Últimamente, cuando tengo tiempo de escribir lo dedico a la otra historia. ¡Pero no me olvido de esta! No pienso abandonarla así porque sí sin desvelar el final. Así que tranquilos, todo llega a su tiempo :) Muchas gracias, me fijo en las visitas y sé que me lees, o eso espero.
Creí que el corazón se me iba
a salir por la boca cuando pronunció sus palabras. No podía creer lo que me
decía, ni si quiera lo estúpida que estaba siendo al no girarme y besarle.
¿Cómo podría tener dudas después de todo lo vivido? ¿Cómo podría suponer que no
estaba enamorada de verdad, sabiendo que un dolor tan profundo como el que
sentía yo hacía él no podría ser más doloroso?
Permanecí callada, alicaída
mientras la respiración del batería chocaba contra mi pelo. Hubiera roto a
llorar contra su hombro si se hubiese tratado de otra persona, pero aquel chico
sería el causante de mis llantos. Sin poder remediarlo, una pequeña lágrimas se
me escurrió por la mejilla, cayendo sobre su regazo.
-Lo siento… -Balbuceé aún con el nudo en la garganta.
–Perdóname. De verdad que me arrepiento mucho.
-¿Arrepentirte de qué?
-De ser como soy.
-No. –Su voz de volvió adusta. –Jamás sientas eso.
Prácticamente tu forma de ser me ha enamorado de ti, Evelyn. Eres diferente,
eres especial; tienes una forma curiosa de ignorar a la gente, pero al mismo
tiempo te desvives por ellos y por su estado. Eres una de esas personas que
jamás se comería el último trozo superviviente de la caja de pizza; preferirías
adjudicárselo a otro.
-Pero yo… ¿yo te lo estoy haciendo pasar mal?
-Sí. Pero dime, ¿en que amor no se sufre? –Reí por lo
bajo. Estaba completamente en lo cierto. –Pero si tus sentimientos no están de
acuerdo con los míos, no se puede remediar.
-No. –Dije firmemente, harta de mentir.
-¿No? –Un hilo de esperanza pareció escaparse de su
voz, pero su lógica volvió a actuar por el medio. –No, no se pueden modifi…
-Cállate, Harry. –Le pedí mientras me separaba de él.
El llanto estaba asomándose por mi voz. –No vuelvas a decir que no siento lo
mismo por ti porque… -Desvié un segundo mis ojos hacía él. El corpulento me
miraba con el ceño muy fruncido. –porque…
-¿Por qué? –Me incitó a proseguir.
-Porque no lo sé. –Gimoteé. Rompí a llorar
definitivamente, pero no tardé en volver a sentir los brazos de Harry
rodeándome. –No sé que siento por ti.
-¿A que te refieres?
-Yo por Dougie creía estar enamorada, pero no.
Solamente fue una ilusión, una ilusión de poder haberme enamorado de nuevo
después de tanto tiempo. Me hice ilusiones y me equivoqué. ¡Y no resultó nada
agradable! Y… y de nuevo yo…
-Crees que lo que sientes por mi es una ilusión
también, ¿no? –Su voz pareció desmoronarse por el camino.
-No se si es una ilusión o si de verdad me he…
Mis palabras nos fluían por
la garganta. Obligué a soltarlas, pero una parte de mí deseaba que Harry
terminara la frase. Pero le conocía, y yo en parte, tenía algo en común con él.
Suena delicioso que la persona de la que estás supuestamente enamorado
pronuncie tal adjetivo refiriéndose a ti.
-…enamorado. –Solté en un suspiró. Contuve el aliento,
esperando que prosiguiera.
-En eso no te puedo ayudar, aunque sepas que siempre
me tendrás ahí cuando tengas un problema. Esa confusión de sentimientos no
puedo deshacerla yo y elegir por ti. La única elección la puedes tomar tú. Yo
solamente puedo esperar. Y lo haré encantado… esperaré todo el tiempo que haga
falta hasta que asegures.
-¿Y si pasaran veinte años? –Bromeé con una risita
floja.
-Aunque pasaran veinte años. –Prometió, y juntos nos
tumbamos en la cama.
A su lado me sentía segura.
Parecía que todos los defectos y problemas de la vida pudiesen desaparecer si
él me agarraba. Me olvidé de la crueldad de la vida, de las complicaciones y
los acertijos. Aquel momento era mágico, apartado de la realidad, y solamente
aferrada a Harry.
Y entonces caí dormida en su
hombro.
Mi sentido se despertó a
buena mañana, pero no abrí los ojos en ningún momento. Notaba los rayos del sol
marcando la mañana a través de mis párpados cerrados. Desde fuera de la ventana
del hotel podía distinguir algunos animales volátiles sobrevolar cerca de mi
habitación, mientras decoraban la madrugada con su canto.
Evoqué lo sucedido la pasada
noche: el beso, la confesión, su promesa de esperarme… una vez más, el corazón
se me derritió de la ternura.
Quise abrir los ojos y rodearle,
pues aún que su brazo estaba sirviéndome como colchón, pero me contuve. No
debía de precipitarme ante la duda.
Me tentó la idea de
despertarle yo misma aquella mañana, pero a mitad decisión, algo pareció chocar
contra lo que parecía una estantería. Oí el chistar de alguien, y el corazón se
me paró. Contuve la tentación de abrir los ojos y mirar de quien se trataba,
pero me contuve. Tal vez habían entrado a robarnos, matarnos, o era la
limpiadora. O quizás podría tratarse de aquel monstruo que vivía dentro de mi
armario, y de que a mi niñez caí en la conclusión que debía de haber sido
homosexual al no salir jamás del armario.
Un risita se ahogó en la
habitación, resistida, una vez más le regañó el chisteo. Comprendí de que debía
de tratarse de dos personas. Un nudo se me formó en el estómago, mientras el
miedo empezaba a apoderarse.
-¡Shhh! Por Dios, ten más cuidado o acabarás por
despertarles. –Murmuró una voz ronca de hombre, extrañamente familiar para mis
oídos.
-Están dormidos como un tronco. ¿Crees que anoche
sucedió algo entre ellos?
-No lo sé. Están vestidos. –Una risita se escapó de
la voz del hombre. Al momento, diferencié aquella risa tan peculiar y
estruendosa. –¿Les despertamos?
Danny Jones se había colado
en nuestra habitación. Contrariada, me contuve la tentación de levantarme de
golpe y asustarles. Pero esperé un poco más a que siguieran hablando.
-No, déjales dormir. Por una vez se les ve relajados.
Esperemos que les haya ido la noche tan bien como a nosotros.
Me sentí estúpida al no haber
reconocido la voz de mujer antes. Brooke, junto a su amado habían entrado a
hurtadillas a la habitación. Se me escapó una sonrisa por la comisura de los
labios. Les había ido bien la noche.
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