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viernes, 1 de junio de 2012

72.Confesión


Últimamente, cuando tengo tiempo de escribir lo dedico a la otra historia. ¡Pero no me olvido de esta! No pienso abandonarla así porque sí sin desvelar el final. Así que tranquilos, todo llega a su tiempo :) Muchas gracias, me fijo en las visitas y sé que me lees, o eso espero.






Creí que el corazón se me iba a salir por la boca cuando pronunció sus palabras. No podía creer lo que me decía, ni si quiera lo estúpida que estaba siendo al no girarme y besarle. ¿Cómo podría tener dudas después de todo lo vivido? ¿Cómo podría suponer que no estaba enamorada de verdad, sabiendo que un dolor tan profundo como el que sentía yo hacía él no podría ser más doloroso?
Permanecí callada, alicaída mientras la respiración del batería chocaba contra mi pelo. Hubiera roto a llorar contra su hombro si se hubiese tratado de otra persona, pero aquel chico sería el causante de mis llantos. Sin poder remediarlo, una pequeña lágrimas se me escurrió por la mejilla, cayendo sobre su regazo.
                -Lo siento… -Balbuceé aún con el nudo en la garganta. –Perdóname. De verdad que me arrepiento mucho.
                -¿Arrepentirte de qué?
                -De ser como soy.
                -No. –Su voz de volvió adusta. –Jamás sientas eso. Prácticamente tu forma de ser me ha enamorado de ti, Evelyn. Eres diferente, eres especial; tienes una forma curiosa de ignorar a la gente, pero al mismo tiempo te desvives por ellos y por su estado. Eres una de esas personas que jamás se comería el último trozo superviviente de la caja de pizza; preferirías adjudicárselo a otro.
                -Pero yo… ¿yo te lo estoy haciendo pasar mal?
                -Sí. Pero dime, ¿en que amor no se sufre? –Reí por lo bajo. Estaba completamente en lo cierto. –Pero si tus sentimientos no están de acuerdo con los míos, no se puede remediar.
                -No. –Dije firmemente, harta de mentir.
                -¿No? –Un hilo de esperanza pareció escaparse de su voz, pero su lógica volvió a actuar por el medio. –No, no se pueden modifi…
                -Cállate, Harry. –Le pedí mientras me separaba de él. El llanto estaba asomándose por mi voz. –No vuelvas a decir que no siento lo mismo por ti porque… -Desvié un segundo mis ojos hacía él. El corpulento me miraba con el ceño muy fruncido. –porque…
                -¿Por qué? –Me incitó a proseguir.
                -Porque no lo sé. –Gimoteé. Rompí a llorar definitivamente, pero no tardé en volver a sentir los brazos de Harry rodeándome. –No sé que siento por ti.
                -¿A que te refieres?
                -Yo por Dougie creía estar enamorada, pero no. Solamente fue una ilusión, una ilusión de poder haberme enamorado de nuevo después de tanto tiempo. Me hice ilusiones y me equivoqué. ¡Y no resultó nada agradable! Y… y de nuevo yo…
                -Crees que lo que sientes por mi es una ilusión también, ¿no? –Su voz pareció desmoronarse por el camino.
                -No se si es una ilusión o si de verdad me he…
Mis palabras nos fluían por la garganta. Obligué a soltarlas, pero una parte de mí deseaba que Harry terminara la frase. Pero le conocía, y yo en parte, tenía algo en común con él. Suena delicioso que la persona de la que estás supuestamente enamorado pronuncie tal adjetivo refiriéndose a ti.
                -…enamorado. –Solté en un suspiró. Contuve el aliento, esperando que prosiguiera.
                -En eso no te puedo ayudar, aunque sepas que siempre me tendrás ahí cuando tengas un problema. Esa confusión de sentimientos no puedo deshacerla yo y elegir por ti. La única elección la puedes tomar tú. Yo solamente puedo esperar. Y lo haré encantado… esperaré todo el tiempo que haga falta hasta que asegures.
                -¿Y si pasaran veinte años? –Bromeé con una risita floja.
                -Aunque pasaran veinte años. –Prometió, y juntos nos tumbamos en la cama.
A su lado me sentía segura. Parecía que todos los defectos y problemas de la vida pudiesen desaparecer si él me agarraba. Me olvidé de la crueldad de la vida, de las complicaciones y los acertijos. Aquel momento era mágico, apartado de la realidad, y solamente aferrada a Harry.
Y entonces caí dormida en su hombro.
                              


Mi sentido se despertó a buena mañana, pero no abrí los ojos en ningún momento. Notaba los rayos del sol marcando la mañana a través de mis párpados cerrados. Desde fuera de la ventana del hotel podía distinguir algunos animales volátiles sobrevolar cerca de mi habitación, mientras decoraban la madrugada con su canto.
Evoqué lo sucedido la pasada noche: el beso, la confesión, su promesa de esperarme… una vez más, el corazón se me derritió de la ternura.
Quise abrir los ojos y rodearle, pues aún que su brazo estaba sirviéndome como colchón, pero me contuve. No debía de precipitarme ante la duda.
Me tentó la idea de despertarle yo misma aquella mañana, pero a mitad decisión, algo pareció chocar contra lo que parecía una estantería. Oí el chistar de alguien, y el corazón se me paró. Contuve la tentación de abrir los ojos y mirar de quien se trataba, pero me contuve. Tal vez habían entrado a robarnos, matarnos, o era la limpiadora. O quizás podría tratarse de aquel monstruo que vivía dentro de mi armario, y de que a mi niñez caí en la conclusión que debía de haber sido homosexual al no salir jamás del armario.
Un risita se ahogó en la habitación, resistida, una vez más le regañó el chisteo. Comprendí de que debía de tratarse de dos personas. Un nudo se me formó en el estómago, mientras el miedo empezaba a apoderarse.
                -¡Shhh! Por Dios, ten más cuidado o acabarás por despertarles. –Murmuró una voz ronca de hombre, extrañamente familiar para mis oídos.
                -Están dormidos como un tronco. ¿Crees que anoche sucedió algo entre ellos?
                -No lo sé. Están vestidos. –Una risita se escapó de la voz del hombre. Al momento, diferencié aquella risa tan peculiar y estruendosa. –¿Les despertamos?
Danny Jones se había colado en nuestra habitación. Contrariada, me contuve la tentación de levantarme de golpe y asustarles. Pero esperé un poco más a que siguieran hablando.
                -No, déjales dormir. Por una vez se les ve relajados. Esperemos que les haya ido la noche tan bien como a nosotros.
Me sentí estúpida al no haber reconocido la voz de mujer antes. Brooke, junto a su amado habían entrado a hurtadillas a la habitación. Se me escapó una sonrisa por la comisura de los labios. Les había ido bien la noche.

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