La
fiesta resultó ser un exitazo para los demás, pero por el contrario, Alex y yo
estuvimos esperando la hora de finalización para marcharnos. Al parecer y según
me había contado mi amigo, él estaba encantado con el país, sus ídolos y sus
nuevos amigos. Pero sentía un extraño vacío de incomodidad en el pecho, el
mismo que yo había sentido mis primeros días en Cambridge y Harrow. Y solamente
podía llenarlo la confianza que lograra hacer con los ingleses.
Finalmente, la fiesta tocó a su fin y la
casa de Katherine se fue vaciando poco a poco. Tom fue uno de los que más tardó
en marcharse. Había decidido estar un poco más en la casa, junto a Danny,
Brooke, Cole, Katherine y mi favorita pareja
de Harry y Jessica. Mientras tanto, le había pedido a Alex mantenernos fuera,
alejados del grupo. Él exigió una explicación para estar ausente, y sin
resistencia, le conté lo ocurrido con Harry.
Y cuando el fanático de Star Wars
decidió que era hora de marcharse, a paso ligero caminé hasta su mini, evitando
la mirada de Harry que sospechaba, estaba clavada en mi nuca.
El día siguiente me lo pasé en reposo,
de nuevo bajo el dolor de cabeza. Había estado todo el día durmiendo, encerrada
en mi habitación y dejando solamente que entrara Debbie y Tom. Mi padre
solamente lograba enfurecerme cuando estaba enferma, por lo que decidí que era
mejor no verme ni hablarle aquel día.
Y al siguiente, un nuevo día de clases
agotadoras me esperaba. Había logrado adaptarme a las clases como la última
vez, había logrado soportar a Jessica sentada en la misma mesa, a Stela
también, pero no había logrado que Lily me cayera muy bien. Simplemente la
ignoraba, al igual que ella a mí. Brooke y yo solíamos intercambiar comentarios
hostiles sobre ellas dos en la única clase que compartíamos, biología, pero
manteníamos a Jessica a raya. Sabíamos que odiarla más solamente iba a empeorar
las cosas, de modo que nos sellábamos los labios cuando el impulso de sacarle
defectos quería salir.
-¿Piensas volver a dirigirle la palabra
a Harry? –Me preguntó aquel día mientras cruzábamos ya los desiertos pasillos
con taquillas azules para salir del edificio.
-¿Tengo que pedir disculpas yo? –Susurré
arrogante. Sabía que su indiferencia hacía mí había sido a causa de mi
reproche, pero mi orgullo había regresado conmigo de España -. Soy demasiado
orgullo...
-Acabarás rindiéndote.
-¿Por qué lo dices?
-Cosas del amor, Eve –Dijo mientras
bajábamos lentamente las grandes escaleras para llegar al vestíbulo -. El amor
supera al orgullo, supera al prejuicio y a todo. A no ser, claro, de que hayas
vuelto a equivocarte con tus sentimientos como en Dougie.
-Lo de Dougie fue diferente, muy
diferente –Dije adusta -. Puede que tengas razón, también me conozco, pero…
-¡Sh! –Me chistó para que me callara, y
sus ojos verdes-castaños me atravesaron con advertencia.
Fruncí
el ceño, observándola y volví mi cabeza hacía el otro extremo de la sala. Mi
corazón se relajó cuando vi aparecer de otro pasillo a dos figuras, caminando
con elegancia mientras reían por lo bajo. Llily y Jessica. Volví a mirar a la
rubia, pero esta tenía la mirada clavada en la puerta principal, abierta y
dejando que algunos rayos solares que se filtraban por las nubes iluminaran su
rostro. Supe que no me había mandado callarme por las chicas, y siguiendo su
mirada, mi corazón superó el nerviosismo anterior.
Harry Judd esperaba, apoyado sobre la
pared de al lado de la puerta, a alguna persona. A Jessica, supe, aunque su
mirada observaba con atención el suelo, el cual brillaba nítido y seguramente
hacía reflejar su imagen turbia. Suspiré, intentando relajarme para pasar
indiferente hacía él.
En aquel momento y con un chillido que
reconocía ocasionalmente, Jessica le llamó. Él levantó su cabeza, viendo
acercarse a su novia a paso ligero, pero su cabeza ladeó un momento y nos
observó, a Brooke y a mí, acercándose a la puerta.
Para mi mala suerte, Jessica llegó hacía
él antes que yo, e inevitablemente presencié un beso y la escena que iban a
presenciar.
-¡Harry! ¡Qué sorpresa que estés aquí!
Nunca vienes a recogerme, ¿cómo es que…?
-He venido a hablar con el profesor
Collins sobre unos temas del año pasado –Dijo. Solamente cinco metros, y
dejaría de ver esto, me dije -. Tendremos que vernos después.
-¿El profesor Collins? –La morena
frunció el ceño -. Pero me lo he encontrado por los pasillos y ya se iba.
¿Estás seguro? –Él asintió, sereno –Si quieres puedo ir a buscarle en un
momento, y me llevas a casa.
-No, no te molestes, Jessi –En aquel
momento, Brooke y yo pasamos por su lado. Dije a adiós a Jessica, únicamente,
mientras que mi amiga se despidió colectivamente -. Brooke, espera.
Mierda, fue lo único que logré pensar.
-El año pasado te presté unas… -Empezó a
decir como si yo no estuviera allí, y aparté mi mirada, resentida.
En aquel momento, de nuevo el chillido
agudo hizo que los tres nos giráramos, sobre saltados.
-¡Señor Collins! –Gritó Jessica.
El anciano profesor de música apareció
bajando las escaleras. Una sonrisa curva desveló de nuevo inocencia y sus
pasos, lentos pero como si siguiera el ritmo de una canción, se acercaron a
nosotros.
-¿Qué ocurre, muchachos? –Su cabello
rizado y blanco bailó cuando se giró para observar a Harry -. ¡Vaya, señor
Judd, que sorpresa verle aquí!
-Se… señor Collins –Habló. Pero sus ojos
nos examinaron a Jessica y Lily, y a mí y Brooke. Entendimos que quería
privacidad.
-Te espero en el coche, Harry –Dijo
Jessica mientras le robaba las llaves del bolsillo del pantalón. Su figura
esbelta, seguida de su fiel corderito Lily, abandonaron el edificio brincando.
-Ya hablaremos en otra ocasión, Harry
–Decidió Brooke, y dando media vuelta, nos alejamos de nuevo a la puerta.
-Espera –Nos paró de pronto el batería,
y su voz sonó desesperada. Me giré, al igual que mi amiga, pero mi corazón dio
un revuelco cuando vi que sus ojos solamente me observaban a mí. Los apartó
rápidamente y se dirigió hacía el profesor de música: -Me alegro de verle,
señor.
El profesor Collins pareció sorprenderse
tanto como nosotras, y con un asentimiento de cabeza y una sonrisa divertida,
se despidió agradablemente de nosotros.
Silencio. Un incómodo silencio se formó,
yo cabizbaja, intentando disimular mi mirada y pidiendo a gritos irme ya.
Brooke, seguramente observándonos a nosotros dos, pues notaba su mirada en mí.
Y Harry… ¿cómo lo iba a saber?
-Espero fuera –Dijo de pronto Brooke. Di
un respingo, sorprendida por su respuesta. ¿Qué hacía? Era Harry quién quería
hablar con ella. Pero una mirada suya de reojo me advirtió de lo contrario.
-¿Por qué? –Pensé, pero no lo llegué a
pronunciar en voz alta.
Sorprendida
y aún sin entender nada, levanté la cabeza y miré a Harry. Este vio alejarse a
la rubia, mientras cerraba a medias la gran puerta, hasta que finalmente, sus
ojos volvieron a encontrarme.
-Lo siento –Fue lo primero que dije a la
defensiva cuando sus ojos se posaron en mí. Lo pronuncié sin pensar, sin
orgullo, simplemente se libró de mi orgullo y lo solté. Harry embozó una
sonrisa.
-Yo también quería pedirte perdón. –Miró
a su alrededor, sin nadie, pero de repente, dio media vuelta y se alejó un poco
de la puerta. Le seguí sin permiso; hice bien. –Yo… no pude terminar la
conversación en casa de Katherine. Supongo que me sorprendí tanto por tu
respuesta que…
-Te enfadaste –Él asintió, y vi el
arrepentimiento en sus ojos -. No te preocupes. ¿Qué quieres?
-No lo sé –Dijo secamente. Sus ojos
estaban mirándome, pero aún así, estaban perdidos -. Supongo que no me quedé
satisfecho con el pasado, sino que quiero el presente –Sus ojos me volvieron a
encontrar, y como agujas, me penetraron -. ¿Qué sientes por mí en estos
momentos?
Harry frunció ceño, preparado por si mi
respuesta era un no. Pero de nuevo, me veía incapaz de mentirle. No podía
decirle tampoco que sí, no podía por Jessica, por mucha rabia y celos que le
tuviese. De modo que, soportando el dolor de mi pecho, dije:
-¿Qué sientes tú por mí?
Sus
ojos me analizaron tenuemente, tal vez temiendo también su respuesta.
-Te quiero.
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