Dejé la maleta en el recibidor, mientras observaba el techo alto y las paredes color caramelo. Parecían tener sus años, pero aún así, la estancia me enamoró
-Ven Eve, te llevo hasta tu nueva habitación. –Dijo mientras se adentraba en largo pasillo
Volví a coger la maleta y me apresuré por no perderla de vista. Observaba las habitaciones por las que pasaba, aunque la mayoría estaban cerradas. Pronto se paró enfrente de una puerta, y con la mano me indicó que entrara primero.
Una vez entré, vi que era una pequeña pero espaciosa habitación. Tenía las paredes pintadas co un púrpura desgastado, y una pequeña y baja cama se encontraba al fondo, a la derecha. También tenía una pequeña mesa de escritorio, con lapiceros y algunos libros de lectura sobre esta. También, a otra esquina, había un pequeño armario, pero que me era perfecto, pues en mi maleta no había mucha ropa. Tenía una pequeña ventana arriba del escritorio, con la persiana corrida, pero que dejaba entrar la suficiente luz como para que en el cuarto se reflejara los rayos de sol que lograban entrar.
-Es algo pequeño, pero se duerme bien. –Entré y dejé la maleta al lado del armario. –Puedes decorarla a tu gusto, ahora es toda tuya.
-Gracias. –Le dije con sinceridad, y mientras me dedicaba una sonrisa, cerró la puerta, proporcionándome privacidad.
Suspiré y me senté en el suelo, abriendo mi maleta y sacando las cosas. Dejé toda la ropa sobre la cama, pues ya lo ordenaría y guardaría luego. Cogí con cuidado mi cámara réflex, la dejé también sobre la colcha. Observé mi portátil, y con la esperanza de poder seguir manteniendo comunicación con Mr.Lizard, lo deposité en mis piernas cruzadas y lo encendí.
Esperé a que se cargara, y cuando por fin lo hice, deslicé rápidamente el dedo hacía la imagen de redes inalámbricas. Buscó durante varios segundos interminables, y por una vez, la suerte me acompañaba; una red, sin mucha señal, aparecía, y no llevaba clave.
Cerré la tapa, con una sonrisa de felicidad y dejé descansar el ordenador sobre la mesita de noche. Luego cogí las fotos que tenía de mamá, de España, y comencé a ponerlas sobre la mesita de noche y en el armario.
Sin duda iba a darle un pequeño cambio a la habitación en cuanto pudiera.
Oí varios golpes secos en la puerta, de modo que me giré y vi como la manilla de la puerta bajaba hacía abajo mientras se abría. Era papá. Entró a la habitación, cerrando entre sí la puerta y observando cada mueble de esta. Parecía feliz… pero feliz de verdad.
-Es una bonita habitación. –Opinó, posando sus ojos sobre mi. –Ven, quiero presentarte a los hijos de Debbie.
-Papá, -se giró.-¿son amables?
-Parecen bastantes afables. –Me estiró su mano, haciendo que la cogiera con nerviosismo y me dejará llevar.
Recorrimos el anterior pasillo por el que había venido, y llegamos de nuevo al salón. La primera en la que me fijé fue Debbie, quien conversaba animadamente con una niña bastante bajita que ella, con rulos rubios y con una semejanza parecida a la suya. Me paré enfrente suya cuando James lo hizo, y pude observarla con mas detalle; realmente era bonita.
-Oh, presentaciones. –Debbie carcajeó. –Evelyn, te presento a mi hija Carrie. Tiene trece años.
Me acerqué a ella para darle dos besos, pero gracias a mi ignorancia, olvidaba que en Reino Unido no se solían dar los dos besos. Como es lógico, la niña se quedó desconcertada, por lo que me aparté rápidamente y me cogí brazo de papá, muerta de vergüenza.
-En España se suele dar dos besos al conocer a alguien. –Aclaró papá, encubriéndome.
La niña rió, entendiendo. Yo solamente me limité a sonreírle, y pronto recordé que papá me había dicho la noche anterior que no solo iba a tener una hermanastra. Miré a mi entorno, con el ceño fruncido, esperando ver a otro miembro de la familia.
Silencio incómodo, hasta que de pronto…
-MAMÁ, ¿DÓNDE ESTÁN MIS PATATAAAAAAAAAAAS?
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