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domingo, 22 de enero de 2012

12.¿Un nuevo amigo?

Las otras clases transcurrieron como las demás. Yo era la nueva, y aquello hacía que todos los ojos de las grandes salas me perforaran. Los notaba como latigazos.
Pronto llegó la hora de comer, y ya me esperaba lo que iba a ocurrir. Seguí a la muchedumbre hasta que una espaciosa sala, con muchas mesas y alumnos ya sentados comían. Me paré en un lado, mirando cada mesa.
Al cabo de unos segundos, diferencié la cabellera rubia de Tom, el pelo planchado de Danny y la cresta y mechas de Harry. Inspeccioné a sus amigos; Al lado de mi hermanastro, una chica de pelo rizado y castaño se sentaba y conversaba con él. Reían mientras ignoraban a los demás. ¿sería ella la famosa Giovanna?
Entre Harry y Danny, una chica rubia a quien le llegaba el cabello hasta los hombros y parecía tenerlo perfectamente liso, rebuscaba algo en su bocata. Al lado de Harry, había otra chica sentada encima de la mesa y quien parecía repugnarle el mundo. Sujetaba solamente su bocadillo con ambos dedos, como si intentara tocarlo lo más mínimo. Lucía ropa de marca, y sí, la primera impresión que me lleve de ella fue Pija.
Y lo que si que me desconcertó y me hizo dudar, fue la persona que había al lado de la pija. El chico rubio de Historia, el engreído y maleducado, parecía abstenerse de los demás. Me fijé en él varios segundos. ¿Cómo era posible que fuera amigo de Tom? Tal vez era uno de los miembros de la banda de Tom, pues según me había informado James eran cuatro y en aquella mesa estaban justo.
Despegué mis ojos de él y me fijé en la última chica. Una pelirroja y bastante sonriente parecía mantener una conversación con todos.
Suspiré melancólica.
No iba a presentarme allí como una acoplada, no. Hubiera sido vergonzoso, así que busqué alguna mesa libre. Solamente divisé una y me encaminé rápidamente hacia ella. Me senté en el medio, aprovechando el espacio, y comencé a comer en silencio, observando a los demás.
De vez en cuando me encontraba con alguna mirada de asco de algún o alguna estudiante, lo que hacía que fijara mi vista en la mesa y aguantara mi sensibilidad. Aquello estaba resultando horrible.

-Te he visto antes por los pasillos. –Una voz varonil sonó detrás mía. Un chico de pelo liso y un poco largo quien vestía un sueter canela se sentaba a mi lado. –No he podido presentarme antes; soy Cole.
-Evelyn. –Me quedé desconcertada, viendo como el chico de mi edad quizá me observaba como si nos conociéramos de siempre. -¿Te conozco?
-Oh no, pero tampoco ocurre nada si nos conocemos. –Mi cara adoptó impresión, por lo que él se dedicó a suprimir su sonrisa y suspirar. –Está bien. Se que es algo extraño que me siente, me presente y coma contigo como si no pasara nada, pero tengo un problema gordo y creo que tu podrías ayudarme.
-¿Yo ayudarte? Lo dudo. –Bajó su cabeza, pero decidí intentarlo. –Está bien, di.
-Me he enterado de que eres la nueva hermanastra de Tom Fletcher, y hay una amiga suya de su grupo que digamos… me interesa. –Dio media vuelta a su cabeza y miró a la mesa del rubio. –Es la pelirroja, la que está hablando en este momento con Harry Judd.
-¿La conoces? –Dudé de que pudiera ayudarle.
-No… bueno, una vez hice como si me chocara con ella. ¡Llevo intentando encontrármela meses, pero siempre fallo! Ni siquiera se como se llama.
-Yo solamente conozco a Harry y Danny de los amigos de Tom. Los otros no tengo ni idea de quienes son.
-Pero tal vez puedas pedirle a Fletcher que te los presentes, o te acople… o solo que nos presente. Eres mi última esperanza.
-No se si lo podré hacer. –Hizo una mueca de desesperación. –Si no lo logro, tampoco estaría mal que te presentaras a ella. Parece agradable.
-Lo es. –Sonrió tontamente. –Lo poco que he oído de su voz y risa fue… Increíble.

Reí por la cara que adopto. Realmente el nuevo desconocido llamado Cole parecía encaprichado con dicha chica, pero totalmente incapaz de saludarla o siquiera hablarle.
Agradecí su atrevida aparición. A pesar de que no hicimos mucha amistad, me contó varias cosas de él y su “perfecta” desconocida. También tengo que admitir que no me amargó tanto como parecía la hora de la comida, y al menos, tuve entretenimiento.


Las clases terminaron a las tres. Salí rápidamente del aula de ciencias mientras cerraba mi mochila por el camino. Salí del gran edificio y atravesando el campus, me senté en la acera, enfrente de la carretera esperando la llegada del dueño del hoyuelo.

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