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domingo, 24 de junio de 2012

86.En dos días


           


   
                                                 14 de Septiembre

Frené con estrépito mientras salía disparada del coche. Los coches habían parado de pitarme y seguían su trayectoria con normalidad de nuevo. Corrí hacía la acera, donde un gran edificio de diez plantas, decorado con ladrillos sin pintar y balcones amplios era bañado por una sutil llovizna fría. Aquello me recordó al país que con tanta ansia deseaba volver, una sonrisa mojada se me formó en el rostro. Intentando mojarme lo menos posible, llegué al rellano del portal y llamé a la séptima puerta. Sin preguntar, me abrieron la puerta y corrí hacía dentro del piso.
        En los últimos seis meses las cosas habían cambiado. Solamente había podido mantener comunicación con mi mejor amigo, que estaba a cientos de kilómetros de distancia. No tenía apenas comunicación de mi padre y madrastra, y sobre mi hermanastro y sus amigos, andaban desaparecidos. En el pasado mes de abril, había cumplido finalmente los diez y ocho, y por fin estaba a mi cargo mi propia responsabilidad. Había aprovechado para sacarme el carnet de coche, aún sin estar acostumbrada a que en el soleado país se condujera por la izquierda. Mi madre había confesado su relación con mi nuevo padrastro, Pablo, con quien no tenía la buena amistad que poseía con Debbie. Tuve suerte en no poseer ningún hermanastro o hermanastra más.
        -¿Las tienes? –Me gritó la voz de Alex antes de que subiera las escaleras.
El castaño me esperaba apoyado en el marco de la puerta, con una camiseta de tirantes blanca, manchada y un pantalón pijama de rallas. Su flequillo recientemente cortado que dejaba ver sus resaltantes ojos verdes.
        -Las tengo –Afirmé con una sonrisa en los labios mientras entraba a su casa.
Vivía emancipado en un piso pequeño pero bien decorado. No era nítido, ni espacioso, pero su estancia en su casa era agradable y cómoda. Alex trabajaba en un famoso bar de la zona, como cocinero, gracias a las dotes culinarias que había aprendido durante su adolescencia. A pesar de que podría vivir en  mejores condiciones, él estaba cómodo en aquel pequeño piso.
        -¿Tú madre apoya la idea? –Me preguntó mientras se dejaba caer en el sofá, tirando varios libros polvorientos al suelo para que pudiera sentarme.
        -Finalmente lo ha hecho –Me encogí de hombros mientras comenzaba a registrar los bolsillos interiores de mi chaqueta –No me han costado baratos, pues son para dentro de dos días.
        Exultante, saqué finalmente mi preciado tesoro del bolsillo. Una tarjeta rectangular descansaba en mi mano, aferrada con seguridad. Alex las contempló con alegría, mientras su sonrisa no desaparecía. Fruncí el ceño. El estaba al corriente de mis proyecto de volver a Inglaterra, a pesar de que el no había querido comprarse otras entradas y que al principio aquella idea le puso débilmente celoso. Pero en aquel momento parecía más feliz que yo.
        -Me hubiera gustado que te vinieras conmigo –Comenté mientras dejaba descansar el billete en mi regazo -. Londres es una magnífica ciudad, y me hubiera gustado presentarte a mis amigos.
        Una pícara sonrisa se escondió en mis labios. Después de todos aquellos meses, mi amigo aún no estaba al corriente que sus grandes ídolos, los miembros del grupo británico McFLY eran amigos míos.
        -Tal vez pueda conocerlos –Dijo con picardía. Fruncí el ceño para preguntar, pero él se me adelantó -. No quería comprarme ningún billete de vuelo porque aún no sabía que iba a ocurrir, pero tengo una gran noticia… para mí.
        Se levantó con ligereza del sofá y corrió hacía una cómoda de su habitación. Abrió uno de los desencajados cajones, y de él sacaba una funda de plástico. La curiosidad me embriagó al completo mientras estiraba mi cuello para ver más.
        -Hace meses que buscaba una oportunidad, y cuando la encontré participé –Hablaba con emoción y respiraba entrecortadamente -. Y el otro día me comunicaron que había tenido la suerte de ganar.
        -¿A qué te refieres? –Pregunté sin resistirlo más, y le arrebaté la funda de plástico.
Otro ticket parecido al mío descansaba dentro, pero iba acompañado. Otra entrada, de color blanca y unas letras que las tapaba el otro papel, hacía resaltar la gran y negrita palabra que descansaba al medio. McFLY.
        -Sí –Susurró mientras su pecho se hinchaba de aire -. He ganado un viaje a Londres gratis para asistir a un concierto suyo, este mismo 16 de septiembre.
        -¿Vas a ir a verles? –Titubeé con lágrimas en los ojos -. ¡Eso es genial, Alex! ¡No sabes cuanto me alegro por ti!
        -Pero no solamente me regalaban una entrada –Volvió a apoderarse de su funda mientras sacaba la entrada de ella -. Puedo invitar a otro acompañante.
        Estiró la entrada hacía un lado, y esta se separó de un papel semejante a él. Dos entradas para un concierto de los chicos descansaban expuestas a mí.
        -¿Te vendrás conmigo? –Preguntó vacilante.
Miré las entradas varios segundos, incrédula y con los ojos llorosos, y luego miré a mi amigo. Su cara expresaba el anhelo de la confirmación de mi respuesta, e indudablemente, afirmé mientras asentía.
        -¡¡Pues claro que sí!! –Grité mientras me echaba a sus hombros para abrazarle -. Pero, ¿llegaré a tiempo para el concierto?
        -Tu vuelvo sale… -Examinó mi billete con cuidado –a las cinco, hora española, ¿no? –Asentí -. A la misma hora que yo. Entonces, si le restamos una hora del horario inglés, llegaremos allí a las seis, o siete –Frunció los labios -. Tendremos muy poco tiempo; tendremos que darnos prisa por acudir al concierto.
        -¿Y nuestras maletas?
        -Las podremos dejar en el coche, y luego ya irías a Harrow a dejarlas –Sonreía con seguridad, embriagado por la emoción del concierto.
        -¿Y dónde dormirás los próximos días?
        -Buscaré algún hotel cercano y si decido quedarme más días, me pensaré en alquilar algun…
        -No digas tonterías –Dije carcajeando -. Ni yo ni mi padre te dejaremos dormir en un hotel. Podrás quedarte en mi casa.
        Asintió, agradecido, mientras volvía a examinar sus billetes. Me tendió una entrada, mientras la guardaba junto al billete dentro de la chaqueta de nuevo.
        Por fin iba a volver a Inglaterra, después de unos seis largos meses en España.

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