Muy curiosamente, James congenió de buena gana con Alex. Le dio cobijo junto a Debbie en la habitación de Carrie, mientras la hermana de su ídolo se hospedaba en mi habitación, junto a una cama de aire al lado de la mía. La pequeña parecía encantada con abandonar su pequeño santuario y compartir habitación conmigo, y más, pudiendo dormir sobre aire puro.
Debbie se mostró gentil y encantadora hacía Alex, lo que amainó gradualmente los nervios del español y facilitó hospedaje en mi casa. Tom, por otra parte, intentaba congeniar con Alex, pero raramente conseguía fortalecer los nudos de amistad. Mi amigo lograba ponerse nervioso cuando el rubio se acercaba a hablarle, lo que dificultaba sus conversaciones.
El día de después, Alex y yo nos tomamos la libertad de deshacer nuestras maletas y acogernos en la casa inglesa de Harrow. Aquel día mi amigo logró recuperar la antigua confianza que existía con mi padre, la cual parecía haberse escondido durante todos estos años y salido sin complicaciones ni daños en su reencuentro. El poco tiempo que mi hermanastro estuvo en casa, tuvo la gentileza de invitarnos a pasar una prometedora tarde en la casa Jones. A duras penas, Alex rechazó la invitación y juntos nos adaptamos a la pasajera vida inglesa que nos deparaba.
El segundo día, con la tarde azorando el entorno y aburriendo cualquier actividad, mi amigo se había tomado la libertad de coger prestado uno de los sagrados paquetes de patatas de Tom, mientras que por mi parte y buscando alguna actividad con la que entretenerme, había estado mimando a Marvin en mi regazo.
El abandono repentino del gato y el golpe secó que retumbó por toda la casa cuando la puerta principal se cerró me advirtió de la llegada de mi hermanastro. Caminé con parsimonia hacía el salón, donde Alex había volteado su cabeza para observar al risueño rubio que entraba, con la funda de una guitarra colgando libremente de su hombro.
-Chicos –Nos llamó mientras depositaba la funda negra en el suelo, junto al perchero -. Una amiga me ha invitado a una merienda de aniversario –Rodó los ojos mientras su hoyuelo aparecía -.Y les hemos hablado de vosotros. ¿Os apetece veniros?
Crucé una rápida mirada indecisa con mi amigo, quién me advirtió de su inseguridad y vergüenza. Reí por lo bajo.
-¿Estamos invitados? –Tom asintió con seguridad.Ladeé mi cabeza hacía Alex impetuosamente, con una mirada exigente -. Está bien. ¿Te vienes Alex?
-¿Seguro que estamos invitados? Bueno, está bien… -Acabo aceptando mientras depositaba las patatas en el sofá. Tom lanzó una mirada de auxilio al paquete, pero apretó los labios disimulando con una sonrisa -. ¿Vamos a Londres capital?
Una sonrisa nerviosa e apoderó del rostro de mi amigo, mientras avanzaba con rapidez hacía la puerta. Su cabello acabado en punta se tambaleaba a cada paso, de una forma aliciente. Miré a mi hermanastro con picardía, y le sonreí con dulzura mientras me acercaba a él.
-Perdónale por las patatas. Aún no sabe el poder que tienes sobre ellas.
-Esta vez le perdono la vida. Pero mis patatas y yo tenemos una alianza muy firme que nadie puede osar romper.
Carcajeé sin disimulo y caminé hasta la puerta. Una fina neblina oscurecía las calles húmedas, emborrando el mini azul que descansaba encima de la acera, enfrente de la casa de los Fletcher. Sonreí al ver al auto, evocando pasados recuerdos, y con una sonrisa dibujada en la comisura, caminé hacía el vehículo.
No conocía de nada a la chica que celebrara su aniversario de pareja, según me informó Tom. Me aseguró que la habían conocido después de mi marcha y que celebrara discretamente sus cuatro meses con su pareja, de la cual no me facilitó el nombre. Acabé conformándome sin saber el nombre de la muchacha, y junto a mi gran amigo y hermanastro, me acerqué a la gran ciudad bañada de niebla.
Me esperaba una chica cualquiera, con una casa cualquiera y un jardín como los otros. Con sus ventanales y su garaje, pero cuando el mini se paró enfrente de la ancha acera, un revuelco en el corazón me hizo sentir insignificante al ver el paisaje de la gran casa que descansaba enfrente mía.
Se trataba de un hogar un poco minúsculo a una mansión. Tenía grandes ventanales, un techo firme y sin un rasguño y una piscina cristalizada que a pesar de estar entrando en invierno, rebosaba de un azul que tentaba a zambullirse.
Anduve arrinconada al hombro de Alex, ruborizada mientras intercambiábamos comentarios en español, ajenos a cualquier oído curioso. Se oía el bullicio dentro de la casa, unas voces tranquilas pero fuertes, que avisaban de la poca gente que residía dentro.
-Tom, hubieras podido avisarme de que se trataba de una chica de clase más alta y hubiera tratado de adecentarme un poco más –Le reproché con una mirada cargada de nerviosismo.
-No te preocupes. Es buena chica, un poco altiva y egocéntrica pero supongo que te caerá bien –Apartó rápidamente sus ojos de mí, advirtiéndome de la duda que residía en ellos.
Una vez llegamos al umbral, Alex tuvo los honores de llamar al timbre. Recurrió de varios golpecitos seguidos para hacerse oír, y tras segundos de de espera, la gran puerta de madera se abrió.
Una joven chica abrió la puerta. Unos entrecerrados pero grandes ojos azules resaltaron en su rostro moreno, adornado por una espesa cabellera pelirroja y ondulante que caía libremente por sus hombros. Una sonrisa blanca y sin distorsiones adornaba su rostro, junto a unas delgadas cejas rojas oscuras. Aquella esbelta y bien formada figura de la chica anonadó a mi amigo, quien apretó con firmeza mi muñeca. Sonreí al ver a la desconocida, pero me mantuve callada esperando que hablara mi amigo.
-¡Tom! –Dijo risueña la chica mientras se volvía a un lado -. ¡Pasad, pasad! Ya están todos aquí. No somos muchos, pero solamente faltabais vosotros.
-Sentimos tardar, Jessi –Murmuró Tom mientras me hacía avanzar con delicadeza, agarrándome de la espalda -. Te presento a Evelyn, mi hermanastra, y su amigo Alex.
La gran sonrisa de la morena amainó un poco y me examinó primeramente con cautela. Sus ojos analizaron mi cuerpo y rostro, al igual que hice yo, y después de un momento adusto, las sonrisas volvieron a aparecer en nuestro rostro. Se acercó a mi y me plantó un beso en la mejilla.
-Oh, que honor conocerte por fin –Comentó con tranquila alegría -. Todos me han hablado mucho de ti desde que les conozco… y por fin y tengo a la mismísima Evelyn delante mía. ¡Encantada! Yo soy Jessica, la…
-¡¡Eve!! –Gritó una voz detrás de Jessica, y los cuatros nos giramos para ver al causante de pronunciar mi nombre. Un Dougie sonriente y de un corto flequillo rubio oscuro caminaba hacía nosotros -. ¡Por fin te veo! ¿Dónde te metiste ayer?
-Hola, Dougie –Se adelantó a contestar Alex por mi parte -. Eve y yo estuvimos deshaciendo maletas.
-Oh, ya veo. Veo que ya conocéis a Jessica –Frunció levemente el ceño, inseguro, pero sin apartar la sonrisa de su rostro -. Con permiso, os la robo un momento. Sé de unas amigas suyas que se mueren por verla de nuevo.
-Está bien, claro que sí –Aceptó Tom encogiéndose de hombros -. Yo me haré cargo de presentarle a Alex a todos nuestros amigos.
Asentí, al igual que mi amigo, y con una sonrisa me despedí de Jessica y me dejaba arrastrar por mi mejor amiga. Mi interior se alegró entero, y un sentimiento de comodidad me hizo sentirme de nuevo en casa.
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