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miércoles, 27 de junio de 2012

89. Asomados


Quería decir que si alguna vez escribo alguna palabra sin sentido, que lo siento. Confundo muchas veces algunas palabras del Valenciano con el Castellano y me es un poco complicado x)




Mi sangre se había detenido por mi organismo, mi corazón se paró varios segundos y todo mi cuerpo falló cuando aquella penetrante mirada me perforó. Una vez más me maree, estuve a punto de perder el equilibrio, pero me contuve.
        Danny gritó algo a Harry, y este volvió a tocar con el mismo ritmo como si nada. Pero sus brazos ya no se movían con la misma potencia y su mirada seguía firme en mi. Desvié por obligación mis ojos, ahora húmedos y débiles y los fijé en mi hermanastro. Este había seguido con la canción como si nada.
        Pero cuando el bajista se acercó a Harry, le preguntó algo inaudible y siguió como respuesta su mirada clavada en mí, me encontré aquella vez con los ojos azules marino. Dougie, al contrario que Harry, no falló en su actuación, y a la distancia, me sonrió ampliamente, de forma tan aliviante que pude volver a respirar. Me habían descubierto mi mejor amigo y la persona que amaba, ambos habían actuado de formas distintas, pero mi corazón se había hecho un nudo que me impedía pensar con claridad. Sin poder remediar, desvié la mirada de nuevo hacía los ojos que me observaban, boquiabiertos, pero rápidamente este la quitó de mi y la fijó en sus platillos, adusto y sereno.
        -No se alegra de verme… -Susurré en voz alta, dando algunos golpecitos a la cabeza de Alex. Aquella altura comenzaba a marearme.
        -¿Qué ocurre? –Me gritó el castaño desde abajo -. ¿Hay algún problema?
        -Alex, bájame –Le pedí mientras ladeaba mi cabeza hacía las demás fans. Algunas me habían imitado y se habían subido a lomos de sus amigas y me observaban con despecho -. No me encuentro bien.
        Sin decir nada más, mi amigo me obedeció y me bajó con cuidado. Miré una vez más al escenario, pero aquella vez solamente me encontré con la mirada de Dougie, quien me miraba sonriente, aunque pude otear una mueca de confusión en su mirada.
        Y durante todo el concierto me mantuve ensimismada, tranquilizando los comentarios preocupados de mi amigo, quien insistía en llevarme a casa. No pude disfrutar de la magnífica música que tocaban, no pude volver a mirar a los demás miembros sin miedo a que me descubrieran, pero al menos ellos ya sabían que había vuelto. ¿Pero había hecho bien en regresar?
        Apenas dos horas después, con la vista clavada en el suelo y alguna que otra vez levantándola con expectación para observarles, el concierto finalizó.
        Pero para mi sorpresa y quiebro de tranquilidad, cuando los chicos dijeron las últimas palabras emocionadas del concierto, arrojaron sus toallas, el agua de sus botellas y las baquetas de Harry y desaparecieron de nuevo en la oscuridad, la gran multitud de fans inglesas se voltearon y comenzaron a correr hacía la salida. Noté como Alex me aferraba de la mano, y entre codazos y golpes avanzaba entre la multitud.
        -¿Pero que ocurre? –Le pregunté mientras oprimía las muecas de dolor al recibir los pisones de las otras fans.
        -¡Siempre he querido hacer una cosa si iba a un concierto suyo!
        -¿El qué?
No me respondió. Estiró de mi con mayor fuerza, y superando al velocidad de las alocadas fans, salimos a la calle,abandonando el pabellón. El diluvio caía con fuerza sobre nuestras cabezas, y con las manos e inútilmente, me intenté tapar. Alex siguió estirando de mi, aguantando mis traspiés y resbalados en el asfalto y rodeó el pabellón.
        La lluvia había mojado mi cabello y camisa. La ropa se había apegado a mi cuerpo y notaba el agua dentro de mis zapatillas, lo que no me ayudó a correr más rápidamente. Finalmente, llegamos a una gran puerta de metal, donde algunas fans que se tapaban con sus mochilas o con grandes paraguas esperaban ansiosas.
        -¿Qué es esto, Alex? –Le pregunté soltando su mano.
        -Saldrán por aquí, como en todos los conciertos –Me dijo mientras sus ojos verdes centellaron con ilusión -. No se si tendré oportunidad de conseguir autógrafo, pero quería estar aquí.
        -No podrás –Comentó una fan pelirroja a nuestro lado. Se cubría de la lluvia con la capucha de su sudadera y las siluetas de su cara estaban bañadas por el agua y la luz de la farola, lo que aumentaba su belleza -. No es mi primer concierto de ellos, para ser exacto, y siempre salen con el autobús. Pero las persianas de las ventanas siempre están bajadas y jamás se asoman para vernos. Prácticamente porque no pueden, creo yo –Carcajeó mientras intentaba observar a través de los pequeños agujeros de la metálica puerta -. Y no lo harán hoy por ser un día especial. Además, ¡está lloviendo a cántaros!
        -¿Entonces que tiene de sentido esperarles? –Pregunté con inocencia.
        -Es la emoción, las ganas de volverles a ver aunque sea por una ventana TINTADA. Es nuestro sentimiento.
        Alex abrió la boca un segundo, para intentar decir algo, pero justamente en aquel momento, su voz fue ahogada de nuevo por un grito loco de una fan.
        Las puestas se habían abierto y las fans se habían asomado con precaución para observar. Me colé entre ellas, siguiendo a la pelirroja, y descubrí los faros del autobús que me cegaron. Varios guardias salieron para despejarnos y alejarnos de las ruedas, mientras nos pedían que mantuviéramos la distancia para que el vehículo saliera.
        A pesar del frío que tenía, de mi mareo inagotable y de mi mal estado, las piernas me volvieron a temblar, acompañadas de las manos, y entrecerrando los ojos por las gotas de lluvia, levanté la vista para observar las ventanas del autobús que se acercaba con cuidado. Pero de nuevo un grito de una fan y lo que vi dieron un revuelco a mi corazón.
        -¡¡Están asomados!!
Miré a la pelirroja quien se había puesto boquiabierta. Me sonrió, perpleja y estiró sus manos con los CDs y el bolígrafo para ser firmados. Busqué a Alex entre la multitud, y lo encontré un poco detrás de mi, apartado. Le estiré la mano y le acerqué hacía el borde de la fila, a vista de los chicos.
        Con todo mi cuerpo temblando de la emoción y no del frío, observé como el autocar salía con cuidado. Pero algo no encajaba allí. Las puertas, estrechas y perfectamente accesibles para las fans, estaban abiertas, y cuatro cabezas de ellas sobre salían.
        Instantáneamente y mientras las fans ahogaban un grito de emoción, los guardias colocaron cintas aislantes para frenar sus pasos, y se colocaron entre ellas y los chicos.
        Danny era el más próximo a nosotros. Tenía un dedo estirado y se mantenía sereno, pero con una sonrisa en el rostro. Su dedo señalaba a las fans.
        Se me paró el corazón y observé a Alex con terror. Si me veían, podría montar el cuadro. Además, ¿por qué habían hecho aquello? Mi cabeza comenzó a dar vueltas, y sin poder remediarlo, mi cuerpo chocó con el pectoral de Alex, mareada.
        -¿Te encuentras bien, Eve?
        -Alex, estoy mareada… vayamos a Harrow.
        -Pero… el autobús…
No pudo decir nada más. Levanté con melancolía la vista hacía los chicos, donde el autobús comenzaba a circular delante mía. Los focos me volvieron a deslumbrar, entrecerré los ojos para evitar el daño, pero de repente, y superando el griterío de las fans, se oyó entre la multitud.
        -¡Está allí! –Una voz aguda hizo callar a todas las fans -. ¡Evelyn!
Y observando los ojos azules y pequeños que me observaban y me señalaban, resbalé del pecho de mi amigo y caí desmayada al suelo.

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