La pregunta que me comería la cabeza todo el próximo día llegó a mi al caer la noche. ¿Y por qué Tom no me ayudaba ni me prestaba su compañía aunque fuera en mi primer día? Un punto para él; ya sabía yo que no podía ser tan perfecto.
Me encerré en mi habitación cuando hube acabado de cenar y entré rápidamente al Messenger, para ver si Mr. Lizard estaba conectado. Necesitaba volver a las rutinarias conversaciones que solíamos tener, y tenía que soltarle todo mi paripé a él, la única persona que aguantaba escucharme.
Desgraciadamente, su icono estaba en gris; desconectado.
Suspiré y cerré la tapa del ordenador. Lo dejé debajo de la cama, e intentando olvidar los comecocos que me rondarían el próximo día, procuré conciliar el sueño. Por fin lo conseguí al cabo de quizás medía hora, cuando una suave melodía de las gotas de la fina llovizna estampándose contra el cristal y el sonido de las manecillas de mi despertados, que sonaban como piedras caerse por un alto precipicio se juntaban, haciendo que mis músculos se relajaran y acabara durmiéndome.
...
-Vamos Evelyn, despierta. No te doy cinco minutos más.
-Ya vooooooooooooy. –Musité mientras me giraba y escondía mi rostro en la almohada. No distinguí la voz.
-Si no te levantas ya, llegarás tarde. Tom ya está vestido y preparado.
A refunfuñones, abandoné la cama con pesadumbre y saqué lo primero que encontré en mi armario. Me vestí sin pararme a decentarme como era correcto para el primer día, y salí con mis moños de loca y mi cara de zombie a la cocina. Apenas era de día, y la luz de las farolas entraba por la ventana.
Todo parecía triste y frío.
-Buenos días, hermanastra. –Tom me dio un golpe en la espalda, lo que hizo que me atragantara con la leche. –Tienes que ir acostumbrándote a estas mañanas.
No le contesté. Me bebí mi vaso lentamente, y aún con la pereza sobre mis pies, me encerré en el baño. Me peiné, y me eché un poco de agua fría en la cara. Perfecto. Mis sentidos aún dormidos, despertaron y me espabilaron.
Con un poco más de entusiasmo, metí todos mis libros en la mochila y me encaminé hacía el recibidor. Allí, papá y Tom ya esperaban.
-Mañana te despertarás más pronto.. ¡reza para que lleguéis a hora! –Protestó papá mientras corría hacía el coche, seguido por nosotros quienes nos resguardábamos de la lluvia.
-Te he metido algo de dinero en la bolsa, por si te quieres comprar algo. –Me gritó James desde el coche mientras corría junto a Tom hacía las puertas principales.
Un gran edificio blanco se situaba delante nuestra, con largas escaleras. Entre la calle y el edificio, se extendía un gran campus verde, pero esta vez algo azulado debido a la lluvia. Gracias a Dios aún no había sonado la alarma de entrada, y la gente aún deambulaba por este, haciendo que cientos de paraguas de todos colores resaltaran. Seguí a Tom, perdida y sin saber que hacer o donde ir.
-¡Tom! ¿Cómo es que has llegado tan tarde hoy? –Preguntó de golpe una voz masculina a mi derecha, lo que hizo que perdiera la vista de la gente y la centrara en él.
Un chico castaño con mechas rubias y deslumbrantes ojos azules se situaba al lado de Tom. Vestía una sudadera oscura, con la capucha puesta y sin paraguas, lo que hacía que algunas gotas de agua se deslizaran por su cara. Instantáneamente me anonadé de él. Era realmente guapo.
-Oh, échale la culpa a mi nueva hermanastra. –Se giró hacía mi con una sonrisa, lo que hizo que cerrara mi boca. –Esta es Eve.
-Me comentaste algo de tu nuevo padrastro. –Me posó una mano mientras no despegaba mis ojos de los suyos. –Soy Harry, encantada.
-Igualmente. –Tragué saliva al final, pues mi garganta se había secado.
-¿Dónde están los demás?
-Danny y Dougie han ido a buscar a Broke. La pobre está de muy mal humor hoy.
-¿Por?
-A saber. Esa chica es un misterio. –Enseñó su dentadura. Muerte súbita para mi, y más aún, cuando volvió a mirarme.
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