¿Qué opinas sobre este fic?

jueves, 21 de junio de 2012

83.Mi ex mejor amigo

Sinceramente, estoy pensando si hacer una "2a temporada" del fic, como hice en el primero que hice, «Between Dreams». Pero claro, no quiero hacer otros 80 y algo capítulos por ejemplo, porque este verano ya tengo planes de escribir otras cosas, y no sé si me dará tiempo a hacerlo todo. De todos modos, haga segunda temporada o no, el fic lo seguiré. Así que si en el próximo capítulo no encontráis ningún cambio en el título, es que no he hecho temporada. Pero si por ejemplo, pongo a a partir de ahora solamente "84." y sin título, es que la 2 temporada ya a comenzado. 
Sea lo que sea, muchas gracias a todas las lectoras que aún siguen el fic. Sé que están ahí por la encuesta, que por cierto, aprovecho para recordar por si alguna aún no ha dado su opinión (quiero que sea sincera) y así sepa cuantas me leen. ¡Muchas gracias y feliz verano o invierno, según vuestra procedencia <3!






Mamá ya esperaba en la amplia sala de espera del aeropuerto.
        Había sido un duro viaje, con todo lo ocurrido en la cabeza, rondándome y comienzo. Con el saber de que me alejaba de lo que me quería acercar aún más, y que iba rumbo a un país del cual no tenía ganas de volver. Pero todo lo hacía por Samantha, de la cual estaba al tanto de sus desesperadas ganas de volverme a ver. Y aunque hubiera podido elegir por la custodia de mi padre hasta que cumpliera los diez y ocho, no podría decirle que no a la mujer que había cuidado de mí , me había apoyado y entendido durante toda mi infancia y el divorcio de mis padres.
        Nada más salí del avión, noté la confirmación de que habíamos llegado a Valencia, España. Y no por el Español que se hablaba alrededor, sino por la sofocante calor que hacía sudar a mi cuerpo, aquélla calor que ni se parecía a los días soleados de Inglaterra. Y de nuevo, añoré el frío y la niebla de lejos país.
        Pero cuando entré al aeropuerto, arrastrando mi pesada y rebosante maleta llena de recuerdos y ropa, cuando mis ojos divisaron la castaña cabellera larga y ondulante de mi madre, con su alegría a flor de pie, me fijé en la esbelta y corpulenta figura que la aferraba de la cintura, a su lado. Oteé un cabello negro, vivo y liso, pero mis ojos volvieron a centrarse rápidamente en la mujer cuando esta comenzó a correr hacía mí.
        Sonreí con sinceridad, cuando el griterío de mamá llegó hasta mi posición y me abrazó exuberante. Oí sus gritos y palabras indescifrables y sin sentido, pero simplemente me limité a corresponder su abrazo mientras observaba con curiosidad al hombre que se acercaba.
        -¡Evelyn, cariño, mi preciosa Evelyn! –Gritó mientras se separaba y me sujetaba por los hombros. Sus ojos estaban húmedos, pero reflejaban la irrevocable alegría que sentía -. ¡Pero que alta y guapa te has hecho! ¡Ni te imaginas lo que te hemos echado de menos!
        Mis oídos se confundieron al volver a oír el español, acostumbrados al inglés, pero asentí mientras la volvía a abrazar.
        -Yo también me alegro de verte, mamá.
        Nos mantuvimos en silencio, mientras me observaba con orgullo, hasta que finalmente el hombre llegó a su lado. Me lo había imaginado como todos los sudamericanos: piel morena, sin barba, semejante a todos los demás y con acento argentino, chileno o algún similar. Pero no. Poseía una piel clara como la mía, tal vez un poco más bronceada. Su cabello era castaño y liso, y no tendría más de cuarenta y cinco años. Su cuerpo era esbelto, corpulento y estaba bien formado, lo que me desconcertó aún más. Y cuando habló, su voz sonó claramente española:
        -Encantado de conocerte, Eve –Me sonrió mientras me daba dos besos -. Tú madre me ha hablado de ti incontables veces; soy Pablo.
        Le estreché la mano con severidad, mientras me mantenía adusta. Le miraba reticente, analizándola mientras dudaba. Noté como mi madre me daba un suave golpe en las costillas, para mostrarme diferente, y sonreí.
        -Soy Eve, encantada –Dije solamente.
        Asintió, mientras separaba su mano de mi y agarraba mi maleta con firmeza. Nos sonrió a mi madre y a mí, mirando a Sam de una extraña forma, y comenzó a caminar hacía la salida.
        -No deberíamos hacer tardar al taxista. Nos a exigido que procuremos no tardar; tiene ganas de verte –Me informó Pablo mientras sonreía de lado.
        -¿Ganas de verme? –Me extrañé, mientras miraba a mamá, desconcertada.
        -Oh, es un amigo tuyo que nada más se enteró de que regresabas, se ofreció para llevarnos al aeropuerto. Además, está cuidando de Lacy.
        Fruncí el ceño, confundida, y evocando a mi perra. La había echado de menos, en efecto, pero también añoraba en aquel momento a Marvin, quien acudía a mi cabeza con suma tristeza.
        Me mantuve callada y en silencio. Estuve a punto de pedir una pista cuando llegamos a las puertas de salida, pero vi a través del cristal que enseñaba la calle, a una figura que sujetaba a mi antiguo chihuahua castaño. Este comenzó a ladrar cuando atravesé las puertas, exultantes, mientras el chico alto que la sujetaba caminaba hacía mí, embozando una amplia sonrisa.
        -¡Eve, no me puedo creer que por fin estés aquí! –Me dijo casi gritando, mientras con su mano libre me abrazaba. Me quedé quieta, aún sorprendida.
        Y allí estaba mi antiguo mejor amigo, tan alegre y risueño que su presencia me recordó a Danny. Pero no; el inglés de cabello liso, a veces rizado cuando no se lo planchaba no tenía comparación con nadie. La nostalgia me embriagó, pero sonreí mientras afirmaba en silencio que no habían dos como Danny Jones.
        Alex había sido mi antiguo mejor amigo, el que había venido a verme en mi regreso y a la única persona que añoré los primeros días de irme, sin incluir a mi familia. Rondaba ya por sus veinte años, era delgado pero fuerte, cabello liso, con flequillo y castaño. Tenía unos grandes ojos verdes, que destacaban cuando su cabello enmarañado los ocultaba. Tenía siempre una sonrisa en el rostro, y apegaba su optimismo a cualquiera que estuviera cerca de él.
        -Dios mío, cuanto tiempo… -Balbuceé asombrada, mientras mamá y Pablo se adelantaba para dirigirnos hacía el coche -. No creía que llegarías a venir al aeropuerto.
        -¿Tan menospreciada te sientes aquí? –Me golpeó suavemente por el hombro mientras me sonreía -. Además, quiero que me cuentes todo cuanto puedas de la grandiosa ciudad de Londres, ¿cómo fue?
        -¿Qué te lo cuente todo? –Reí sarcásticamente -. Pues prepárate, porque es una larga historia…

0 comentarios:

Publicar un comentario