En aquella fiesta había más gente de la que me hubiera imaginado. Se suponía que era una celebración de aniversario de cuatro meses, no una fiesta de cumpleaños.
Dougie me escabulló entre hombros y espaldas, estirando de mi con una mano y dejando que me llevara a donde él quería. La música sonaba tenuemente, apenas audible y menos entre el ensordecedor oído del bullicio que lo originaban conversaciones y conversaciones.
-¿Dónde me llevas, Doug?
No recurrió a contestarme. Cerca de mí y superando el ensordecedor ruido de las voces, unos gritos resonaron por toda la sala, enmudeciendo al personal. Noté las miradas que se giraban para observarme, enrojecí hasta las orejas y me volvía hacía donde procedía el grito.
El corazón me dio un revuelco cuando, a través de la gente y echando vehementemente hacía a un lado, varias figuras con ligeros vestidos se acercaban a grandes zancadas. Oteé sus caras, plagadas de alegría e incredulidad, y respondí a su chillido con un grito más. Sin poder esperar a que se acercaran, corrí hacía las chicas que intentaban avanzar entre la multitud.
-¡¡Evelyn!! –Noté como unos delgados brazos me rodeaban el cuello con presión, y una dulce voz me gritaba al oído -. Dios mío, ¡ya era hora de que regresaras!
Sonreí contra su pelirrojo cabello, e impaciente e impotente, la miré con cariño. Katherine me sonreí a más no poder, analizando todo mi rostro. Miré por encima de su hombro, y mi mirada se encontró con los castaños que tanto conocía y apreciaba de mi mejor amiga. Brooke, mirándome con inmensa nostalgia, logró separarme de Kat y se abalanzó hacía mí con un grito ahogado de alegría.
-¡Por fin! –Gritó abrazándome con fuerza, con mayor presión que la de la pelirroja -. ¡No quiero que vuelvas a dejarme sola! ¿Entendido? –Asentí aún contra su pelo. Para mi sorpresa e incredulidad, noté la convulsión de sus hombros, y de repente, su pecho comenzó a gimotear -. Yo… te he echado mucho de menos.
-Brooke… -Susurré mientras correspondía a su abrazo -. ¿Estás… llorando?
-¿Qué dices? –De repente, se separó bruscamente de mi, dándome la espalda -. No lloraría por verte, jamás. Es simplemente…
No pudo decir nada más. Tan pronto como intentaba disimular sus ya perfectamente divisibles lágrimas y ojos rojos, sus palabras se rompieron con un llanto acusador. Fui hacía ella y la abracé por encima de su cabeza agachada. El bullicio de voces había vuelto a aparecer y poca gente ya nos prestaba atención.
Y en aquel momento, mi abrazo se vio rodeado de unos delgados pero fuertes brazos más que intentaban aferrar mi cuerpo y el de Brooke. Mi amiga ni se inmutó, pero automáticamente despegué mi rostro del rubio cabello de Brooke para ver al propietario de los brazos que me abrazaban. Para mayor aún mi sorpresa, unos marrones-verdosos ojos enrojecidos me observaban con melancolía y una sonrisa débil en los labios. Su cabellera castaña era más corta que la última vez, pero más lisa aún y se posaba delicadamente por sus hombros.
Holly me observaba ruborizada. Sus suaves mejillas se habían sonrojado y un brillo de alegría resaltaba en sus ojos. Por una vez, llegué a suponer que el corazón de Holly se había ablandado y rebosaba aquella vez de buenos sentimientos. Pero fue su ceño forzadamente fruncido y su sarcástico resentimiento lo que me negaron aquella teoría.
-¿No podrías haberte molestado para vernos antes? –Me dio un suave golpe en el hombro -. Llegamos a la conclusión de que no querías vernos, de que tal vez te hubieras hecho demasiado engreída.
Carcajeé. La pequeña cabecita de Brooke se asomó por mi hombro, descubriéndose en los ojos de Holly que seguía abrazándome.
Unos golpes en el suelo de madera me advirtieron de una presencia más. Los demás no parecían percatarse, pero como si los pasos que se acercaran me llamaran, me puse de cuclillas y observé, por encima del hombro de Holly, la esbelta figura que se acercaba, aferrándose firmemente las manos.
Giovanna Fletcher se acercaba con una mirada llena de vergüenza pero una sonrisa hermosa en los labios, delatando su felicidad. Tenía los ojos achinados y su cabello castaño disfrutaba de mayores rulos que nunca. Un ligero vestido blanco que llegaba hasta las rodillas. Su altura había crecido varios centímetros gracias a los tacones, y se mostraba más preciosa que nunca. Con una sonrisa de modo de saludo, le sonreí mientras recordaba que aquella era mi cuñada… ¿postiza?
Logré separarme de las chicas, dejando a Brooke aún en lloros y rodeada por el apoyo de su castaña amiga. Caminé hasta Gio, quien comenzó a caminar hacía mí y me dio un corto pero efectivo abrazo.
-Nos tuviste a Tom y a mí ausentes durante mucho tiempo –Me dijo mientras se separaba de mí. Sus grandes ojos brillaban acristalados -. ¿De verdad eres su hermanastra y no su hermana de sangre natural?
Carcajeé suavemente. Giovanna me sonrió de forma tierna. Sus ojos observaron por encima de mi hombros, se frotó los ojos y dijo con impasibilidad:
-Oh, por fin os encontramos.
Me volví sobre mis talones, y para mi sorpresa y con un revuelco del corazón, mis ojos se encontraron con cuatro iris de azul resaltante. Danny y Harry avanzaban con paso firme. El pecoso se separó de sus amigo sin decir nada y caminó hasta su novio, la cual respondió a su saludo con un beso, abrazándolo de modo de apoyo mientras la rubia escondía de nuevo su rostro en su camisa azul medio desabrochada, revolviéndola y arrugándola. Jones amplió su sonrisa, desvelando sus sentimientos hacía ella.
Y, avanzando entre los invitados, sereno y firme y con una camisa blanca perfectamente abrochada, Harry se acercaba con lentitud hacía nosotras. Su mirada penetrante se mantenía puesta en la mía, impasible, intacta. Sus pasos se detuvieron a escasos metros míos, junto a la pelirroja cabellera de Katherine.
-Creo que me voy a buscar a Cole –Musitó Kat, y en un abrir y cerrar de ojos desapareció ocultada por la cantidad de hombros.
-Holly, ¿nos vamos? –Preguntó la voz de Dougie, detrás del batería. Sus cejas se arcaron mirándome con obviedad.
-Pero Doug, sab… -Intentó decir su novia, pero el bajista la cayó con un rápido beso mientras la estiraba cogida de la mano.
-¿Te vienes a buscar a Tom, Gio?
La castaña, a mi lado, asintió energéticamente y haciendo saltar como pequeñas ranas sus vivos rulos. Se despidió de mi con un guiño pícaro, fuera de la vista de Harry y desapareció por detrás de él.
Silencio.
Mis ojos recurrieron a la necesidad de romper la conexión visual con el batería. Sus ojos azules intensos seguían observándome, quieto, impenetrable, y a cierta distancia considerable. Esperaba cualquier reacción suya, cualquier movimiento o pregunta que había estado deseando todos aquellos meses, pero tranquilamente y muy despacio, sus mocasines se acercaron a mí.
-Se han alegrado de verme –Musité disimuladamente, observando detrás de él. Harry simplemente asintió -. No sabía que iban a ir todos tan bien arreglados –Estiré los brazos mientras observaba con despecho mi ropa -. Doy pena vistiendo así y aquí.
-Vas preci… -Dijo débilmente. Levanté la mirada con sorpresa, pero sus labios se sellaron ruborizados -. Vas bien.
-Entonces… -Desvié la mirada, nerviosa -. ¿De quién es el aniversario? No conocía a Jessica. Resulta muy agradable.
-¿La conoces? –Avanzó un paso hacía mí, con el ceño fruncido levemente -. ¿No te importa?
-¿Importarme el qué? –Mis ojos se posaron con los suyos. Por primera vez, algo se removió en mi interior, y aquella vez no era de nerviosismo y mariposas, sino de prejuicio -. ¿Qué ocurre, Harry?
Resopló, nervioso, desviando sus ojos azules hacía el techo. Se revolvió el cabello con nerviosismo, mientras parecía reflexionar. Un nudo en el estómago se me formó, azorada.
-Como te digo yo esto –Suspiró mientras me aferraba con firmeza del antebrazo y me arrastraba hacía uno de los rincones lóbregos, alejados del murmullo -. Verás… llevas medio año fuera. Ha pasado mucho tiempo. Tal vez no tanto, pero te aseguro que se me ha hecho muy eterno. Y yo… bueno, no tenía conf… o sea, ¡si tenía! Pero dudaba de que…
-Harry, tranquilízate –Le dije sonriendo forzadamente. Miré a mi alrededor, fuera de miradas curiosas, y con un susurro le volví a preguntar: -. ¿Qué ocurre?
-Jesssica. Hoy es su aniversario; 4 meses –Tragó saliva de forma muy sonora -. Verás… creía que te fuiste sin contestarme porque no querías rechazarme. Creía que no regresarías, que tal vez tu no sintieras nada por mi –Mis ojos se perdieron en los suyos, desolados -. Entonces conocí a Jessica.
Boquiabierta, desvié los ojos de los suyos, incrédula. «No tiene importancia» me susurré mentalmente «Él es libre, él no tenía porque esperarte. Al fin y al cabo, fuiste tú quien te fuiste dejándolo en la duda. Debes alegrarte por su relación»
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