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lunes, 4 de junio de 2012

73.No será la última vez.




Me mantuve en silencio, conteniendo el aliento mientras esperaba a que la pareja prosiguiera. Parecían estar inspeccionando la habitación, pero si corría el riesgo de abrir mis párpados podría estropearla.
                -Me parece que no ocurrió nada picante en su velada. –Susurró Brooke cerca de mí. –No hay rastro de ropa, ni de objetos airados.
                -Pero durmieron juntos, abrazados. –Masculló Danny con aire confuso.
                -Tal vez se besaron. Pero por ahora solo descubriremos al esperar. –Su risa se perdió por la habitación. –Eve me lo contará todo lo que paso anoche en cuanto me vea.
                -Esperemos que les fuera bien. Vaya, tienen mejores vistas que nosotros. –Opinó Danny.
Evité de nuevo la tentación de despertarme. Quería darles un buen susto, por no respetar nuestra privacidad, pero seguí tumbada y sin moverme.
De repente, noté que alguien me apretaba el brazo. Las voces de Brooke y Danny se oía lejos, como si estuvieran asomados al balcón, de modo que no resistí la tentación y volteé mi cabeza hacía el lugar palmado y abrí los ojos para descubrir.
La mano de Harry aferraba mis hombros de forma fogosa. Giré la cabeza para verle y me lo encontré con una sonrisa dibujada en el rostro. Estaba despierto.
                -¿Cuánto tiempo llevas despierto? –Susurré en un fino hilo de voz.
                -Desde que Brooke se ha reído. Danny debe haber entrado con la otra copia de llaves. –Estiró su cuello hacía el balcón. Le imité, y para mi alivio me encontré a la pareja asomada al balcón y disfrutando del vivo color de la mañana.
                -¿Qué hacemos con ellos? –Pregunté con una sonrisa pícara en los labios.
                -Quédate aquí y hazte la dormida. –Me pidió mientras retiraba su brazo como almohada. –Voy a asustarles.
                -Pero… -Fui a decir cuando empezó a alejarse detrás de las cortinas, pero me vi callada cuando observé por el rabillo del ojo a la pareja voltearse.
Instantáneamente dejé caer mi cabeza muerta y volví a hacerme la dormida. Agudicé el oído mientras resistía la tentación de reventar mi mar de carcajadas:
                -Le llevó a una terraza de uno de los restaurantes y cenaron allí. –Prosiguió Danny. –Sé hasta ahí. Tal vez en la velada Ha… -Se calló varios segundos, patidifuso, hasta que volvió a añadir: -¿Y Harry?
                -T-tal vez haya ido al baño. –Calló. –N-no. La puerta está abierta. ¿Nos habrá visto?
                -No lo sé. –Masculló Danny. –Pero espero que no le haya molestado. Es muy… -Pero no logró terminar la frase cuando se oyó el grito estridente de Brooke.
Por fin atrevida, recuperé mi compostura y me levanté de la cama. Lo hice a tiempo de poder otear el gran salto que dio mi amiga, mientras Harry la aferraba de detrás de la cintura a ella y su amiga. Danny, por otra parte, se estremeció y dio un salto hacía un lado.
Rompí a reír, acompañada del batería.
                -¡Imbécil! –Chilló Brooke, aferrándose el corazón. -¿Sabes el susto que me has llegado a dar?
                -No haberos colado en nuestra habitación –Logró decir Harry a duras penas. Parecía faltarle el aire para respirar. -. ¿Qué hacíais aquí?
                -Vimos a ver si… -Intentó excusar Danny.
                -Sí había sucedido algo entre Harry y yo. –Terminé por él. –Llevó bastante más tiempo despierta antes de que lo estuviera Harry.
Brooke apretó los labios, frustrada por su descubierta y se cruzó de brazos. Danny se echó a reír con sus destacadas carcajadas, uniéndose a nosotros mientras rodeaba de la cintura a su supuesta nueva pareja. Miré maravillada a aquellos dos; sentía envidia por su buena suerte, pero a cambio, incondicional alegría por su estatus.

Pocas horas después de la mañana, me vi abandonando aquel esplendido lugar antes de que pudiera despedirme. Subí al coche, colocándome detrás junto a Brooke, y mientras Harry arrancaba el motor, ambas apegamos nuestros rostros a la ventanilla. Observamos anonadadas la plaza, con sus mesitas y sus toldos. Contemplamos el lago, donde a lo lejos parecía vislumbrarse un rosa claro.
                -Le ocurre lo mismo que el lago de Eau Morts, en Francia –Comentó Brooke mientras sus ojos brillaban de entusiasmo. –. Parece teñirse de rosa al final.
                -Es un sitio especial –Opiné encogiéndome de hombros pero sin apartar la vista. -. ¿Dónde estamos, chicos?
                -Si os lo contáramos perdería toda su gracia. –Dijo Danny mientras se giraba para vernos, destacando una de sus animadas sonrisas.
                -Pero entristece pensar que será la última vez que pisaremos esto. –Balbuceé de forma mohína.
                -No será la última vez que pises esto. –Aseguró Harry mientras comenzaba a conducir por una alargada carretera que se perdía en una masa de árboles al final. Diferencié una sonrisa torcida en su rostro.
Finalmente, recuperé mi compostura y suspiré. En apenas una horas habían sucedido cantidades de cosas, no tan malas como las había pintado al principio. Harry sabía cuales eran mis sentimientos: confusos, pero los había respetado y jurado esperarme. Mi teoría de que saldría despavorido y negándose en rotundo a esperar una decisión mía no se había cumplido.
                La voz de Brooke hizo que mi pequeña burbuja de pensamientos se rompiera ante su exigio.
                -Vas a tener que contarme todo lo que sucedió anoche, Evelyn –Susurró débilmente a mi oído -. Absolutamente todo.
Asentí mientras sonreí. Su opinión era de vital importancia para mí en aquellos momentos.

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