14 de Septiembre
Frené
con estrépito mientras salía disparada del coche. Los coches habían parado de
pitarme y seguían su trayectoria con normalidad de nuevo. Corrí hacía la acera,
donde un gran edificio de diez plantas, decorado con ladrillos sin pintar y
balcones amplios era bañado por una sutil llovizna fría. Aquello me recordó al
país que con tanta ansia deseaba volver, una sonrisa mojada se me formó en el
rostro. Intentando mojarme lo menos posible, llegué al rellano del portal y
llamé a la séptima puerta. Sin preguntar, me abrieron la puerta y corrí hacía
dentro del piso.
En los últimos seis meses las cosas
habían cambiado. Solamente había podido mantener comunicación con mi mejor
amigo, que estaba a cientos de kilómetros de distancia. No tenía apenas
comunicación de mi padre y madrastra, y sobre mi hermanastro y sus amigos,
andaban desaparecidos. En el pasado mes de abril, había cumplido finalmente los
diez y ocho, y por fin estaba a mi cargo mi propia responsabilidad. Había
aprovechado para sacarme el carnet de coche, aún sin estar acostumbrada a que
en el soleado país se condujera por la izquierda. Mi madre había confesado su
relación con mi nuevo padrastro, Pablo, con quien no tenía la buena amistad que
poseía con Debbie. Tuve suerte en no poseer ningún hermanastro o hermanastra
más.
-¿Las tienes? –Me gritó la voz de Alex
antes de que subiera las escaleras.
El
castaño me esperaba apoyado en el marco de la puerta, con una camiseta de
tirantes blanca, manchada y un pantalón pijama de rallas. Su flequillo
recientemente cortado que dejaba ver sus resaltantes ojos verdes.
-Las tengo –Afirmé con una sonrisa en
los labios mientras entraba a su casa.
Vivía
emancipado en un piso pequeño pero bien decorado. No era nítido, ni espacioso,
pero su estancia en su casa era agradable y cómoda. Alex trabajaba en un famoso
bar de la zona, como cocinero, gracias a las dotes culinarias que había
aprendido durante su adolescencia. A pesar de que podría vivir en mejores condiciones, él estaba cómodo en
aquel pequeño piso.
-¿Tú madre apoya la idea? –Me preguntó
mientras se dejaba caer en el sofá, tirando varios libros polvorientos al suelo
para que pudiera sentarme.
-Finalmente lo ha hecho –Me encogí de
hombros mientras comenzaba a registrar los bolsillos interiores de mi chaqueta
–No me han costado baratos, pues son para dentro de dos días.
Exultante, saqué finalmente mi preciado
tesoro del bolsillo. Una tarjeta rectangular descansaba en mi mano, aferrada
con seguridad. Alex las contempló con alegría, mientras su sonrisa no
desaparecía. Fruncí el ceño. El estaba al corriente de mis proyecto de volver a
Inglaterra, a pesar de que el no había querido comprarse otras entradas y que
al principio aquella idea le puso débilmente celoso. Pero en aquel momento
parecía más feliz que yo.
-Me hubiera gustado que te vinieras
conmigo –Comenté mientras dejaba descansar el billete en mi regazo -. Londres
es una magnífica ciudad, y me hubiera gustado presentarte a mis amigos.
Una pícara sonrisa se escondió en mis
labios. Después de todos aquellos meses, mi amigo aún no estaba al corriente
que sus grandes ídolos, los miembros del grupo británico McFLY eran amigos
míos.
-Tal vez pueda conocerlos –Dijo con
picardía. Fruncí el ceño para preguntar, pero él se me adelantó -. No quería comprarme
ningún billete de vuelo porque aún no sabía que iba a ocurrir, pero tengo una
gran noticia… para mí.
Se levantó con ligereza del sofá y
corrió hacía una cómoda de su habitación. Abrió uno de los desencajados
cajones, y de él sacaba una funda de plástico. La curiosidad me embriagó al
completo mientras estiraba mi cuello para ver más.
-Hace meses que buscaba una oportunidad,
y cuando la encontré participé –Hablaba con emoción y respiraba
entrecortadamente -. Y el otro día me comunicaron que había tenido la suerte de
ganar.
-¿A qué te refieres? –Pregunté sin
resistirlo más, y le arrebaté la funda de plástico.
Otro
ticket parecido al mío descansaba dentro, pero iba acompañado. Otra entrada, de
color blanca y unas letras que las tapaba el otro papel, hacía resaltar la gran
y negrita palabra que descansaba al medio. McFLY.
-Sí –Susurró mientras su pecho se
hinchaba de aire -. He ganado un viaje a Londres gratis para asistir a un
concierto suyo, este mismo 16 de septiembre.
-¿Vas a ir a verles? –Titubeé con
lágrimas en los ojos -. ¡Eso es genial, Alex! ¡No sabes cuanto me alegro por
ti!
-Pero no solamente me regalaban una
entrada –Volvió a apoderarse de su funda mientras sacaba la entrada de ella -.
Puedo invitar a otro acompañante.
Estiró la entrada hacía un lado, y esta
se separó de un papel semejante a él. Dos entradas para un concierto de los
chicos descansaban expuestas a mí.
-¿Te vendrás conmigo? –Preguntó vacilante.
Miré
las entradas varios segundos, incrédula y con los ojos llorosos, y luego miré a
mi amigo. Su cara expresaba el anhelo de la confirmación de mi respuesta, e
indudablemente, afirmé mientras asentía.
-¡¡Pues claro que sí!! –Grité mientras
me echaba a sus hombros para abrazarle -. Pero, ¿llegaré a tiempo para el
concierto?
-Tu vuelvo sale… -Examinó mi billete con
cuidado –a las cinco, hora española, ¿no? –Asentí -. A la misma hora que yo.
Entonces, si le restamos una hora del horario inglés, llegaremos allí a las
seis, o siete –Frunció los labios -. Tendremos muy poco tiempo; tendremos que
darnos prisa por acudir al concierto.
-¿Y nuestras maletas?
-Las podremos dejar en el coche, y luego
ya irías a Harrow a dejarlas –Sonreía con seguridad, embriagado por la emoción
del concierto.
-¿Y dónde dormirás los próximos días?
-Buscaré algún hotel cercano y si decido
quedarme más días, me pensaré en alquilar algun…
-No digas tonterías –Dije carcajeando -.
Ni yo ni mi padre te dejaremos dormir en un hotel. Podrás quedarte en mi casa.
Asintió, agradecido, mientras volvía a
examinar sus billetes. Me tendió una entrada, mientras la guardaba junto al
billete dentro de la chaqueta de nuevo.
Por fin iba a volver a Inglaterra,
después de unos seis largos meses en España.
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