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lunes, 25 de junio de 2012

87. Cola del concierto


  


                                                             16 de Septiembre

Aquel vuelo hacía Inglaterra me mantuvo mareada y un nudo en el estómago. No había tenido la suerte de sentarme junto a Alex, quien se había colocado unas cinco filas más adelante que yo. Me había mantenido recta en el asiento, soportando los ronquidos de mi acompañante que rondaba la tercera edad, y con un ajetreo en la cabeza. ¿Cómo me iba a presentar yo a Tom? Y sobre todo, ¿qué haría yo en un concierto de mis amigos, después de medio año sin verles?
        Mis ganas por volver a estar con todos ellos aumento desconsideradamente. Quería volver a notar la seguridad que emitía mi hermanastro, el confort de mi mejor amiga, Brooke, y sobre todo, quería poder decirle todo lo que sentía a aquella especial persona que me había prometido que cuando volviera, estaría esperándome. Y yo tenía la esperanza y confianza de que Harry había cumplido su promesa.
        Cuando regresé a España me había mantenido serena y melancólica, pero en aquel viaje de vuelta a la inglesa ciudad de Londres, mi mareo amenazaba mi reputación dentro de aquel avión y el prejuicio de que moriría durante el viaje me confundió.
        Pero, tal como había calculado mi amigo, después de unas largas e interminables tres horas en las que observé con sumo detalle el anochecer, el frío me avisó de mi llegada a la isla inglesa, de la espesa niebla que se había formado en tierra firme y de que, cuando el avión comenzó a descender, de que por fin había llegado al país que tanto amaba.
        Bajé tambaleante del avión, y junto al emocionado Alex que repasaba su inglés, fuimos a recuperar nuestra maleta. Mientras intentaba despejarme, respirando profundo y comprándome una pequeña botella de agua en una maquina atestada de cola de gente, Alex se encargó de alquilar un coche donde pudiéramos desplazarnos.
        -¿Sabrás llegar? –Le pregunté mientras corríamos para huir de la lluvia y a guardar las maletas en el maletero -. Londres es más grande que Valencia y…
        -No te preocupes, me he aprendido el camino –Me guiñó un ojo mientras subía con rapidez mi maleta -. Amo la lluvia –Comentó extendiendo los brazos mientras dejaba que las gotas de lluvia se resbalaran por su suave tez.
        Sonreí mientras dejaba que yo también me mojara. La ropa se pegó a mi cuerpo y la piel se me erizó cuando noté el frío. Corrí para robarle las llaves a mi amigo, y entre escalofríos, entré en el coche. De nuevo y como tan familiarizadamente me había acostumbrado, el volante estaba en la parte del copiloto.
        Alex, por su parte, pareció que no iba a acostumbrarse con facilidad. Confirmando que nuestras entradas estaban secas y en su sitio, arrancó el coche y comenzamos nuestro trayecto al pabellón donde tocaban los chicos, mientras las tenues farolas de las caches amplias y húmedas comenzaban a pasar por nuestro lado. Por fin estaba cómoda, por fin estaba en Londres.
        Mi estómago estaba hecho un mar de emociones. Terror, emoción, alegría, vergüenza, incredulidad… y todo por la alegría de volver a ver a los chicos. ¿Pero y si no tenía la suerte de que me vieran, ni al principio ni al final del concierto? Y la otra cuestión que me comía por dentro era como confesarle a Alex que sus ídolos, Danny, Harry, Tom y Dougie eran en realidad los personajes de aquella anécdota mía que le había contado
        «No se enfadará. Al fin y al cabo, gracias a mi les conocerá» Me convencí mientras comenzaba a morderme las uñas. Llevábamos minutos largos dentro del coche, y un gran griterío de voces había comenzado a invadir las calles tranquilas y mojadas de la ciudad. Las casas similares e iguales que estaban más próximas al bullicio tenía las luces encendidas, y los gritos comenzaron a difundirse con la entrecortada respiración de mi amigo.
        -¿Estás bien? –Le dije con una sonrisa.
        -Estoy muy nervioso. Es mi primer concierto, por fin les veré, por fin podré escucharles en directo… Tal vez suene extraño al no ser una típica Mcflyer chica alocada, sino lo contrario, ¡soy hombre! –Carcajeó -. Pero es que no tengo que ser mujer para ser fan. Son músicos, hacen música y ese debe de ser el motivo por el que la gente viene a su concierto.
        Le sonreí con cariño mientras guardaba silencio. Una vez más, dirigí mi mirada hacía el exterior, y al girar una esquina bañada tenuemente por una farola que fallaba constantemente, una gran fila de fans que gritaba, descansaba en el suelo o simplemente saltaba se formó delante nuestra. Boquiabiertos, aparcamos junto a los demás coches, y bajamos del coche, compartiendo paraguas. Nos dirigimos apegados al final de la cola, mientras notaba el terror y tristeza en el rostro de Alex. No iba a poder estar en primera fila, no iba a estar tan cerca de ellos, y yo le entendía.
        -Sabía que habría gente, pero esto es una locura –Me dijo en español, y algunas fans rubias e inglesas claramente se giraron para vernos con extrañeza -. Me parece que la opción de verlos empieza a fallar.
        -No te preocupes –Le apoyé mientras le sacaba del final de la fila, estirándole por la manga para no mojarme y avanzábamos al lado de las fans -. No es la primera situación similar con la que me encuentro. He ido a conciertos de Sum 41, Simple Plan, Green Day… y las colas son iguales o peores –Le detuve, apegados a unas fans que intentaban ver a través de las cristalinas ventanas. No se había percatado de nuestra presencia, y solamente veintena de personas más nos adelantaban en la fila.
        -Se van a dar cuenta –Me dijo con miedo mientras los guardias comenzaba a sacar las telas aislantes -. Nos van a enviar a último lugar.
        -No te preocupes, no vamos a estar los últimos, confía en mi y disimula –Le obligué a que desviara la vista del guardia que empezaba a aislarnos en una cola apegada y me giré hacia las chicas que miraban a través de la ventana -. ¡Perdonad! –Grité en inglés, y se giraron confusas a verme -. ¿Les veis? ¿Están ya dentro? ¡Es mi primer concierto de ellos!
        -Creo que aún no están dentro –Comentó la rubia más bajita, sonriendo a Alex, exultante -. No se les ha oído ni visto en ningún momento, ¡ni siquiera se ha oído la batería de Harry!
        Mi corazón me dio un revuelvo y me imaginé por centésima vez al batería. ¿Habría cambiado? Sabía que habían pasado solamente seis meses, pero viendo a Alex y a mí, nuestro look había dado un cambiado.
        Las cintas nos apretujaron junto a las inglesas, y con una sonrisa exultante, Alex me observó agradecido. Miraba emocionado a todos lugares, resguardándonos con su paraguas, hasta que de pronto, unos chillidos a nuestro alrededor nos sobresaltaron.
        -¡Son ellos! –Gritó alguna de las fans, y instantáneamente, las cabezas se giraron a un mismo lugar.
Incrédula y boquiabierta, observé entre las cabezas las figuras que saludaban con una mano y corrían hacía las puertas principales. Noté como me apretujaban y empujaban, pero mis ojos no se apartaron de la primera cabellera que reconocí.
        Un cabello rubio castaño, de punta y desigualado pasó rápidamente hacía dentro del pabellón. Tenía una pequeña sonrisa dibujada en el rostro, y sus ojos estaban achinados, saludando con una mano hacía nosotros. Gritó algo, pero solamente se escuchó alguna palabra inaudible para mis oídos, con una aguda voz que me hizo confirmar quién era. Dougie entraba corriendo al pabellón.
        Con una sonrisa imborrable, miré radiante a Alex. Este estaba boquiabierto, incrédulo y con los ojos más abiertos que nunca. Pero otro gritito más fuerte que el anterior hizo que mis ojos se desviaran de nuevo hacía el pequeño camino que daba paso a la entrada.
        Alguien se detuvo enfrente de las primeras fans y estiró los brazos. Gritó con voz ronca y balanceó su cuerpo, aumentando el griterío emocionado. Un pelo castaño y rizado, enmarañado y acompañado de unos grandes ojos entraron seguidamente al pabellón. Danny había destrozado mis tímpanos.
        Acompañando a este, le seguía una cabellera rubia, revuelta y claramente igual a cuando me fui. Tom le seguía, sonriendo y distinguiendo su hoyuelo a distancia. Saludo con una mano, sonrió a sus fans, y fue tirando hacía dentro por el pecoso.
        Y por último, y como un rayo, pasó la distinguida cresta de Harry. Mi corazón se paró, y sin poder evitarlo, comencé a gritar su nombre con exultante alegría. Noté la mirada confusa de Alex, pero pasé de ella. Callé al darme cuenta de que mi voz se había mezclado con las demás, que me superaban en gritos, y me puse de puntillas para observarle mejor. Estiraba una mano, despidiéndose con una sonrisa. Mis ojos buscaron los suyos, pero no se encontraron.

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