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miércoles, 13 de junio de 2012

78. Efectivas, típicas y hermosas

Este capítulo es un poco soso, pero pretendo animar más la cosa lo antes posible. Bueno, muchísimas gracias a todos los que me leen, que aunque no me comenten, se lo agradezco muchísimo!





Seguí sus pasos, a su lado mientras mis preguntas le abordaban. Estaba nerviosa, pero ninguna idea de lo que se podría tratar su regalo albergaba en mi mente. Mis preguntas no tenían respuesta, simplemente una sonrisa asomada en la comisura de sus labios.
        Finalmente, su paso fue frenando poco a poco varias manzanas más lejos. Mis preguntas cesaron, y cuando levanté la misma hacía el lugar donde nos habíamos parado, mis ojos centellaron de asombro y admiración.
        Una floristería se extendía en frente mía. Los alféizares y el pequeño jardín estaba plagado de plantas extrañas que jamás había visto y de flores todo tipo de color. Me quedé boquiabierta, admirando tal colorido paisaje.              
        -Me he fijado que las flores que te regalé están durando tiempo –Balbuceó con alegría -. Para tu viaje, quiero que te lleves un ramo más… algún recuerdo.
        -Oh, Harry, no hace falta –Titubeé, pero pronto me vi aferrada a su mano y arrastrada hacía dentro -. Además, las flores no me durarán seis meses.
        -Pero si varias semanas –Admitió de forma mohína -. Puedes elegir la que quieras.
Fue rechistar, pero Harry volvió a fulminarme con una pícara mirada que bastó para callarme. Le sonreí agradecida, y me giré hacía el gran mostrador de flores de todo tipo.
        Algunas me azoraron bastantes. Jamás las había visto, eran preciosas pero extravagantes. Había amarillas con forma de estrellas, flores pequeñas y moradas, pero majestuosas. Rosas y redondas, alargadas y naranjas… de toda clase que me dejaron anonada en más de una ocasión.
        Pero a mitad elección, me incliné por lo más práctico y efectivo. Finalicé mi observación y me giré hacía Harry, quien se mantenía un poco más alejado de mi y observando las flores también. Se había entretenido frente a unas rosas azules, que rebosaban del mismo esplendor que cuando me las trajeron. Se percató de mi mirada y se acercó a mí.
        -¿Ya te decantas? –Preguntó con una fulminante mirada que me dejó patidifusa.
        -Estabas observando las rosas azules –Dije sin contestar -. Son preciosas.
        -Cuando las vi me convencí en regalártelas. Me llamaron mucho la atención y… bueno, esperaba llamar la tuya también.
        -Tendrías que habérmelas dado en persona –Comenté con una media sonrisa burlona.
        -Sabes los prejuicios que tenía. Además, ¿para que estropear la sorpresa? –Bajé mi mirada, evocando buenos momentos -. Dime, ¿cuálas te han llamado más la atención?
        -Todas. Jamás había visto una floristería tan… variada –Miré impresionada a las cantidades de macetas -. Pero quiero algo más práctico y en sí, más efectivo – Sonreí con picardía mientras le observaba.
        -¿Cuálas?
        -Quiero que me las elijas tú. ¿No es un regalo? Pues tuya a de ser la idea –Suspiró resignado mientras se cruzaba de brazos, pero no rechistó.
        -Está bien.
Ladeó la cabeza observando la pequeña sala impregnada de flores. Miró a sus alrededores, frunciendo el ceño mientras la dependienta le miraba con interés.
        Era la típica mujer inglesa, de cabello rubio, tez agradable y simpática, con una sonrisa siempre en los labios y ojos azules claros. Era bajita y rechoncha, e irradiaba confianza. Le sonreí disimuladamente mientras mis ojos seguían captando a Harry.
        Finalmente, el batería se separó de nuestro lugar y caminó hasta el otro extremo de la sala. Empezó a toquetear las flores, pero su robusta espalda me tapaba la espalda. Sentí la tentación de acercarme y ver por cualas había optado, pero me contuve para recibir la sorpresa. Finalmente, su esbelta silueta se giró, y un gran ramo de flores se extendía en su mano… un gran ramo de flores rojas.
        Sonreí ampliamente. Había comprendido a la perfección mis palabras. Los ramos de rosas rojas siempre habían sido efectivos, típicos y hermosos. Y allí estaba yo, a punto de recibir el primer ramo romántico en persona.
        Pagó rápidamente, quien la dependienta le sonrió con cariño y me miró con dulzura. Sus ojos estaban achinados de felicidad.
        -Es un ramo muy bonito, jovencita –Me dijo con una suave voz.
Asentí, orgullosa y esperé a que Harry se situara delante mía. Diferencié su tez roja y ruborizada, y después de relamerse los labios un par de veces por los nervios, me entendió el ramo.
        Sonreí todo cuanto pude y lo acepté. Contuve de nuevo mis ganas de besarlo, y sin emitir palabra, salí delante de la tienda. Cuando por fin volvíamos a estar en medio de una calle poco transitada y ancha de Harrow, me volví sobre mis talones, y aún sujetando mi ramo de flores, me eché a los brazos de Harry.
        Este pareció sobresaltarse cuando le abracé, pero no tardó en corresponderme al abrazo y noté su mano acariciándome el pelo y la espalda.
        -Muchísimas gracias, Harry… yo, no sé como… agradecértelo –Balbuceé con gimoteos, mientras expiraba todo el olor que podía de su colonia.
        -Es lo mínimo que puedo hacer –Susurró con alegría, mientras empezaba a acariciarme la espalda -. Yo… quiero que estos últimos dos días sean lo más agradables para ti. Al fin y al cabo, voy a estar todo un verano sin verte.
Se separó lentamente de mí, y de nuevo, nuestros rostros se encontraron más cerca de lo previsto, rozándose la punta de la nariz. Retuve el impulsó y grité en silencio que me besara, pero tras unos segundos observando mis labios con melancolía y recelo, Harry terminó de separarse.

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