-¿Qué tal el segundo día? –Preguntó Debbie mientras nos acercábamos a casa.
-Mejor que el de ayer. –Contesté, y miré agradecida a Tom. Este me sonrió.
-¿Y tú, Tom?
-Como todos los días. –Suspiró, pero parecía alegre. –Le he presentado a Eve todos mis amigos.
-¿Sí? –Pareció alegrarse. –Muy bien Tom. Ya creía que la ibas a ignorar.
El rubio rió. En un abrir y cerrar de ojos, el coche ya había parado delante de casa. Bajamos los tres, pero antes de que Tom y yo entráramos a casa, una voz me llamó a mis espaldas.
Me giré algo confusa, y lo que vi me desconcertó un poco. ¿Era Cole?
-¡Evelyn, espera! –Llegó hasta donde estábamos. –No sabes lo que me ha costado encontrar tu casa.
-¿Vives en Harrow? –Intenté encontrarle lógica.
-Sí, a dos manzanas de aquí. ¡Soy casi vecino de Tom Fletcher! –Miró a mi hermanastro, y una vez más le extendió la mano.
-Y bueno Cole… -Me toqueteé el pelo, intentando aguantar la risa. -¿Qué querías?
-Oh, sí. –Pareció dudar un poco de sus palabras. –Es sobre lo que te dije ayer… ahora tienes más posibilidades, y se que soy un pesado pero…
-¿Queréis que os deje hablar solos? –Tom dio un paso, preparándose para entrar a casa.
-¡No! –Cole pareció desesperado. –Quiero decir.. no hace falta. En realidad solo quería venir a saludar y que también supieras que somos casi vecinos.
-Oh, genial. –Le sonreí. -¿Qué tal si hablamos en otra ocasión? Me gustaría dejar mi mochila, -la levanté con una mano. –y descansar un poco.
-Claro. –Se despidió de ambos nosotros. –Hasta mañana entonces.
Espere a que se alejara un poco, y entonces seguí el paso de Tom. Me encerré una tarde más en mi habitación, y esperé a que el tiempo transcurriera todo lo rápido posible.
…
Pasaron varias semanas hasta que mis días se volvieron algo interesante. Era siempre lo mismo; clases, tonterías de los chicos, y encerrarse en el cuarto.
Salí del coche en compañía de Debbie. Durante aquel día, Tom no había dado señales de vida. Por la mañana, no le había visto levantarse, y no había aparecido por la universidad. Su madre me había informado de que había tenido que hacer cosas importantes durante aquel día, pero para él sería lo más importante del mundo cualquier cosa relacionada sobre música, Disney o patatas.
Entré una tarde más, cansada a casa. Tiré mi mochila a la silla, y en vez de dirigirme directamente hacía la habitación como solía hacer habitualmente, fui a la cocina a por un vaso de leche.
A mitad sorbo, algo me raspó la pierna. Tragué torpemente la leche, atragantándome y empezando a toser. Recuperé el aire, y cuando volví a la situación, deslicé mis ojos al suelo. Un gato color naranja brillante y tremendos ojos azules, me miraba con cara de cordero. Seguramente le había llamado la atención la leche.
-¿¡Pero qué…? –Intenté hablar, pero Tom me chistó para que no siguiera hablando desde la puerta.
Corrió hacía el pequeño gato, y con toda la suavidad del mundo, se lo llevó al pecho. Me quedé mirándoles, sin entender que hacía aquel felino allí, pero parecía el nuevo inquilino de la casa.
-Tom.. ¿Qué hace ese gato aquí?
-Me lo acabo de comprar hoy. –Sonrió ampliamente. –Me inventé la escusa de que tenía cosas que hacer para ir a comprarlo. Después de las clases, la tienda de mascotas cierra, de modo que no tenía tiempo. –Alzó en el aire al felino. -¿No es precioso?
-Sí, si que lo es pero… -Fruncí el ceño. -¿Debbie sabe que lo tienes?
-Bueno… aún no se lo he dicho. –Se puso un poco más serio. –Da igual, ya me lo acabará encontrando.
-Tom, acabas de colar en casa a un gato sin permiso de tu madre. ¿Y si no lo quiere?
-Sí lo querrá. –Volvió a sonreír. –Mamá es como yo. Adoramos a los gatos. –Le acarició el lomo. –Le he puesto Marvin.
-Es muy lindo. –Estiré el brazo para acariciar su pelaje. Realmente era suave y esponjoso, y a cada caricia soltaba un ronroneo. -¿Y dónde dormirá?
-En mi habitación. –Levanté una ceja. –Si, se que obro mal, pero que más da. Llevaba demasiado tiempo queriendo conseguir uno.
-Si, pero decía que no lo trajera por vosotros. Por si os molestaba, o algo por el estilo.
-Que va. –Reí. –A James también le gustan los animales. Prefiere los perros, pero acepta los gatos.
-Perfecto. –Alzó al gato. -¿Me acompañas a dejarlo en la habitación? He quedado con los chicos en casa de Giovanna. ¿Quieres venirte?
-¿Vive en Harrow?
-No, se a mudado hace poco a Londres, con su hermana Georgina. –Dejó a Marvin sobre la cama. –Vamos a pasar el fin de semana allí. ¿Te apetece venir?
-Está bien. –Sonreír agradecida. -¿Y si molesto? Tal vez no quepa en el coche, o tal vez…
-No empieces, Evelyn… -Me tapó la boca con la mano, haciéndome callar. Si fuera alguna de esas cosas, no te habría invitado.
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