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martes, 10 de enero de 2012

4.Una taza de té para el primer día.

Debbie escondió su mirada con la mano, tapándose los ojos por la vergüenza. Nadie contesto, y gracias al silencio que se había formado, oí como unos pasos se acercaban a donde nosotros estábamos. Miré por las puertas que tenía alcance de ver, esperando encontrarme a alguien, pero la voz resurgió de detrás mía.

-¿Me has oído?

Me giré para ver aquella voz varonil, y un chico un poco más alto que yo, y seguramente de más edad estaba en el umbral de puerta, seguramente el de la cocina. Tenía la cara un poco ovalada, regordeta y presumía de unos labios color rosa que conjuntaban perfectamente con su blanca piel. Tenia un suave y brillante pelo rubio, con flequillo y unas cejas castañas. Parecía el típico chico que no se desprendía de su madre.

-Ups. –Musitó mordiéndose los labios. –No me acordaba de que había visita…
-No pasa nada, olvidamos tu grito. –Su madre rió, mientras le hacía señales de que se acercara. –Evelyn, te presento a mi otro hijo, Tom. Irá a la universidad contigo.
-¿Cuántos años tienes? –Pregunté con curiosidad.
-Veinte. –Me sonrió, y descubrí un hoyuelo en su parte derecha del labio. –Encantado.

Silencio.
Aquello era incómodo. Todos intercambiábamos miradas irritantes, sin saber que hacer o decir. Miraba mayoritariamente a papá, hasta que de pronto, la campanita del timbre nos salvó.

-Oh, ya han venido a por mi. –Aportó Tom, dándole un suave beso en la mejilla a su madre y corriendo hacía el pasillo. Cuando volvió a aparecer, sostenía una funda de guitarra eléctrica. –Luego nos vemos. –Se despidió de papá y de mi, y corrió a abrir la puerta.

Un grupo de tres chicos esperaba en el umbral, mientras compartían varias risas. También pude ver que dos de ellos tenían funda de instrumentos, pero me quedé allí. Tan pronto como intenté ver más, Tom cerró la puerta tras de si.

-¿Qué os parece si hago unas tazas de té? –Propuso Debbie mientras daba una palmada al aire. –No nos vamos a quedar toda la tarde aquí plantados.
-Me parece bien. –Dijo James, mientras empezaba a caminar junto a ella y le depositaba un beso.

Me quedé anonadada. ¿Había visto bien? No podía creer que habían hecho aquello con tanta… naturalidad. Mientras desaparecían por la puerta de donde había aparecido Tom, miré a la tal Carrie. Al parecer, ella también había entrado de shock. Me miró incrédula, y ambas nos echamos a reír.

-Tendremos que acostumbrarnos. –Habló mientras se dirigía a la puerta.

Solté las últimas carcajadas perdidas, y recordando el repentino momento, fui la última en entrar. Vi como Debbie había echado en cuatro tazas el líquido marrón claro, y como James había reemprendido una conversación con la niña, intentando conocerla mejor.
Me senté al lado de Carrie, mientras delante se acoplaban papá y su novia.
Arrastré mi taza hacía mí, y vi como un denso y esponjoso humo se escapaba hacía el techo, como si de medusas se tratara. Soplé con cuidado, callada y ensimismada. Aquella iba a ser una nueva vida, de modo que tendría que plantearme varias cosas.

Nos quedamos hasta que anocheció allí, en la cocina, mientras entre nosotros nos intentábamos conocer mejor.
Al parecer iba a comenzar las clases en dos días, y papá nos llevaría en coche a Tom y a mi ha Londres, pues su nuevo puesto de trabajo le venía de camino. Comeríamos en el comedor, y cuando regresáramos a casa, esta vez nos recogería Debbie.
Acepté el horario, mientras metía mi taza y cuchara en el fregadero y me dirigía a mi habitación. Pude oír la puerta principal, y pronto la voz dulce de Tom. A él no le conocía muy bien, pero imaginé que sería una persona tan bondadosa y buena persona como su hermana y madre.
Me encerré en mi habitación y fui hasta mi ventana para cerrarla. Miré a través, y pude ver como una suave llovizna salpicaba la ventana.
Me dejé caer en la cama, con los brazos entendidos mientras repasaba el día. Primer día en Harrow, bien. ¿Cómo sería el próximo?

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