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jueves, 14 de junio de 2012

79. No era la última vez




El penúltimo día antes de mi partida llegó con miedo, pero a lo largo del día, deseé que finalizara. James se había empeñado en ir juntos, como una excursión familiar al río. Su rostro se veía melancólico cuando el tema de mi regreso a España salía, y me hacía arrepentirme de mis deseos de volver a Harrow cuanto antes. Por desgracia, fue toda la familia menos Tom, quien tenía ensayos generales con la discográfica.

El tercer y último día, me desperté con la idea ya clavada en la mente de que sería mi última mañana en Inglaterra en los próximos seis meses, que, sin dudarlo, calculaba que se haría lo bastante eterno.     
        Bajé a desayunar, y pude encontrarme a toda la familia sin las cotidianas charlas y risas matutinas. Suspire mohína y me senté junto a Tom, quien removía la cuchara de su vaso de cola-cao con tristeza. Aquella mañana tenía su cabello rubio más revuelto y unas ojeras negras de no dormir.
        -Tom –Le dije en un susurro. Él levantó su cabeza, pero con la típica sonrisa dibujada en sus labios -. Hoy, según papá, tenemos que ir pronto al aeropuerto…  -Mi voz se quebró, pero proseguí -: Me preguntaba si antes de ir hacía allí, podríamos estar todos juntos.
        -¿Todos? ¿Quién? ¿Dougie, Katherine, Logan…?
        -Sí. Todos.
        -Oh –Su voz sonó triste e incómoda -. Hoy… hoy nos ha surgido un inconveniente –Se mordió el labio mientras bajaba el tono de su voz -. Anne Grint nos ha invitado a su fiesta de cumpleaños, y tenemos que ir.
        -¿Todos? –Balbuceé con tristeza -. ¿No puede ser otro día?
        -Me temo que no… Espero que no te moleste, Evelyn. Además, así te ahorrarás lloros en las despedidas.
        -Oh, claro –Balbuceé con un abismo en el pecho, mientras me volvía  hacía mi taza.
La miré con mayor melancolía que nunca. Grint llevaba fastidiándome desde que conocí a los chicos, y para rematarlo en mi marcha, había organizado una fiesta, invitando a mis amigos. Y lo peor no era aquello, sino que ellos habían preferido quedarse junto a ella antes que acudir a mi despedida… todos.
        Retuve las lágrimas, me bebí rápidamente mi leche y siéndole indiferente a Marvin que ronroneaba en mis piernas y acariciaba mis piernas con su suave piel naranja, fui rápidamente hacía mi habitación.
        Caí de nuevo rendida sobre la cama, mientras ahogaba mi rostro en la almohada. ¿Iban a ignorarme mis amigos el último día? No me lo podía creer… prácticamente, me resultaba imposible creerlo.

Una mano rozó mi espalda, provocando que me despertara dando un salto, asustada. James me miraba con dulzura y con una pequeña sonrisa en la comisura de los labios.
        -Evelyn, tenemos que salir ya –Dijo con aflicción -. El avión se ha adelantado… me temo que tendrás que irte antes.
        -¿Qué hora es? –Pregunté, mirando al reloj de la mesita de noche.
        -Casi las dos. Tom no sabe nada del adelanto… me temo que ya se ha ido a la fiesta de su amiga.
        -¿No… no vendrán a despedirse? –Pregunté con lagrimeo.
La melancólica mirada de papá me lo confirmó. Asentí, callada y sin poder emitir ninguna palabra y saqué mi maleta ya hecha de debajo de la cama. Antes de salir de mi habitación con lágrimas en los ojos, ladeé una última vez mi cabeza y observé con tristeza la habitación.
        Se había quedado sorprendentemente vacía. Las fotos de mamá, mis amigos de España y Londres habían desaparecido de la cómoda. La ropa esparcida por el suelo ya no estaba. La cama estaba hecha, y aquella tarde, la persiana de la pequeña ventana se mantenía subida del todo. Unas densas gotas se estrellaban contra el cristal.
        Suspiré y me despedí en silencio. Pasé por la inhabitada habitación de Tom y la miré con defraude. Tal vez sus apariencias de hermanastro perfecto me habían engañado.

James ya esperaba dentro del coche, con el maletero abierto esperando recibir mi pesada maleta. La subí sola, con la capucha subida y entré corriendo al coche. Papá me embozó una mediana sonrisa y observó la casa que se extendía a nuestro lado.
        -Despídete de la viviendo Fletcher, cariño –Me susurró, moderando sus palabras.
Y así lo hice. Agradecí los últimos meses y maldecí una única vez este día. Otra lágrima cayó resbalándose por mi mejilla, mientras el coche empezaba a arrancar. Adiós Harrow.


Se pasó una eterna hora dentro del coche. Me resultó extraño, pues el día en que llegamos a Harrow no fue tan pesado. Ni siquiera la ida y vuelta de la universidad.
        Pero lo más extraño fue que en ningún momento, en la carretera, había un cartel que señalara los kilómetros restantes a Londres. Suspiré, confusa, pero me mantuve el silencio. Cuánto más tiempo permaneciera en Inglaterra, mejor. Y con un poco de suerte, llegaríamos tarde y tendría que quedarme en el inglés pueblo, a pesar de mi decepción hacía mis amigos.
        Pero no, mi suerte no era así y jamás lo sería.
        -Papá –Le dije a mitad camino mientras con internábamos en un camino adornado por altos pinos -. ¿Seguro que por aquí se va al aeropuerto?
        -Oh, tenemos que pasarnos antes por un sitio, Eve –Me dijo con una sonrisa.
        -¿Por dónde? –Pregunté con curiosidad, pero pronto mi pregunta se vio respondida.
A travesamos el largo camino y un cartel de madera nos daba la bienvenida a un pequeño pueblo de Inglaterra. Entonces lo reconocí. Me enderecé de golpe en el asiento, abrí la ventanilla, y asomé mi cabeza. El cabello tapaba mis ojos, pero a duras penas, logré diferenciar la pequeña plaza y el lago que aparecieron enfrente mía. Estábamos en el lugar donde Danny y Harry nos llevaron días anteriores.
        Sonreí tímidamente, pero mi sonrisa desapareció en cuanto vi, en medio de la plaza, a toda la gente reunida y que observaba mi coche. Entonces, boquiabierta, empecé a reconocer a gente.
        Primero, fue Tom, quien me observaba con su hoyuelo destacando en su cara. A su lado, Giovanna me observaba con cariño. Luego, un poco más atrás, ya se encontraba Cole, Logan, Danny, Brooke, Dougie, Holly, Katherine y por último, Harry, a quien su corto flequillo empezaba a bailar en su frente. Tenía una impasible sonrisa en la cara, una mezcla de alegría y tristeza.
        Algunos jóvenes y viejos se habían acercado a la multitud para enterarse de lo sucedido y se habían unido a mis amigos. Bajé rápidamente del coche, ignorando a James quien me decía algo con gratitud, y corrí a abrazar a mi hermanastro y su novia. Estaba exuberante, y mis ojos habían empezado a llorar sin enterarme, agradecidos como nunca. No me habían ignorado, no se habían olvidado de mí.
        -¡Eres un tonto, Tom! –Le dije mientras abrazaba con los dos brazos a la pareja -¡Hoy me has hecho creer que ibais a ignorarme, todos!
        -¿De verdad piensas que no nos despediríamos de ti, Eve? –Susurró con dulzura Giovanna, a quien estrujé con la mayor fuerza que pude –Todos hemos preparado esta sorpresa, pero no es a nosotros a quien nos lo tienes que agradecer más.
        -¿Entonces a quién? –Pregunté mientras notaba la presencia de mi padre a mi lado.
        -A Harry –Murmuró Tom con una pícara sonrisa en la comisura de los labios -. Fue su ya la idea de hacerte una fiesta de despedida aquí.
        -Oh… -Dije con hilo de voz, y desvié mi mirada hacía donde estaba Harry.
Este se acercaba lentamente, cruzando entre la multitud. Llevaba una chaqueta de traje, pero debajo se escondía una camiseta con algún tipo de dibujo. Vestía sus cotidianos vaqueros con deportivas.
        Hubiera empezado a alargar al batería antes de que llegase a nosotros, pero mi padre estaba testigo y tenía que controlar mis emociones.
        Nada más Harry llegó a nuestro pequeño círculo, con una sonrisa tímida escondida en sus labios, me eché a sus brazos. Coloqué mis manos sobre su cabello, mientras intentaba expresarle toda la alegría que podía. Él me rodeó tímidamente por la cintura, pero no tardó en apegarme a su cuerpo. Todo lo demás desapareció.
        -Te dije que no sería la última vez que vendrías –Me susurró al oído, mientras acariciaba mi espada.

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