hacer –Susurró con alegría, mientras empezaba a acariciarme la espalda -. Yo… quiero que estos últimos dos días sean lo más agradables para ti. Al fin y al cabo, voy a estar todo un verano sin verte.
Se separó lentamente de mí, y de nuevo, nuestros rostros se encontraron más cerca de lo previsto, rozándose la punta de la nariz. Retuve el impulsó y grité en silencio que me besara, pero tras unos segundos observando mis labios con melancolía y recelo, Harry terminó de separarse.

martes, 12 de junio de 2012

77.¿Por qué empezar algo que está a punto de terminar?




Los densos pero flojos rayos de sol que se colaban por el encapotado cielo lleno de nubes me dio en los ojos. Los entrecerré para observar con claridad, y tal como me había dicho segundos atrás mi hermanastro, la esbelta figura del batería estaba sentado en el escalón, cerca de la puerta.
        Suspiré abatida y caminé hacía donde se encontraba él. Al acercarme, hundió su rostro en sus brazos cruzados, los cuales estaban apoyados firmemente sobre sus rodillas flexionadas. Me sorprendí. Jamás me hubiera imaginado a Harry así, tan mohíno.
        En silencio, me senté a su lado derecho mientras cruzaba mis piernas. Miré melancólicamente a la desolada carretera, lo que me entristeció aún más.
        Me mantuve unos minutos más en silencio, observando mi quieto y tranquilo jardín, que parecía ocultarse entre la sombría casa, deprimiéndome aún más. Mantuve el aliento todo aquel tiempo, apreciando la entre cortada respiración de Harry. A medida que pasaba el tiempo, pareció calmarse.
        Tomé las riendas, pensé en mis palabras y entre la incomodidad, impotencia y el sollozo que pedía escapar de mis entrañas, le hablé:
        -Ha… Harry. Lo siento mucho –Mi voz se quebró. Intenté decir algo más, pero mis palabras solamente lograron oírse como sollozos.
No contestó enseguida. Aparté la mirada de él mientras observaba mis desgastadas Victorias rojas, asimilando que no pretendía hablarme en toda la tarde, pero a pesar de que hubiera estado en silencio, tomaría la decisión de quedarme a su lado todo el lado. Pero no. Finalmente, su espalda se irguió y por fin volvió a aparecer su hermoso rostro… totalmente rojo, incluido los ojos, los cuales centellaban vidriosos.
Sus ojos evitaron los míos.
        -No tienes que disculparte. Sé que tal vez te veas en la obligación de regresar, o simplemente quieras alejarte por un tiempo de todas estas confusiones y ajetreos, y lo entiendo. Yo…
        -Harry, ahora es cuando menos quiero irme –Vociferé con dureza -. Pero mi madre quiere que vuelta, y ella, al igual que yo, es muy sensible. Si le dijera que no… no sé que haría Samantha.
        -Lo comprendo. Mi madre es igual –Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios, mientras sus ojos brillaban intensamente, reflejados por los débiles rayos de sol -. Yo no pinto nada ahí. Supongo que tendremos que pasar un verano sin ti –Por fin, sus ojos ladearon y se encontraron con los míos.
        -Regresaré en Septiembre, lo antes posible y para empezar las clases –Balbuceé.
        -Medio año… -Dijo con incalculable melancolía -. El próximo año ya ninguno estaremos en la universidad. Este año estábamos para que Dougie terminase. Cuando ya tengo 18, no tendrá que ir y nos pondremos duros con el grupo – Se encogió de hombros -. Me hubiera gustado tenerte en alguna clase.
        -¿Y por qué tú, Tom y Danny todavía permanecíais allí?
        -Para estar con Dougie, hasta que terminase –Carcajeó -. ¿Te imaginas a caso al pequeñajo de por allí? No. Tom y yo pedimos permanecer un año más, y Danny se quedó su último año.
        -Me alegro de que ocurriera así. Tal vez, si no hubierais permanecido en la universidad, no tendríamos tan buena… amistad –Me costó decir la última palabra, y la pronuncié con infinito dolor.
        -No haberte conocido ni enamorarme de ti habría sido lo que peor me hubiera ocurrido –Una tímida sonrisa volvió a aparecer, mientras desviaba un segundo la mirada de mí, avergonzado. Sonreí roja como un tomate mientras la temperatura me subía.
Nos quedamos así, mirándonos fijamente como unos tontos observando un monumento admirable. Hubiera deseado erguirme de valor, acercarme y besarle aunque fuera un último beso, pero sabía perfectamente de que aquella acción empeoraría las cosas. Mi confusión, supuesta decisión, sus sentimientos y los míos… todo. Además, empezar algo que iba a terminar en un par de días no era la mejor decisión.
        Me mordí el labio y resistí la tentación.
        -Cuando estaba hablando por teléfono con mi madre, llegaste a casa –Él asintió -. ¿Por qué? ¿Habías quedado con Tom?
        -No. Dejé a Brooke y Danny solos en el parque que está un poco más arriba… -El estómago se me encogió. Recordaba aquel parque a la perfección. Fue cuando me enteré de que Harry era quien me había mandado las rosas azules y fue donde me di mi primer beso con él -. y vine. No me preguntes por qué.
        -Harry… -Balbuceé con miedo mientras rehuí de su mirada. Me sentía demasiado desmadejada como para contemplar la verdad en aquellos océanos azules -. Tú… ayer me dijiste que esperarías lo que hiciese falta hasta mi decisión.
        -Sí, así es –Frunció el entrecejo. Sus ojos lograron encontrarme y lo miré con temor -. ¿Y?
        -Cuando… cuando vuelva de España habrá pasado medio año. Yo… -Intenté decir, pero no lograba explicarme. Mi pecho comenzó a sollozar, atemorizada -. Me preguntaba si cuando vuelvas aún existirá… tal promesa… -Cerré los ojos con fuerza, reteniendo las lágrimas mientras mis manos se entumecían.
        Su respuesta parecía haberse retardado mil años, mi organismo comenzaba a agitarse y la verdad empezaba a formarse en su mente. Hasta que por fin, su voz sonó clara y firme.
        -Oh, pues claro que sí. Sabes lo que siento por ti, y sé que cuando regreses aún estaré con la demora –De pronto, noté sus brazos rodearme por la espalda, abrazándose, y algo húmedo cayó sobre mi cabello -. Evelyn, te quiero, y no sabes lo difícil que es admitir que… te vas. Tengo miedo de que te acomodes en España y no quieras volver, que no pueda volverte a ver, ni abrazarte, ni… besarte –Su voz sonaba entrecortada y su pecho vibraba. Un gran abismo se formó en mi interior -. No puedo con esa verdad.
        Me separó poco a poco de mí varios palmos, y con una mano levantó mi barbilla. Me encontré contemplándole un poco más debajo de su rostro, mientras sus ojos parecían brillar más que el mar en un atardecer de verano. Sus rostro era aliciente, siempre lograba serlo, pero aquel momento era mágico, y de nuevo, el impulso desenfrenado de besarle apareció. Me logré sacar fuerza y me controlé, mordiéndome el labio mientras que mis lágrimas pedían aflorar de nuevo.
        De pronto, noté de nuevo su mano agarrar mi mentón. Mi respiración se entrecortó, mis músculos dejaron de responderme y mis ojos brillaron con recelo, suspicacia y miedo. Pero sobre todo con recelo, pues le pedía a gritos que hiciera aquello que yo me negaba a hacer. Si lo hacía él, me resultaría imposible negarme a besarle.
        Acarició de nuevo el mentón, mientras me miraba con infinito cariño. Sonrió melancólicamente, y pareció adivinar mis motivos de no besarle, pues su mano se apartó de mí y levantó la vista.
Me quedé observando su pecho, triste, resentida pero lo entendía. Yo misma había actuado y pensado de la misma forma.
        -Me gustaría hacerte otro regalo antes de tu marcha –Susurró mientras se separaba de mí con una sonrisa -. Ven, no está muy lejos de aquí –me dijo con confianza, mientras se levantaba con rapidez  me tendía una mano.
No dudé. La agarré con firmeza y dejé que me llevara donde fuera.

lunes, 11 de junio de 2012

76.Un segundo


Muchas gracias a los que todavía me leen! Un besito :3





Con un mero y sumo cuidado, dejé el teléfono sobre la encimera mientras las últimas gotas de lágrimas corrían por mis mejillas. Obligué a mi cuerpo a resistir el lloro y el gimoteo, a pesar de las circunstancias y los últimos acontecimientos.
Respiré hondo, me sequé las lágrimas y sonreí forzadamente. Salí lentamente de la cocina.
Allí, en el salón, había más gente que antes. Abrían transcurrido veinte minutos alrededor, y no solo James y Debbie charlaban animadamente.
La pequeña Carrie descansaba en el sofá, viendo un entretenido partido de baloncesto. Su hermano Tom gritaba algo a alguien, pero mis oídos aún estaban taponados.
Desvié mis ojos cerca de la entrada, donde una figura delgada pero algo corpulento, de cabello oscuro y espaldas a mí rozaba con los dedos las ya desgastadas rosas azules, las cuales sus hojas habían comenzado a marchitarse poco a poco.
Respiré una bocanada de aire violento, mientras mis ojos observaban con fascinación aquel chico. Mis ojos volvieron a humedecerse ante el dolor, y llevé una de mis manos a mi boca, para evitar de nuevo un gimoteo. No pude reprimirlo.
Los presentes se callaron, solamente se oía el bajo volumen del partido y sus gritos. James y Debbie me miraron con suma preocupación, mientras que los hermanos Fletcher se dieron la vuelta para observarme. Tom parecía no entender lo que sucedía. El chico se dio rápidamente la vuelta al escuchar, a pesar de la distancia, perfectamente mi gimoteo. Los ojos de Harry me miraron preocupados y miedosos.
                -Evelyn –Susurró con cuidado Tom, mientras se levantaba de su lugar -. ¿Qu… qué ocurre?
No pude explicárselo. Nada más intente soltarlo de refilón, el llanto afloró y tuve que tapar mi rostro. Las lágrimas empezaron a fluir por mis mejillas.
Noté que alguien me rodeaba con sus brazos y me abrazaba. No me importaba quien fuera, ni me molesté en levantar la vista en señal de gratitud. Descargué todo mi llanto en su hombro mientras escuchaba atentamente la conversación.
                -Señor Lekker –Oí susurrar la voz de Harry. De nuevo, un abismo se extendió en mi corazón. Lo más duro de mi abandono era mi ausencia para mi decisión -. ¿Qué ha ocurrido?
                -No lo sé concretamente –La voz de papá sonaba entre cortada. Sabía que estaba sufriendo al verme -. Su madre ya telefoneó anoche. Quería llamarla para hablar sobre España, no se concretamente –Noté su mano posarse en mi brazo -. Evelyn, ¿qué ha ocurrido? ¿Ha sucedido algo?
                -Todo esta bien –Dije con un filo de voz, pero sin despegar mi rostro del desconocido hombro -. Es… es mamá. Quiere que vuelva a pasar el verano.
                -¿Qué le has dicho? –No te la voz de Tom vibrar en mi cabeza. Supe definitivamente quien me había abrazado -. Eve, ¿te vas?
                -Yo… -Intenté decirlo, pero no pude. Simplemente me dediqué a asentir con pesadumbre y melancolía -. Ti… tiene planeado que regrese en dos días, el sábado. Dice que tenemos muchas cosas… que hacer –y volví a rendirme entre llantos.
                -¿Cómo? –De nuevo la ronca voz del batería me perforó el corazón –Te.. ¿Te vas? ¿Hasta cuándo?
                -Dice que si yo quiero, podría volver en Septiembre, al comenzar mi último curso –Mi voz sonaba colectiva. No me atrevía a hablarle directamente -. Pero ya seré mayor de edad; podré hacer lo que quiera.
Finalmente, me llené de valor y me separé del pecho de mi hermanastro. Le observé con gratitud, mientras intentaba sonreír. Él, por su parte, dibujó forzadamente una sonrisa pero que llegó a relajarme. Mis ojos se centraron en el Rolex de papá.
                -Pe.. pero Eve –La dulce voz de Carrie me embriagó. Era mohína y relajada -. ¿Tú no te quieres ir, no? ¿O prefieres volver a España con… los tuyos?
Aquella última frase me hizo reflexionar. En efecto, yo pertenecía a España de toda la vida, a pesar de que durante el divorcio papá decidiera regresar a su país natal, Inglaterra. Había estado toda la vida entre sol y playa, y no a la niebla, lluvia y frío. Pero la realidad era que yo ya me sentía alguien más en aquel país inglés.
                -Claro que no quiero volver –Sentencié con obviedad, mientras obligaba a mis ojos a no mirar al castaño que se mantenía en un incómodo e impasible silencio.
                -Yo… -Su voz logró captar toda mi atención. Por fin tuve la escusa para observarle: mantenía la vista fija en el suelo mientras su voz sonaba profunda –Necesito un segundo –Dio media vuelta y salió de la casa.
                -Me parece que todo el mundo necesita varios segundos –Admitió Debbie mientras me pellizcaba la mejilla con un especial cariño -. Eve, haz lo que creas mejor. Siempre tendrás a tu familia aquí: a tú hogar.
Resistí las ganas de volver a derrumbarme y callé. Papá me dio un tierno abrazo, mientras sus ojos empezaban a iluminarse. Me dio la espalda y se dirigió al pasillo, seguido por Debbie. Carrie, por su parte, me dio unas palabras de apoyo y corrió a su habitación.
                -Eve –Me susurró Tom mientras me rodeaba con un brazo por el hombro y empezábamos a andar lentamente hacía el recibidor -, sinceramente pequeña, no quiero que te vaya. No quiero estar todo el verano sin verte, ¡ya tenía un montón de planes hechos! Pero, si crees que deberías regresar a España, nosotros estaremos aquí cuando vuelvas.
                -Gracias Tom –Balbuceé con voz llorona -. Se qué estaréis aquí, se que no será la última vez que os vea, pero a pesar de eso, hay otra cosa que también me destroza por dentro –Observé de forma mohína las rosas azules.
                -Es Harry, lo sé –Suspiró -. Me ha contado lo sucedido anoche, todo. Y, entiendo que esto a cambiado todos los planes previstos, pero es tu decisión. Es dolorosa, sí, pero inevitable. Aún tienes diez y siete años, y al igual que tu padre, tu madre tiene tu custodia. Eso Harry lo entiende –Me revolvió el pelo con cariño -. Solo te digo una cosa: yo ya sabía lo que sucedía entre vosotros dos.
                -Tengo miedo de irme –Dije con una carcajada – y que cuando vuelva ya nada vuelva a ser como antes. Que hayan desaparecido algunas cosas –Intenté caminar hacía la ventana que daba al jardín, pero me quedé parada. No me atrevía. Tom avanzó hasta ellas y se quedó observando el exterior, con los brazos cruzados -. Sería medio año insoportable.
                -El tiempo al principio pasa lento, luego, ya te acostumbras. Pero si aún quieres podrás volver en Septiembre, y te obligaré a hacerlo –Se giró para verme para guiñarme un ojo. Descubrí con incredulidad una lágrima resbalarse por su mejilla –Al fin y al cabo, tendremos más veranos.
                -Tom, estás lloran… -Titubeé con voz entre cortada.
                -Está ahí fuera, sentado en el escalón del jardín –Me interrumpió mientras volvía a mirar por la ventana -. Ves a hablar con él, lo necesita. No sabes como ha sido su cara al oír la noticia… me parece que James sospecha algo.
                -Yo no sé que decirle, Tom.
                -La verdad. Simplemente la verdad. Sé que Harry sabrá que decirte –Me animó, y mientras me dedicaba una última sonrisa, caminó hacía la televisión -. Luego me contarás, obviamente.
                -Me encanta tu optimismo, hermanastro –Dije con alegría mientras me encaminaba hacía la puerta.
                -Nunca llores porque ha acabado, sonríe porque sucedió –Comentó con tono filosófico mientras se dejaba caer en el sofá -. Creo que comeré patatas.

sábado, 9 de junio de 2012

75. Impasible al amor






La agazapada silueta de una adolescente abrió la verja y se adentró dentro del pequeño jardín, echando un vistazo por el rabillo del ojo al buzón donde descansaba escrito Poynter.   
Sonrió disimuladamente, entre la sombría sombra que le proyectaba la capucha, la cual tapaba sus ojos de la vista de los demás. Vestía Converse negras totalmente desgastadas, con los cordones rotos y pequeños costados abiertos por los lados. Unos vaqueros azules, desgarrados permitían a las pequeñas gotas de lluvia colarse por su rodilla, helando sus delgadas piernas y erizando el resto del cuerpo.
Durante el trayecto chapoteó un charco de barro formado en el jardín, pero pasó indiferente y no frenó su velocidad hasta que llegó al umbral de la puerta.
        Respiró profundamente, preparándose para sus palabras mientras se quitaba la capucha y llamó una sola vez al timbre. El sonido de este retumbó como el eco por toda la casa, pero no solo llegó a percibir eso; una floja risa carcajeó no muy lejos de la puerta.
Segundos después, se oyeron los cerrojos abandonando sus posiciones, y segundos después la puerta de abrió completamente. Dougie, con cabellos revueltos y sonrisa pícara en los labios, detalló la imagen de la chica que había llamado al timbre. Esta sonrió, hasta que de repente, entre el delgado cuerpo del bajista, apareció una chica más diminuta que él. Sus cabellos eran rubios, llegados hasta los hombros y con bucles. Una sonrisa sin agujeros se asomó tímidamente, pero la chica de Converse no disminuyó su sentimiento. Sabía perfectamente quien era aquella chica.
        -¿Brooke? –Preguntó Dougie mientras fruncí el ceño -. ¿Ya les toca la hora de la comida a las lagartijas?
        -Sí –Musitó esta, entrando sin permiso en la casa y empujando desapercibidamente a la chica, quien sofocó un gañido –Siento interrumpir –Mintió.
        -Oh, no –Murmuró el bajista quien se volvía hacía las dos mujeres tan distintas –Brooke, te presento a Amy Gunn.
        -Sí, la conozco –Dijo de forma tosca -. ¿Eres una de las amiguitas que va con Anne Grint?
        -Sí –Pronunció débilmente pero sin retirar una petrificante mirada a la chica de jirones -. Es una de mis mejores amigas.
        -Se nota –Murmuró para sus adentros, pero perfectamente la rubia la escuchó -. Tengo amigas que tienen una relación muy abierta con ella. Se odian, o mejor dicho la odian.
        -No tendrían porque hacerlo.
        -Las entiendo. Diferenciamos virus en cuanto los captamos –Charqueó con una sonrisa burlona -.
        -Está bien –Las interrumpió Dougie, mientras su aspecto se volvía adusto -. Amy, creo que será mejor vernos en otro momento -Fulminó con una pícara mirada a la castaña.
Con un último adiós hacía su amigo, la chica se dirigió hacía la puerta principal y abandonó la casa, con un golpe seco de la puerta que dejó un sepulcral silencio entre ambos individuos que permanecieron dentro del hogar. Se rehuían la mirada, hasta que el bajista la posó firmemente en ella. Holly intentó disimular, pero no lo logró por mucho tiempo. Tras unos segundos de incomodidad, suspiró y batalló a los ojos azules que la miraban con alegría.
        -Que bien habéis congeniado tú y Amy –Comentó asintiendo -. Estoy segura que tras lo ocurrido comenzará una grandísima amistad.
        -Oh, cállate –Le pidió Holly con una carcajada -.Sabes que no me cae bien la gente como esa chica.
        -Apuesto a que ese no ha sido el único motivo por el que le has hablado con tantísima amabilidad –Se atrevió a decir mientras enarcaba una ceja -. ¿Me equivoco?
        -¿Qué te hace pensar eso? –Preguntó con osadía la castaña. Se mantenía impasible y con una sonrisa torva dibujada al rostro.
        -Oh, nada –Se apresuró a decir Dougie, mientras le daba la espada -. ¿Vamos a alimentar a las pequeñas?
El bajista dirigió el paseo hacía el garaje, donde las jaulas de las lagartijas descansaban bajo una bombilla expuesta especialmente para ellas. Sacó con ayuda de Holly la comida, y juntos empezaron a llenar sus cuencos. Pero el rubio no dejó abarcado el tema anterior.
        -¿Qué tal tu vida amorosa, Holly? –Le preguntó con malicia -. ¿Sigues sin encontrar a nadie?
        -No hay nadie que se ajuste a mis requisitos –Se apresuró a defenderse       .
        -¿Seguro que es ese el motivo? –La furtiva mirada de la chica se giró rápidamente para amenazarle, pero este huyó de sus ojos -. Nunca has tenido mucha suerte respecto a los hombres.
        -No soy tan desagradable por naturaleza, cerebro de mosquito –Dijo de forma vil -. Enamorarse es el peor sentimiento: sufres por algo que sabes que acabará. Rehúyo de ese sentimiento, y mi carácter indiferente y violento me ayudan.
        -A mi no me sirve el aspecto ese de chica mala –Dejó descansar la bolsa de comida y se giró para observarla –. Te conozco lo suficiente bien para saber que por dentro eres tan sensible como una flor. Puedo cazarte en cuanto te descuides y yo pretenda. No escapas de mí.       
        -¿Qué te hace estar tan seguro? –Contrarrestó Holly girándose hacía él, desafiante -. No creas que dominarme es tan fácil. Puedo conti…
Pero sus frases no lograron terminar. Dougie, con un ligero movimiento durante su descuido, cerró el camino de las palabras con un tierno, rápido pero eficaz beso a la chica que la inmutó al segundo. El medio segundo que duró tal beso, la tez de la chica se volvió pálida y observaba al bajista, pero con la mirada perdida. Este sonrió cerca de su rostro, y sin temor a ser rechazado, agarró firmemente de la cintura a su amiga y la volvió a besar, pero más desenfrenadamente que antes.
        Holly sintió el impulso de apartarle de un golpe y de controlar la situación. Su orgullo por su firmeza de sentimientos era respetable para ella, y no quería echar a perder tal reputación delante de él por un simple beso. Pero incluso ella no podía negar que llevaba demasiado tiempo anhelando el tacto de aquello delgados y rosados labios, de los sentimientos de explosión que le conllevaban en aquel momento y de la seguridad que le llegaba a ceder.
        Y con total seguridad de que era lo que quería, la chica se aferró firmemente al cuello del bajista. El besó se intensificó, entrelazando las deseosas lenguas hasta que segundos después, se separaron lentamente, dejando una añoranza entre sus labios.
        El colorete de la chica había saltado y sus mejillas rosadas delataban su timidez.
        -¿Por qué...? –Se aventuró a preguntar, pero su voz se quebró. Sus sentimientos estaban peligrosamente confusos.
        -Hace tiempo ya que quería besarte –Confesó Dougie, huyendo esta vez él de su mirada. Se apoyó sobre la lóbrega pared mientras se encogía de hombros -. No se si hago bien.   
        -Me ha gustado –Declaró Holly, impresionando a su amigo.
        -¡Vaya! ¿Acabas de expresar tus sentimientos?
        -No confundas. No he declarado nada –Intervino Holly con dureza y serena mirada -, solamente he admitido.
        -¿Me quieres? –Preguntó con osadía Dougie, separándose de la pared con adustez.
        -En ningún momen…
        -¿Me quieres? –Volvió a interrumpirle él, siguiendo a los pasos que se alejaban de él.
        -Doug, estate quieto. Yo…
        -¿Lo haces?
        -¿Y tú a mí? –Preguntó con voz firme e impetuosa. Los ojos del bajista analizaron varios segundos los suyos, confirmando su respuesta mientras brillaban con un extraño esplendor.
        -Yo sí. Te quiero.
Aquellas últimas palabras fueron suficiente para que Holly ahogara un grito de alegría mientras sonreía. Este le devolvió la sonrisa, confuso pero feliz, y antes de emitir ninguna pregunta más, Holly se echó a sus brazos, eludiendo su vergüenza y sumergiéndose en un profundo beso.

jueves, 7 de junio de 2012

74.Adiós lluvia, frío y niebla. Hola calor de Valencia


Me vais a hacer crear un nuevo mar en cuanto no vea comentarios. Los desolados tablones me hacen pensar que ya no me lees, cosa mohína. ¿Me abandonasteis? Jeje, voy en broma. Solamente agradecería de corazón corazón que comentarais alguna buena o mala opinión, o un simple "Oullea". Cualquier cosa, que me desespero u.u




En el momento en que volví a pisar un pie en Harrow, sabía que todo seguiría igual: las clases, los amigos, mi relación con Harry, y así durante un buen tiempo.
Me despedí de mis amigos, echando un último vistazo al conductor. Harry me dedicó una cálida y reconfortante sonrisa, a pesar de que sabía que aquel talante mohíno que poseía no iba a desaparecer.
Cerré la puerta en un golpe seco y les di la espalda. Cuando llegué a casa, me percaté de que mis llaves estaban en el mismo lugar donde las había dejado antes de salir de casa: encima de la cama, olvidadas por las prisas.
Suspiré fastidiada y llamé un par de veces al timbre. Este tardó en abrirse, pero la tez resentida que apareció enfrente mía me hizo arrepentirme de haber llamado.
James fruncí el entrecejo, con su conocida cara de enojo. Se cruzó de brazos sin dejarme hablar, ambos en un incómodo silencio donde solamente se oía mi aliento, hasta que la quebró:
-¿Con qué pasaste la noche en un hotel con tus amigos? –Musitó sin cambiar de aspecto.
-Yo… -Intenté explicarme -. ¿Quién te lo ha hecho saber?
-Un tal Daniel Jones llamó a Debbie para hacérnoslo saber, aunque hubiéramos preferido que nos lo comunicaras antes de haberte ido.
-Me enteré una vez estuve allí, cuando caí la noche, papá –Contradije, entrando a trompicones dentro de la casa -. No es que lo hubiera elegido yo. Además, todos se iban a quedar allí a pasar la noche y no iba a ser yo la que exigiera irse, ¿no?
-Podrías haberme llamado –Prosiguió con sus quejas.
-James, deja a la pobre Evelyn en paz –Pidió la risueña madre de Tom mientras aparecía en el salón. Sujetaba con una mano el teléfono inalámbrico. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal -. Es otra vez Samantha, -me dedicó una fulminante mirada llena de curiosidad –y pregunta lo mismo.
Di un paso para acercarme al teléfono, pero papá me cerró el paso con una mirada soberbia. Me sonrió débilmente, mientras que con el dedo índice me indicaba que esperara un segundo. Me paré a escasos metros de él, esperando mi turno.
-¿Mamá? –Pregunté. Miré interrogante a Debbie, quien parecía intentar captar cada emoción que expresaba -. ¿Por qué ha llamado?
-A noche ya llamó –Me susurró para no molestar a James. Se acercó un poco a mi – pero al no estar tú nos dijo que ya llamaría hoy. Quiere hablar primero con tu padre y después contigo.
-¿A ocurrido algo? –Pregunté con temor.
-Esperemos que no.
Su respuesta no me tranquilizó. Me senté en el sofá, dedicando una atenta y penetrante mirada a mi padre quien me observaba de vez en cuando a través del rabillo del ojo. Hablaba tranquilamente con mi madre, pero sin expresar ningún tipo de emoción. Me extrañó. La última vez que les había visto hablar, mi padre había sido muy susceptible.
Finalmente, mi espera llegó a su fin. Con una rápida despedida, James se apartó el teléfono de la oreja y me lo extendía. Me levanté con júbilo, deseosa de poder volver a oír a mi madre. En aquel momento, Tom entraba en casa.
-¿Qué oc…? –Intentó decir, pero mi grito de saludo lo interrumpió.
-¡Mamá! –Chillé dando un pequeño saltito en el suelo -¿Cómo estás? ¿Por qué no me habías llamado? Llevo meses sin saber nada de mi madre, a la otra punta de donde ella se encuentra –Reí -. ¿Qué tal fueron las vacaciones?
-¡Evelyn! –Gritó con la misma alegría que yo. Las caras de los demás delataron que la podían oír, de modo que me alejé a la cocina para tener privacidad -. Cuanto tiempo, mi pequeña. Siento mucho no haberte llamado antes, pero estuvimos muy ocupados durante el viaje. Día allí, día allá… y recién llegamos. ¡Estamos agotadísimos!
-¿Agotadísimos? –Pregunté.
-Oh, lo siento. No pude comunicarte que hice un nuevo amigo aquí, en Sud América. Se ha venido un tiempo a vivir a España, con…
-¿tigo? –La interrumpí. Ahogué una forzada risita. De nuevo, volví a sentir aquel sentimiento de desconcierto y perturbación que me recorrió el día en que me enteré de la relación de Debbie y James -. ¿Vive en casa? ¿No dormirá en mi habitación, no?
-No, cariño, no. –Carcajeó a la otra línea, llega de alegría -. Se llama Pablo. Es un hombre muy amable y cariñoso. ¡Seguro que si le conocieras te caería bien! Pero bueno, el motivo de mi llamada no ha sido solamente para comunicarte la repentina mudanza de Pablo.
-¿Entonces? –empezaba a impacientarme.
-Quería proponerte que volvieras en los próximos días a España –Dijo secamente, con miedo en la voz. Mi corazón se detuvo un momento, analizando la situación –Me dijiste que en cuanto volviera, que te llamase, pasase el tiempo que pasase. Y así lo he hecho; además, ya llevas unos largos meses con tu padre, ¿no echas de menos a tu madre, a tus amigos y a Lacy?
Tardé en contestar. La garganta se me había secado impidiendo que las palabras fluyeran con claridad, y un recuerdo de mis totalmente diferentes amigos de España y mi perra Lacy despertaron en mi mente. En todo aquel tiempo, me había olvidado completamente de mi mascota. Marvin había ocupado parte de su lugar, pero no había reiterado añoranza.
Y respecto a mis amigos, hubo una rápida comparación entre los nuevos de Gran Bretaña y los viejos de España. Sin duda, conocía muchísimo mejor a los de mi país natal, a los que llevaban desde primaria a mi lado, pero la balanza marcaba a favor de los de Inglaterra. Tal vez los conociera de menos tiempo, fueran la nueva novedad para mí, pero estos me había demostrado claramente su aprecio hacía mi y me habían hecho sentir alguien, a diferencia de los otros.
-Mamá… -Mi voz empezó a amenazar con su gimoteo, pero lo disimulé –He hecho nuevos amigos aquí, en Londres, en Harrow.
-Ya me lo dijo papá, pero tal vez te convenga volver a ver a tus antiguos amigos –Su voz parecía estar esperando la afirmación de mi regreso –Además, no descartes la idea de volverme a ver. Y no dejarías de ver a tus amigos para siempre; después del verano volvería, siempre que quisieras, para acabar las clases allí.
                -¿Todo el verano allí? –Empecé a sentirme más asustada. Sabía la emoción de mi madre de que regresara y sus ganas, y decirle un no y rechazarla para quedarme junto a mi padre la dolerían, y mucho.
                -Sí. Supongo que iríamos en Agosto o Julio a Barcelona o Marbella. ¡Pablo quiere visitar esas provincias! –Su voz se volvió sombría y mohína -. Pero si te decantas a quedarte en Inglaterra, supongo que será porque allí estarás más… cómoda. Lo entiendo, aunque tengo que admitir que me defraudaría un poco cierta elección. Pero prefiero lo mejor para tu bien, Evelyn.
Me mantuve callada varios segundos, observando a través de la ventana como una densa llovizna se estampaba contra el cristal. Adiós niebla, adiós frío, adiós lluvia. Hola sofocante calor de Valencia. ¿De verdad era aquello lo que prefería? Fuera o no, la simple imagen de mi madre recibiendo mi rechazo me impidió decantar sobre aquello que realmente quería.
                -No, mamá, tranquila. Regresaré a casa por verano –Musité amargamente, mientras las lágrimas brotaban finalmente de mis ojos y resbalaban por mis mejillas.

lunes, 4 de junio de 2012

73.No será la última vez.




Me mantuve en silencio, conteniendo el aliento mientras esperaba a que la pareja prosiguiera. Parecían estar inspeccionando la habitación, pero si corría el riesgo de abrir mis párpados podría estropearla.
                -Me parece que no ocurrió nada picante en su velada. –Susurró Brooke cerca de mí. –No hay rastro de ropa, ni de objetos airados.
                -Pero durmieron juntos, abrazados. –Masculló Danny con aire confuso.
                -Tal vez se besaron. Pero por ahora solo descubriremos al esperar. –Su risa se perdió por la habitación. –Eve me lo contará todo lo que paso anoche en cuanto me vea.
                -Esperemos que les fuera bien. Vaya, tienen mejores vistas que nosotros. –Opinó Danny.
Evité de nuevo la tentación de despertarme. Quería darles un buen susto, por no respetar nuestra privacidad, pero seguí tumbada y sin moverme.
De repente, noté que alguien me apretaba el brazo. Las voces de Brooke y Danny se oía lejos, como si estuvieran asomados al balcón, de modo que no resistí la tentación y volteé mi cabeza hacía el lugar palmado y abrí los ojos para descubrir.
La mano de Harry aferraba mis hombros de forma fogosa. Giré la cabeza para verle y me lo encontré con una sonrisa dibujada en el rostro. Estaba despierto.
                -¿Cuánto tiempo llevas despierto? –Susurré en un fino hilo de voz.
                -Desde que Brooke se ha reído. Danny debe haber entrado con la otra copia de llaves. –Estiró su cuello hacía el balcón. Le imité, y para mi alivio me encontré a la pareja asomada al balcón y disfrutando del vivo color de la mañana.
                -¿Qué hacemos con ellos? –Pregunté con una sonrisa pícara en los labios.
                -Quédate aquí y hazte la dormida. –Me pidió mientras retiraba su brazo como almohada. –Voy a asustarles.
                -Pero… -Fui a decir cuando empezó a alejarse detrás de las cortinas, pero me vi callada cuando observé por el rabillo del ojo a la pareja voltearse.
Instantáneamente dejé caer mi cabeza muerta y volví a hacerme la dormida. Agudicé el oído mientras resistía la tentación de reventar mi mar de carcajadas:
                -Le llevó a una terraza de uno de los restaurantes y cenaron allí. –Prosiguió Danny. –Sé hasta ahí. Tal vez en la velada Ha… -Se calló varios segundos, patidifuso, hasta que volvió a añadir: -¿Y Harry?
                -T-tal vez haya ido al baño. –Calló. –N-no. La puerta está abierta. ¿Nos habrá visto?
                -No lo sé. –Masculló Danny. –Pero espero que no le haya molestado. Es muy… -Pero no logró terminar la frase cuando se oyó el grito estridente de Brooke.
Por fin atrevida, recuperé mi compostura y me levanté de la cama. Lo hice a tiempo de poder otear el gran salto que dio mi amiga, mientras Harry la aferraba de detrás de la cintura a ella y su amiga. Danny, por otra parte, se estremeció y dio un salto hacía un lado.
Rompí a reír, acompañada del batería.
                -¡Imbécil! –Chilló Brooke, aferrándose el corazón. -¿Sabes el susto que me has llegado a dar?
                -No haberos colado en nuestra habitación –Logró decir Harry a duras penas. Parecía faltarle el aire para respirar. -. ¿Qué hacíais aquí?
                -Vimos a ver si… -Intentó excusar Danny.
                -Sí había sucedido algo entre Harry y yo. –Terminé por él. –Llevó bastante más tiempo despierta antes de que lo estuviera Harry.
Brooke apretó los labios, frustrada por su descubierta y se cruzó de brazos. Danny se echó a reír con sus destacadas carcajadas, uniéndose a nosotros mientras rodeaba de la cintura a su supuesta nueva pareja. Miré maravillada a aquellos dos; sentía envidia por su buena suerte, pero a cambio, incondicional alegría por su estatus.

Pocas horas después de la mañana, me vi abandonando aquel esplendido lugar antes de que pudiera despedirme. Subí al coche, colocándome detrás junto a Brooke, y mientras Harry arrancaba el motor, ambas apegamos nuestros rostros a la ventanilla. Observamos anonadadas la plaza, con sus mesitas y sus toldos. Contemplamos el lago, donde a lo lejos parecía vislumbrarse un rosa claro.
                -Le ocurre lo mismo que el lago de Eau Morts, en Francia –Comentó Brooke mientras sus ojos brillaban de entusiasmo. –. Parece teñirse de rosa al final.
                -Es un sitio especial –Opiné encogiéndome de hombros pero sin apartar la vista. -. ¿Dónde estamos, chicos?
                -Si os lo contáramos perdería toda su gracia. –Dijo Danny mientras se giraba para vernos, destacando una de sus animadas sonrisas.
                -Pero entristece pensar que será la última vez que pisaremos esto. –Balbuceé de forma mohína.
                -No será la última vez que pises esto. –Aseguró Harry mientras comenzaba a conducir por una alargada carretera que se perdía en una masa de árboles al final. Diferencié una sonrisa torcida en su rostro.
Finalmente, recuperé mi compostura y suspiré. En apenas una horas habían sucedido cantidades de cosas, no tan malas como las había pintado al principio. Harry sabía cuales eran mis sentimientos: confusos, pero los había respetado y jurado esperarme. Mi teoría de que saldría despavorido y negándose en rotundo a esperar una decisión mía no se había cumplido.
                La voz de Brooke hizo que mi pequeña burbuja de pensamientos se rompiera ante su exigio.
                -Vas a tener que contarme todo lo que sucedió anoche, Evelyn –Susurró débilmente a mi oído -. Absolutamente todo.
Asentí mientras sonreí. Su opinión era de vital importancia para mí en aquellos momentos.

viernes, 1 de junio de 2012

72.Confesión


Últimamente, cuando tengo tiempo de escribir lo dedico a la otra historia. ¡Pero no me olvido de esta! No pienso abandonarla así porque sí sin desvelar el final. Así que tranquilos, todo llega a su tiempo :) Muchas gracias, me fijo en las visitas y sé que me lees, o eso espero.






Creí que el corazón se me iba a salir por la boca cuando pronunció sus palabras. No podía creer lo que me decía, ni si quiera lo estúpida que estaba siendo al no girarme y besarle. ¿Cómo podría tener dudas después de todo lo vivido? ¿Cómo podría suponer que no estaba enamorada de verdad, sabiendo que un dolor tan profundo como el que sentía yo hacía él no podría ser más doloroso?
Permanecí callada, alicaída mientras la respiración del batería chocaba contra mi pelo. Hubiera roto a llorar contra su hombro si se hubiese tratado de otra persona, pero aquel chico sería el causante de mis llantos. Sin poder remediarlo, una pequeña lágrimas se me escurrió por la mejilla, cayendo sobre su regazo.
                -Lo siento… -Balbuceé aún con el nudo en la garganta. –Perdóname. De verdad que me arrepiento mucho.
                -¿Arrepentirte de qué?
                -De ser como soy.
                -No. –Su voz de volvió adusta. –Jamás sientas eso. Prácticamente tu forma de ser me ha enamorado de ti, Evelyn. Eres diferente, eres especial; tienes una forma curiosa de ignorar a la gente, pero al mismo tiempo te desvives por ellos y por su estado. Eres una de esas personas que jamás se comería el último trozo superviviente de la caja de pizza; preferirías adjudicárselo a otro.
                -Pero yo… ¿yo te lo estoy haciendo pasar mal?
                -Sí. Pero dime, ¿en que amor no se sufre? –Reí por lo bajo. Estaba completamente en lo cierto. –Pero si tus sentimientos no están de acuerdo con los míos, no se puede remediar.
                -No. –Dije firmemente, harta de mentir.
                -¿No? –Un hilo de esperanza pareció escaparse de su voz, pero su lógica volvió a actuar por el medio. –No, no se pueden modifi…
                -Cállate, Harry. –Le pedí mientras me separaba de él. El llanto estaba asomándose por mi voz. –No vuelvas a decir que no siento lo mismo por ti porque… -Desvié un segundo mis ojos hacía él. El corpulento me miraba con el ceño muy fruncido. –porque…
                -¿Por qué? –Me incitó a proseguir.
                -Porque no lo sé. –Gimoteé. Rompí a llorar definitivamente, pero no tardé en volver a sentir los brazos de Harry rodeándome. –No sé que siento por ti.
                -¿A que te refieres?
                -Yo por Dougie creía estar enamorada, pero no. Solamente fue una ilusión, una ilusión de poder haberme enamorado de nuevo después de tanto tiempo. Me hice ilusiones y me equivoqué. ¡Y no resultó nada agradable! Y… y de nuevo yo…
                -Crees que lo que sientes por mi es una ilusión también, ¿no? –Su voz pareció desmoronarse por el camino.
                -No se si es una ilusión o si de verdad me he…
Mis palabras nos fluían por la garganta. Obligué a soltarlas, pero una parte de mí deseaba que Harry terminara la frase. Pero le conocía, y yo en parte, tenía algo en común con él. Suena delicioso que la persona de la que estás supuestamente enamorado pronuncie tal adjetivo refiriéndose a ti.
                -…enamorado. –Solté en un suspiró. Contuve el aliento, esperando que prosiguiera.
                -En eso no te puedo ayudar, aunque sepas que siempre me tendrás ahí cuando tengas un problema. Esa confusión de sentimientos no puedo deshacerla yo y elegir por ti. La única elección la puedes tomar tú. Yo solamente puedo esperar. Y lo haré encantado… esperaré todo el tiempo que haga falta hasta que asegures.
                -¿Y si pasaran veinte años? –Bromeé con una risita floja.
                -Aunque pasaran veinte años. –Prometió, y juntos nos tumbamos en la cama.
A su lado me sentía segura. Parecía que todos los defectos y problemas de la vida pudiesen desaparecer si él me agarraba. Me olvidé de la crueldad de la vida, de las complicaciones y los acertijos. Aquel momento era mágico, apartado de la realidad, y solamente aferrada a Harry.
Y entonces caí dormida en su hombro.
                              


Mi sentido se despertó a buena mañana, pero no abrí los ojos en ningún momento. Notaba los rayos del sol marcando la mañana a través de mis párpados cerrados. Desde fuera de la ventana del hotel podía distinguir algunos animales volátiles sobrevolar cerca de mi habitación, mientras decoraban la madrugada con su canto.
Evoqué lo sucedido la pasada noche: el beso, la confesión, su promesa de esperarme… una vez más, el corazón se me derritió de la ternura.
Quise abrir los ojos y rodearle, pues aún que su brazo estaba sirviéndome como colchón, pero me contuve. No debía de precipitarme ante la duda.
Me tentó la idea de despertarle yo misma aquella mañana, pero a mitad decisión, algo pareció chocar contra lo que parecía una estantería. Oí el chistar de alguien, y el corazón se me paró. Contuve la tentación de abrir los ojos y mirar de quien se trataba, pero me contuve. Tal vez habían entrado a robarnos, matarnos, o era la limpiadora. O quizás podría tratarse de aquel monstruo que vivía dentro de mi armario, y de que a mi niñez caí en la conclusión que debía de haber sido homosexual al no salir jamás del armario.
Un risita se ahogó en la habitación, resistida, una vez más le regañó el chisteo. Comprendí de que debía de tratarse de dos personas. Un nudo se me formó en el estómago, mientras el miedo empezaba a apoderarse.
                -¡Shhh! Por Dios, ten más cuidado o acabarás por despertarles. –Murmuró una voz ronca de hombre, extrañamente familiar para mis oídos.
                -Están dormidos como un tronco. ¿Crees que anoche sucedió algo entre ellos?
                -No lo sé. Están vestidos. –Una risita se escapó de la voz del hombre. Al momento, diferencié aquella risa tan peculiar y estruendosa. –¿Les despertamos?
Danny Jones se había colado en nuestra habitación. Contrariada, me contuve la tentación de levantarme de golpe y asustarles. Pero esperé un poco más a que siguieran hablando.
                -No, déjales dormir. Por una vez se les ve relajados. Esperemos que les haya ido la noche tan bien como a nosotros.
Me sentí estúpida al no haber reconocido la voz de mujer antes. Brooke, junto a su amado habían entrado a hurtadillas a la habitación. Se me escapó una sonrisa por la comisura de los labios. Les había ido bien la noche.